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| 9/17/2011 12:00:00 AM

Fiebre de oro

Cuatro megaproyectos de minería de este metal auguran enormes ingresos para Colombia, pero si no se manejan bien, pueden tener graves impactos sociales y ambientales.

Con los mejores índices de seguridad y el precio del oro que en el último mes superó el récord de los 1.800 dólares la onza troy, Colombia está viviendo un nuevo Dorado. De ahí el afán de que arranquen pronto la etapa de explotación del metal cuatro megaproyectos en ciernes en Santander, Caldas, Tolima y Vaupés. No obstante, darles vía libre no es una decisión fácil para el gobierno, pues a la vez que los cuatro sumados son un motor medular de la locomotora minera y, por ende, de la economía nacional, también tienen delicadas implicaciones sociales y ambientales. Y de cómo resulte el debate sobre su aprobación o rechazo dependerá la definición del modelo de desarrollo al que le está apostando Colombia.

Los cuatro emprendimientos de las multinacionales AngloGold Ashanti, Eco Oro (antes GreyStar), Cosigo y Gran Colombia Gold-Medoro Resources son indispensables para cumplir su meta de aumentar la producción de oro de las 53 toneladas anuales de hoy a 72 en 2014. Este logro contribuirá a hacer reales los optimistas cálculos que, según la investigación 'La fiebre minera se apoderó a Colombia', de Ciperchile.cl, proyectan aumentar las exportaciones del sector minero-energético colombiano de 21.000 millones de dólares en 2010 a 54.000 millones en 2021.

Pero así como son enormes las expectativas económicas también lo son los peligros. Todos los proyectos están en lugares ambientalmente estratégicos, como páramos o bosques. De ahí que la pregunta clave que tendrán que responder las autoridades es si sus beneficios económicos compensarán el daño ambiental. Además, todavía no hay una respuesta sobre cómo se manejarán esos megaproyectos con las comunidades de mineros tradicionales, pueblos indígenas y afrodescendientes de donde se desarrollan. Sin claridad sobre estos interrogantes, el camino a El Dorado todavía está cuesta arriba.
 
El páramo de Santurbán, el agua o el oro
 
Empresa: Eco Oro, antes GreyStar (Canadá)
Lugar: Municipios Vetas y California, en Santander
Producción esperada a gran escala: 16 toneladas anuales por 15 años
 
El proyecto aurífero en el páramo de Santurbán simboliza el debate minero frente a la conservación ambiental. Fue tal la polémica por el impacto que este tendría para el agua de los Santanderes que GreyStar no solo retiró la propuesta, sino que se cambió de nombre: ahora es Eco Oro. Pero sigue latente la expectativa por extraer el metal. Según los primeros cálculos, se producirían 16 toneladas anuales.

Eco Oro anunció que solicitaría de nuevo la licencia ambiental para comenzar a operar en 2013 y agregó que iba a reformular su propuesta con el fin de no tocar el páramo. Sin embargo, no se conocen los detalles técnicos. Según dijeron voceros de la compañía a SEMANA, ahora están en proceso de “reformulación interna”. Y en ese marco nombraron presidenta a Anna Stylianides, en reemplazo de Rafael Nieto.

No es probable, sin embargo, que cese la polémica. Mientras a la lista de inversionistas se suman nombres como el del magnate italiano Carlo de Benedetti, también aumentan sus opositores. Los gobernadores de Santander, Horacio Serpa, y de Norte de Santander, William Villamizar, solicitaron permiso para realizar un referendo popular, y aunque el Tribunal Administrativo de Santander lo negó, dijeron que piensan apelar. El tema es central en el debate electoral y ya se anunciaron nuevas protestas.

La Colosa, minería vs. agricultura
 
Empresa: AngloGold Ashanti (Sudáfrica)
Lugar: Cajamarca, Tolima
Producción estimada a gran escala: 19 toneladas anuales por 20 años
 
La Colosa es el yacimiento más grande hallado en el mundo en los últimos diez años, ha dicho a los medios Rafael Hertz, el presidente de AngloGold Ashanti. Esta mina alberga reservas por 375 toneladas de oro y puede ser la fuente de 600 millones de dólares anuales en regalías para la región y para el país, un monto casi igual a los 647 millones de dólares que dejó en regalías toda la producción minera del país en 2010.

