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| 3/2/1998 12:00:00 AM

FIN DEL MISTERIO

Se conocen las razones por las cuales fue asesinado el chofer del ex alcalde de Cali, Mauricio Guzmán.

Efraín Rivas Moreno era un hombre humilde. Luchó a brazo partido para salir adelante en la vida. Cuando finalizó su bachillerato comenzó a trabajar como mensajero de varios de los más importantes líderes políticos del Valle del Cauca. Sus sueños e ilusiones iban más allá que las de llevar papeles de un lado para otro. Fue así como a mediados de 1980 se convirtió en uno de los asistentes personales del congresista Marino Rengifo Salcedo, con quien trabajó durante dos años. Cuando se acabó el trabajo en el Congreso, Rivas regresó a Cali. Allí lo esperaba una nueva vida. Las recomendaciones de Rengifo y de otros políticos vallecaucanos fueron sus cartas de presentación ante Mauricio Guzmán. Así comenzó una relación que con el paso del tiempo se convirtió en una cercana amistad. Entre las múltiples responsabilidades que tenía Rivas estaba el criadero de caballos de paso fino, en el que Mauricio Guzmán había invertido casi todo su patrimonio. En 1994 Guzmán llegó a la alcaldía de Cali. Junto a él lo hizo Rivas como funcionario en la Unidad de Gestión de la gerencia de acueducto y alcantarillado. Para esa misma época, la comisión de fiscales sin rostro que había integrado el entonces fiscal General de la Nación, Alfonso Valdivieso, con el fin de adelantar las investigaciones del proceso 8.000, recopilaba los primeros ducumentos que tres años más tarde sirvieron de base para ordenar la detención de Guzmán por haber recibido dineros provenientes de las empresas de fachada de Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela. En el centro del huracán estaba Efraín Rivas Moreno. Los fiscales encargados de la investigación descubrieron que por lo menos 15 cheques provenientes de Exportcafé y Frigoríficos del Pacífico, empresas de fachada de los Rodríguez Orejuela, habían ido a parar a las cuentas de Rivas y de Clara Margarita Guzmán, hermana del alcalde de Cali. Esos cheques sumaban cerca de 130 millones de pesos. De acuerdo con las investigaciones Guzmán endosaba los cheques y los consignaba en las cuentas de su fiel colaborador. Rivas, a su vez, cobraba los cheques en efectivo para luego relacionarlos en las cuentas de la campaña de su jefe. Los negocios del criadero de caballos también los manejaba Guzmán a través de las cuentas de Rivas. Cuando Guzmán presintió que los fiscales que lo estaban investigando habían descubierto los aportes de los hermanos Rodríguez Orejuela, decidió montar su propia coartada. Esta consistía en que esos dineros eran bien habidos, pues según el ex alcalde provenían de la venta de los caballos de paso fino. Para sustentar su coartada Guzmán le dijo a los investigadores que uno de esos compradores había sido Julián Murcillo y que Efraín Rivas había sido testigo de ese negocio, pues él era la persona encargada del criadero. Sin embargo, los fiscales lograron desmontar la versión de Guzmán con el testimonio de Julián Murcillo, quien en una indagatoria ante los fiscales sin rostro afirmó que su única relación con el ex alcalde de Cali había sido "estrictamente social". Cuando se ordenó capturar a Rivas, los hombres del Cuerpo Técnico de la Fiscalía no lo encontraron por ninguna parte. Solo se volvió a tener noticias sobre su paradero el pasado 13 de enero cuando se presentó con su abogado en la Fiscalía Regional de Bogotá con el fin de que le definieran su situación jurídica. Para ese entonces, Mauricio Guzmán había adelantado una audiencia especial con la Fiscalía que tuvo lugar en diciembre pasado. En esa diligencia Guzmán se responsabilizó de todo lo ocurrido y dejó en claro que su más cercano empleado así como su hermana, no tenían conocimiento alguno de la procedencia de esos dineros. Por esa razón la Fiscalía Regional decidió el pasado 13 de enero abstenerse de proferir medida de aseguramiento contra Rivas y la hermana de Guzmán. Igualmente canceló las órdenes de captura que había en su contra.Dos semanas después de haber solucionado su problema jurídico, Efraín Rivas Moreno encontró la muerte en una céntrica calle de Cali. Ocurrió el sábado 24 de enero a las ocho de la noche. Cuando se conoció la noticia la primera hipótesis de su muerte corrió por cuenta del proceso 8.000. Se llegó a decir que el testigo clave en la investigación contra el ex alcalde de Cali, Mauricio Guzmán, había sido asesinado porque todavía sabía mucho de su ex jefe. Sin embargo, las investigaciones adelantadas en Cali desvirtuaron por completo esa hipótesis. Rivas fue víctima de los haladores de carros. Según los testigos, Rivas detuvo el vehículo frente a un teléfono público para comunicarse con su casa. Cuando finalizó la llamada y de nuevo regresaba hacia el automotor, dos hombres lo interceptaron. Uno de ellos le apuntaba con un revólver mientras el otro le pedía a gritos que le entregara las llaves. Rivas reaccionó y enfrentó a los asaltantes con tan mala suerte que uno de ellos le disparó hiriéndolo de muerte. Los sueños de Rivas quedaron truncados por las balas asesinas de delincuentes comunes que querían robarle su carro.
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