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| 3/24/1997 12:00:00 AM

FIN DEL DRAMA

La reaparición de Jaime Michelsen revive la historia del empresariomás exitoso y controvertido de la década de los 70.

El lunes 17 de febrero, en la tarde, el operador telefónico de la línea caliente de la Dijin recibió una llamada inusual. "Jaime Michelsen está gravemente enfermo en la Clínica del Country. Si van allá ahorita lo encuentran". El operador informó a sus superiores, quienes decidieron, después de estudiar la información, enviar unapatrulla al día siguiente al hospital mencionado. Varios de sus miembros comenzaron a registrar habitación por habitación para tratar de hallar a Michelsen. Una hora después de haber iniciado la revisión lo encontraron convaleciente en la unidad de cuidados intensivos. "Se encontraba acostado en la cama, con los ojos cerrados, y le estaban aplicando suero por vía intravenosa. En la habitación no estaba ninguno de sus familiares", dijo a SEMANA una de las personas que estuvo presente durante el operativo. Al parecer el ex banquero acababa de ser sometido a una intervención quirúrgica.Rápidamente se pudo establecer que Michelsen Uribe había llegado a la clínica a comienzos de febrero y se había registrado bajo una identidad falsa, con el nombre de Humberto Arbeláez. En las casi tres semanas que había pasado en la clínica, más de 14 días había estado inconsciente como consecuencia de un agudo cáncer en el estómago y en el esófago que lo aflige desde hace cerca de tres años. Debido a la enfermedad el Juzgado 5º de ejecución de penas de Bogotá decidió suspender provisionalmente la ejecución de la sentencia condenatoria que pesaba en su contra. Michelsen, cabeza visible del desaparecido Grupo Grancolombiano, había sido beneficiado por un fallo de tutela emitido el pasado 9 de diciembre por la Corte Constitucional, que le reconocía el derecho a la libertad provisional. La juez 5ª, encargada del caso, Leonor Becerra de Camargo, acogiéndose a ese fallo se desplazó a la Clínica del Country y el 19 de febrero llevó a cabo la diligencia de verificar la gravedad de su enfermedad. En una escena surrealista, el hombre que hace apenas 15 años era el más poderoso de Colombia yacía semiinconsciente en medio de un grupo de médicos y funcionarios judiciales que discutían su estado de salud. Por primera vez en cinco años Jaime Michelsen no estaba en la clandestinidad.
Una vida en contexto
Con motivo de su reaparición en el escenario nacional vale la pena poner en contexto la vida y obra de este controvertido banquero, quien durante la década de los 70 fue simultáneamente el empresario más respetado y temido del país. La Colombia de su tiempo era muy diferente a la Colombia de hoy. Era un país cerrado, del cual se decía no había una sola fortuna de dimensión internacional. El concepto de grupo no existía. Fue Michelsen quien lo inventó al llamar Grupo Grancolombiano a una telaraña de sociedades que él había tejido audazmente alrededor del Banco de Colombia. Michelsen fue el primero en descubrir que la captación del ahorro del público daba mucho más que la simple actividad bancaria. Por cuenta de esta filosofía, en 1983 controlaba el 20 por ciento del sector financiero del país y a través de éste a 64 empresas. El Grupo abarcaba empresas como Diners, Cine Colombia, Simesa, Artecto, Computec, Cabot Colombiana y muchas otras. Un 20 por ciento del sector financiero es lo que controla hoy Luis Carlos Sarmiento Angulo, cuya fortuna se calcula en cerca de 2.000 millones de dólares.