El proyecto, que según los planes de la compañía debería empezar explotación en 2018, tiene tres problemas ambientales. El primero es que está sobre 515 hectáreas de reserva forestal. Para la exploración, el Ministerio de Ambiente solo autorizó levantar la reserva en seis hectáreas, pero luego Cortolima (la CAR local) ordenó la suspensión de actividades por 27 meses en esa zona. El segundo es que, según los críticos, el proyecto consumiría 31 millones de metros cúbicos de agua cada año, y para Cortolima y los ambientalistas esto pondría en riesgo el abastecimiento de varias ciudades y del distrito de riego arrocero del Tolima. La empresa sostiene que solo tomaría el 1,5 por ciento del caudal de la cuenca del río Coello, que junto con el Bermellón son los principales ríos de la zona. El tercero es la posibilidad de que los lagos para contener el cianuro usado para extraer el oro no sean estables, y ante un terremoto, la erupción del volcán cercano o una inundación se desborde alguno y cause una tragedia, como sucedió en Rumania en 2000.

Marmato, un pueblo en veremos
 
Empresa: Gran Colombia Gold-Medoro Resources (Canadá)
Lugar: Marmato, Caldas
Producción esperada a gran escala: 10 toneladas anuales por 21 años
 
Marmato siempre ha sido un pueblo de mineros artesanales y por eso la entrada de Gran Colombia Gold despierta resistencia. La compañía canadiense (que adquirió a Medoro, que operaba en la zona) quiere montar allí una mina a cielo abierto de 1.200 hectáreas que le permitiría extraer, según sus cáculos, diez toneladas anuales de oro por 21 años.

Para que este proyecto sea realidad, el pueblo, de unos 9.000 habitantes, tendría que mudarse a otra parte. La multinacional ha dicho en todos los tonos que manejará la transición con responsabilidad y explica los millones de dólares que está invirtiendo allí en proyectos sociales, pero la gente tiene miedo de perder su vivienda y su trabajo. Además, hay un ingrediente ideológico y es que se oponen a que el Estado les entregue las riquezas de su subsuelo a empresas extranjeras.

El reciente asesinato de Reynel Restrepo, párroco de Marmato que venía liderando la resistencia a que se desarrollara el megaproyecto minero, ha tornado el asunto aún más espinoso. Unos días antes de caer abaleado, el sacerdote había sentenciado: “Si a mí me van a sacar de acá, tiene que ser a bala”.

Parque Yaigoje, minería en el pulmón del mundo

Empresa: Cosigo Resources (Canadá)
Lugar: Cerro de la Libertad, Vaupés, Amazonia
Permiso de exploración suspendido
 
Hace cuatro años, los indígenas del río Apaporis, en la Amazonia profunda, aceptaron que el Estado constituyera en su territorio un Parque Natural, pues temían no poder contener la fiebre minera que venía. No se equivocaron. Ingeominas, dos días después de esa declaratoria que prohíbe la minería, le dio a la compañía canadiense Cosigo un título en la zona.

Mientras que la mayoría de los indígenas quieren defender a toda costa un territorio que ellos consideran sagrado, otros apoyan a un colono, cercano a la empresa, que interpuso una tutela que podría tumbar la declaratoria de Parque. El caso está ante la Corte Constitucional.

Este sería el primer proyecto a gran escala que se realizaría en la Amazonia y que no se limita a Colombia, sino que busca explotar el Cinturón de Oro de Taraira, que llega hasta Brasil. Según Cosigo, “esta es una zona inexplorada que podría albergar multimillonarios depósitos de oro”. Pero por estar en pleno pulmón del mundo, por su biodiversidad y su importancia étnica, es muy difícil que la minería en el Parque Natural sea viable. La Procuraduría pidió la revocatoria del título y, en julio pasado, Ingeominas, aunque no lo revocó, ordenó el cese de actividades mineras en el parque. Cosigo apeló esa decisión y está pendiente del fallo de tutela en la Corte.
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