Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/12/05 00:00

Fin del misterio

Por fin se supo la identidad del desconocido que quiere quitarle a Germán Efromovich el negocio de Avianca.

Hace tres años, cuando sus abuelos, padres y tíos murieron, Salvador Frieri tomó las riendas de los negocios de sus ancestros en Colombia.

Primero fue un jeque árabe cuyo nombre nunca se supo. Después, un colombiano con más de 100 millones de dólares que vivía en el exterior. Luego se supo que era de familia cartagenera. Finalmente resultó ser Salvatore Vicente Frieri Gallo, un hombre nacido en Barranquilla, amante de Cartagena y con sangre italiana en las venas. La semana pasada le salió al paso al empresario brasileño Germán Efromovich, cuya propuesta para comprar Avianca ya había sido aceptada por el juez y los acreedores en el proceso de Capítulo 11 que adelanta la aerolínea en Nueva York.

¿Quién es este enigmático personaje que dice tener la suficiente capacidad económica para quedarse con una de las empresas símbolo del país? La magnitud del negocio contrasta con su juventud, pues sólo tiene 43 años, y con el pasado de pobreza que vivieron sus ancestros.

Procede de dos familias de inmigrantes italianos que llegaron a Cartagena a comienzos del siglo XX sin un peso en el bolsillo pero con muchas ganas de trabajar. Con el tiempo acumularon una fortuna forjada en la industria, el comercio, la ganadería y la siembra y exportación de tabaco. Por eso, él dice que la compra de Avianca no sólo es un negocio magnífico sino ante todo un acto para rendir un homenaje a la memoria de don Vicente Gallo, uno de sus abuelos, un italiano que llegó a Cartagena a comienzos del siglo pasado huyendo de la Primera Guerra Mundial. Según cuenta el mismo Frieri, su abuelo logró acumular un capital que para la época se comparaba con la fortuna de Mario Santo Domingo. "Me sentaba en un escritorio pequeño y me daba unas tarjetas para calcular la rentabilidad de la inversión de un bono", dice, recordando lo que considera sus primeras clases de finanzas.

Frieri vivió muy poco en el país, ya que se mudó con su madre y sus abuelos a Roma cuando tenía 4 años. De allí fue al colegio Knabeninstitut Montana en Suiza, donde terminó su secundaria. Además de la excelencia académica, Frieri tuvo la fortuna de codearse con hijos de familias de aristócratas, empresarios y banqueros como los Rotschild. No fue una casualidad pues este instituto es considerado uno de los más exclusivos de Europa. A pesar de la distancia, conservó el contacto con Colombia y con los negocios familiares. Esto, porque estudiaba todo el año en el Viejo Continente y venía a pasar las vacaciones en una hacienda de su padre en El Carmen de Bolívar, desde donde divisaba unos atardeceres espléndidos, rojizos, un paisaje realmente exótico para él.

Luego estudió economía en la Libera Universita Internazionale degli Studi Sociali, en donde obtuvo las calificaciones más altas de su promoción, por lo que se graduó con honores.

Mientras él y su hermano Arturo se formaban en Europa, sus familiares fundaban empresas como la embotelladora de Coca Cola, Indugraco, Proleche, y se consolidaban como uno de los mayores exportadores de tabaco del país, un producto que crece con facilidad en el sur de Bolívar, a donde él venía con frecuencia. Por eso, dice, su afecto por la tierra de este país.

Su abuelo Vicente controlaba a distancia sus negocios en el país. Vivía en Roma pero manejaba sus inversiones en las bolsas de Nueva York y Londres.

Su abuelo paterno Salvador Frieri, quien también llegó a Colombia a comienzos de siglo, optó por la ganadería y se dejó seducir por las tierras de los Montes de María. Además, según cuenta Carmelo Martínez, quien fue abogado del padre de Salvador a mediados del siglo pasado, los Frieri financiaban las cosechas a los campesinos de la región y les compraban la producción para luego exportarla a Europa. Su padre Rafael Frieri heredó la tradición empresarial de su familia, aunque también se dejó tentar por los coqueteos de la política y empezó a militar en el Partido Conservador. Sus ideas y poder lo convirtieron en el cacique del pueblo. Aprobaba o desaprobaba los nombramientos en puestos públicos y su voz era considerada un mandato a cumplir.

Igualmente no se frenó en su pasión por los caballos de carreras, al extremo que en la década de los 60 abandonó los calurosos Montes de María y se fue a Bogotá para adquirir el Hipódromo de Techo. Su prosperidad también provino de la sociedad con Juan Bítar, un viejo comerciante de esmeraldas, que fue a su vez un leal socio de Víctor Carranza. También tenía fama de poseer buena puntería y ser hábil comerciante. Algo que para su prima Adalgisa Frieri, Salvatore heredaría en los negocios. "La puntería para hacer negocios rentables", dice Adalgisa.