¿Cómo pudo formarse en poco más de una década este fenomenal imperio y cómo desapareció? La respuesta más simple sería decir que fue a través de los fondos de inversión. Estos habían sido creados en 1959, pero no fue sino cuando Michelsen entró en escena que se descubrió su verdadero potencial. Su grupo manejó dos: el Fondo de Inversión Bolivariano y el Grancolombiano. Estos eran como un barril en el cual los pequeños inversionistas depositaban sus ahorros y la sociedad administradora, manejada por Jaime Michelsen, los invertía, principalmente en acciones. El valor de los fondos dependía, por lo tanto, del valor de las acciones que estaban en su poder. En tres años los fondos del Grupo Grancolombiano pasaron de 90 millones de pesos a 4.000 millones. El promedio de rentabilidad era superior al 10 por ciento mensual y atraían a miles de inversionistas. Según Michelsen, esos altos precios reflejaban el crecimiento real de las empresas de su grupo. Según sus críticos, era una valorización manipulada por el mismo Michelsen para hacer atractiva al público la inversión en los fondos.Los problemas de Michelsen empezaron cuando comenzó a comprar empresas antioqueñas. Logró obtener el control de Cine Colombia y de Simesa, dos baluartes de la industria paisa. Su tercer blanco iba a ser la Nacional de Chocolates. Para ello invirtió dineros tanto de los fondos como de otras empresas financieras del Grupo. La acción subió rápidamente de 20 pesos a 85 y se hizo al control del 25 por ciento del total. En ese momento el gobierno, principalmente a través de la Comisión Nacional de Valores, presidida por Hernán Echavarría, decidió reglamentar los fondos. Estas medidas contra la especulación agresiva fueron el origen de la eventual caída de Jaime Michelsen.
La conspiración paisa
Hay quienes consideran que detrás de todo esto pudo existir un sentimiento de autodefensa de los antioqueños por la voracidad del Grupo. Esto se sustenta en el hecho de que varios de los protagonistas eran paisas. Además de Hernán Echavarría, también lo eran el ministro de Hacienda, Edgar Gutiérrez, así como Juan Camilo Restrepo, quien desde la Comisión de Valores jugó un papel clave. Los principales críticos desde la clase política eran William Jaramillo y Hernando Agudelo Villa. Todo esto sin mencionar que el propio presidente de la República, Belisario Betancur, era el primer presidente antioqueño en medio siglo.Esta coincidencia geográfica permite especular que los paisas no estaban dispuestos a dejar que Jaime Michelsen se tomara por la fuerza la industria de su departamento. Curiosamente fue en ese momento que nació el Sindicato Antioqueño. Para hacer imposible que se pudiera repetir lo que sucedió con Michelsen todas las grandes empresas se entrelazaron las unas a las otras para que ningún 'pirata' pudiera obtener una mayoría de las acciones de ninguna de ellas. El mecanismo funcionó y se tradujo en una nueva cultura corporativa cuya principal cabeza visible es hoy Nicanor Restrepo y cuyos resultados son en la actualidad el grupo económico más grande del país.Las nuevas medidas puestas en práctica por Hernán Echavarría incluían la prohibición de que los fondos tuvieran acciones en empresas financieras. Esto tenía por objeto evitar que Jaime Michelsen, quien alimentaba los fondos con sus propias empresas, pudiera valorizarlas artificialmente para impulsar su bola de nieve. Con esta prohibición el Grupo planteó una permuta entre los fondos de inversión y sus propias empresas. Se trataba de hacer un cruce para entregarle a los fondos las acciones de empresas industriales, principalmente de la Nacional de Chocolates, que estaban en manos del Grupo. A cambio, el Grupo recibiría las acciones de sus empresas financieras en manos de los fondos. La transacción se hizo por el valor en bolsa, lo que significa que los fondos compraron las acciones de la Nacional de Chocolates por un valor de 85 pesos la acción.
En ese momento la acción de la Nacional de Chocolates cayó vertiginosamente y llegó a 55 pesos. Michelsen compró para las empresas del Grupo Grancolombiano todas las acciones de la empresa. Es decir, compró en 55 lo que poco antes les había vendido en 85.Durante todos estos años la polémica se ha centrado en este punto: si la baja de las acciones fue deliberadamente manipulada por Michelsen o si fue el producto de las fuerzas del mercado. Michelsen alega que el factor que produjo la caída fue el pánico producido por las medidas de Hernán Echavarría. Esta explicación puede ser válida en parte, pero la explicación de fondo de todo el episodio es que los fondos de inversión no funcionan en países donde no hay mercado libre de capitales.
En 1980 el 67 por ciento de los movimientos en bolsa los hacía Jaime Michelsen. Eso significaba que las acciones no tenían bursatilidad, que es el término para describir el dinamismo espontáneo de la oferta y la demanda. En Colombia, cuando Jaime Michelsen compraba, los precios de las acciones subían, y cuando vendía los precios bajaban. Si a esto se suma que como presidente del Grupo Grancolombiano y administrador de los fondos tenía la doble condición de vendedor y comprador al tiempo, era inevitable lo que sucedió. Por cuenta de esta transacción los fondos perdieron 180 millones de pesos, equivalentes a lo que ganaron las empresas del Grupo. Esto fue considerado un escándalo y varias agencias del gobierno entraron en acción.A todas estas los inversionistas de los fondos, al ver la tendencia a la baja, comenzaron a pedir masivamente la devolución de su inversión. Para atender estos retiros Jaime Michelsen comenzó a endeudarse en grande. Obtuvo préstamos tanto de sus empresas financieras en Colombia como a través de la sucursal panameña. En los años 70 toda la banca colombiana había venido utilizando las filiales colombianas en Panamá para obtener créditos en dólares, que en esa época abundaban baratos como consecuencia de los petrodólares. Michelsen echó mano de cerca de 100 millones de dólares que su misma sucursal pidió prestados a sus corresponsales internacionales en ese país. Estos son los famosos autopréstamos, que eventualmente tumbaron a Jaime Michelsen.

Contra la pared
En octubre de 1982 el gobierno de Belisario Betancur decidió convertir en delito este tipo de préstamos con pena de cárcel de dos a seis años. Esto se hizo a través del decreto 2920, que le daba dos años de plazo a quienes estuvieran en esta situación para corregirla pagando todas las deudas. Michelsen quedó contra la pared. La existencia de su Grupo se basaba en la estructura que acababan de volver ilegal. Si cancelaba todas las deudas perdería el control del conglomerado más importante de Colombia en ese momento. Proporciones guardadas, era como si a una persona que compró un apartamento con Upac a 20 años la obligaran a pagar la totalidad de la deuda en dos. Tendría que vender el inmueble y quedarse sin nada.
Moviendo grandes recursos en dólares, a través de 13 compañías de papel, siguió en su espiral de endeudamiento en la espera de una interpretación jurídica favorable que le cambiara las reglas del juego. Esta nunca se presentó y el gobierno de Belisario Betancur le quitó a la brava el control del banco, lo cual lo llevó a abandonar el país el primero de enero de 1983 y residenciarse en Panamá. Durante su estadía en ese país las 'maromas' financieras que había hecho antes de irse fueron calificadas como autopréstamos y lo condujeron eventualmente a una condena de 30 meses y 20 días de cárcel, con libertad condicional.
Durante algunos años fue un ex magnate en el exilio que seguía llamando la atención del país. Finalmente decidió regresar a Colombia para definir su situación jurídica. Cuál no sería su sorpresa cuando, tan pronto llegó en un avión privado acompañado de varios periodistas, su libertad condicional fue revocada y terminó en la cárcel, donde habría de pasar siete meses. Fue puesto en libertad por una juez, quien por cuenta de esa decisión fue condenada por prevaricato. Su nueva libertad provisional fue entonces revocada y desde ese día pasó a la clandestinidad.Su vida alternaba entre su apartamento en el norte de Bogotá y su finca en Boyacá: 'Arramada'. Era una vida de aislamiento total dedicada a la lectura, a la televisión y principalmente a la familia. Jaime Michelsen y su esposa, María Cristina Niño, tienen siete hijas y un hijo varón, que constituyen un núcleo familiar a prueba de todo. Ese ha sido su sustento emocional durante toda la crisis, que en los últimos tres años ha incluido cuatro operaciones gravísimas en la Clínica del Country como consecuencia de su enfermedad. Las pocas personas que lo acompañaron durante este calvario han incluido a Carlos Ardila Lülle, Carlos Haime, Ignacio Umaña de Brigard y Julio Andrés Camacho.