Aunque contaba con el respaldo económico de su familia, Salvatore se dedicó a realizar su propia carrera como inversionista en Europa y Estados Unidos, en las bolsas de Nueva York y Londres. Con el tiempo se convirtió en un experimentado corredor de bolsa.

Hace tres años, cuando sus abuelos, padres y tíos murieron, tomó las riendas de los negocios de sus ancestros en Colombia. En 1993 se trazó la meta de hacer una inversión que honrara la memoria de sus parientes, en especial la de Vicente Gallo. Como lo explica Salvatore. "Mi abuelo Vicente tenía una visión de muy largo plazo y dejó en mí y en mi hermano su continuación, por eso mi deseo más fuerte es hacer algo en Colombia que pueda recordar la memoria de mi abuelo, a quien le debemos no sólo la parte económica sino sus enseñanzas".

Quienes lo conocen de cerca dicen que Salvador Frieri tiene una mente computarizada para los negocios, y que su mayor habilidad es producir dinero. Según Mike Schmulson, quien lo tuvo de consultor de su empresa Alfredo Stecker, "es como un jugador de ajedrez que juega en 40 tableros y no pierde una partida".

La embajadora en Panamá Ginna Benedetti lo conoce desde hace 10 años, cuando regresó al país con la idea de hacer una inversión de gran magnitud. "Se había podido quedar con su capital en Europa, pero resolvió regresar en un momento coyuntural del país en el que se ha retomado la confianza. Tomó la decisión mezclando unos motivos sentimentales y económicos". Esa es la razón que él da para explicar su oferta por Avianca.

Por este motivo, desde hace dos semanas, Salvatore Frieri no duerme. La posibilidad de adquirir Avianca apareció en el momento preciso en que asumió como cabeza de la familia y había decidido que debía hacer una inversión que lo relacionara de nuevo con Colombia. Cada día se levanta con la hora romana y se acuesta pendiente de las noticias que le dan sus socios en América, en especial los pilotos de Avianca. "Serán mis mejores socios. Un pasajero que se suba a un avión nuestro, con un piloto propietario, se sentirá definitivamente más tranquilo y feliz en su viaje".

Sus explicaciones son en tono pausado, aunque dice que a veces se deja llevar por el carácter de un italiano fogoso. Y a pesar de sentirse caribeño, lo exaspera que las cosas no funcionen como un reloj suizo cuando de negocios se trata. Esto le pasó cuando trató de comprar un lote en Chambacú que resultó embargado ,por lo que se le ha frustrado hasta el momento la posibilidad de construir un centro comercial que albergue a los vendedores callejeros de Cartagena, según dice. Su idea era reubicar a todos los ambulantes en un mismo sitio y financiarlos a través de un fondo de garantía de un banco y así crear unos pequeños empresarios.

Esta experiencia le sirvió para procurar no dejar nada al azar. Por eso, para la propuesta de Avianca se apoyó en la firma Capital Investment Service de Miami, experta en el manejo de banca de inversión con experiencias exitosas en ayuda en programas de salida de bancarrota de empresas en Estados Unidos. Durante 15 días estudió las cifras y la propuesta de los pilotos y consiguió con sus socios europeos la financiación para garantizar la operación. La propuesta contempla que ellos aportan una parte del capital y el resto se logra a través de créditos bancarios, incluso para financiar la parte que les corresponde a los pilotos.

A pesar de tener todo calculado, hay otro asunto que no lo deja tranquilo. Es el laberinto para salir dignamente de una relación de pareja que tuvo con una mujer colombiana con la que convivió durante dos años. con quien tiene una disputa por la distribución de los bienes. "Yo espero que esa mujer me deje tranquilo. Pero ella debe saber que me voy a defender hasta el final". Lo dice con la misma convicción con la que habla cuando se refiere a la compra de una de las empresas más importantes en la historia del país.

Su propuesta, según él mismo la ha explicado, consiste en invertir 47,5 millones de dólares para pagar de contado a los acreedores que tienen un plan de pago de siete años. Además buscaría la fórmula para vincular a los pilotos como socios de la compañía, con una participación hasta de 50 por ciento. Efromovich, en cambio, aportará 44,5 millones de dólares, no vincula a los pilotos y les paga a los acreedores en un plazo de siete años. Ambos se han comprometido a pagar el pasivo pensional a 20 años, con una cuota de unos 10 millones de dólares por año.

La propuesta de Frieri no es absurda. Lo que no se sabe es si ha sido presentada demasiado tarde. Esta semana se reunirá el Comité de Acreedores de Avianca para analizar la nueva propuesta y decidir si la descarta o se la presentan al juez. Si se deciden por lo primero, en pocos días Efromovich será definitivamente el comprador de Avianca. Si optan por lo segundo, y el juez decide aceptarla, la definición del nuevo dueño de la aerolínea se conocerá en 2005.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.