Altibajos y paradojas

En todo este proceso hubo aberraciones jurídicas como consecuencia del ambiente político que reinaba alrededor de su nombre. Ningún juez se atrevía a fallar en favor de Michelsen, aun cuando sus peticiones estuvieran ajustadas a derecho. Para negarle una libertad provisional no sólo no se reconocía su enfermedad, sino que llegó a ser calificado como poseedor de una personalidad peligrosa. Este ambiente fue en parte una consecuencia de su enfrentamiento con el periódico El Espectador, el cual tuvo su origen en un retiro de la publicidad por el cubrimiento que este periódico le dio al problema de los fondos. Durante todo el proceso El Espectador publicó más de 800 artículos, de los cuales 300 fueron de primera página. En Colombia ha habido dos escándalos en los cuales la presión de la opinión pública no ha permitido el funcionamiento normal de la justicia. El primero fue la crisis financiera de 1982 con Jaime Michelsen a la cabeza. El segundo fue el escándalo de los auxilios parlamentarios a comienzos de los años 90, con el encarcelamiento de Juan Martín Caicedo. En cada uno de los casos se juzgó más a un sistema que a una persona. La condena de Jaime Michelsen era la condena al capitalismo salvaje de los años 80. El era su mayor exponente. Casi todos los banqueros de su época hicieron lo mismo que él sin que les fuera tan mal. No porque Michelsen fuera el único en incurrir en ciertas prácticas, sino porque era el más exitoso. Siempre iba un paso adelante que todos sus rivales en materia de creatividad financiera. Por donde había un hueco se metía. Tan pronto las autoridades descubrían ese hueco lo tapaban, pero él ya había encontrado otro. Muchas veces se legisló en nombre propio contra él.Finalmente cayó porque se le olvidó que lo que manejaba no era suyo. El ahorro público es un bien sagrado, y la última palabra no la tiene el administrador sino el gobierno. La soberbia llevó a Jaime Michelsen no sólo a olvidar ese principio básico, sino a cometer el error estratégico de abrir peleas en demasiados frentes al mismo tiempo. En su apogeo desafió simultáneamente al establecimiento antioqueño, al gobierno y a El Espectador. Curiosamente, cuando fue presidente del banco, así como era de arrogante frente a los poderosos era invariablemente cortés y amable frente a los humildes. Tenía como norma recibir a todo el que le pidiera una cita por más insignificante que fuera el tema. Al terminarla siempre acompañaba a su interlocutor hasta la puerta.Pero no fue esta actitud sino la soberbia la que lo tumbó. Esta soberbia, sin embargo, nunca estuvo inspirada en motivaciones económicas. El dinero nunca le interesó. Le interesaba el poder. Tuvo y perdió una gran fortuna sin que esto afectara su estilo de vida. Siempre ha sido austero al punto de parecer calvinista. Esto no lo sabe la opinión pública, la cual considera que todo banquero prófugo vive como un rey a expensas de su botín.
Ahora que Jaime Michelsen ha reaparecido muy enfermo en una clínica, tal vez ha llegado el momento de mirar su vida con menos pasiones de las que vieron sus contemporáneos. Sin duda alguna fue un hombre que cometió muchos errores. Pero también fue una persona que, más que cualquiera otra, durante una década dirigió el desarrollo empresarial del país. Su vida ha sido objeto de grandes altibajos, de paradojas e incluso de injusticias. No es sino pensar que durante los años que ha durado su calvario tuvo que soportar el secuestro de una hija por el M-19. Después de ese episodio ha vivido en la clandestinidad. Mientras esto sucedía, uno de los secuestradores de su hija ha sido constituyente, ministro y alcalde.
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