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| 1/3/1994 12:00:00 AM

Fin de una tragedia que cambió al país

EL FINAL NO PUDO HABER SIDO MAS miserable. El delincuente que fue considerado como uno de los más ricos y poderosos del mundo, estaba acabado mucho antes de que lo acribillaran. La era de sus aviones, sus zoológicos y sus mansiones había quedado atrás habían dejado de existir. Su familia, con la cual casi no podía tener contacto, se había convertido en un grupo de parias internacionales que peregrinaba en espéra de que algún país extrajero le abriera sus puertas.
Era increíble pensar que esto le hubiera sucedido al hombre que prácticamente no dejó gobernar a tres Presidentes seguidos. A ese personaje que transformó el lenguaje, la cultura, la fisonomía y la economía de Medellín y del país. Antes de Pablo Escobar, los colombianos desconocían la palabra sicario.Antes de Pablo Escobar Medellín era considerada un paraíso. Antes de Pablo Escobar el mundo conocía a Colombia como la tierra del café. Y antes de Pablo Escobar nadie pensaba que en Colombia pudiera explotar una bomba en un supermercado o en un avión en vuelo. Por cuenta de Pablo Escobar hay hoy carros blindados en Colombia, y las necesidades de seguridad modificaron la arquitectura. Por cuenta de él, se cambió el tiempo de funcionamiento del sistema judicial, se replanteó la política penitenciaria y hasta el diseño de las prisiones, y se transformaron las Fuerzas Armadas. Todo ello fue necesario para enfrentarlo y derrotarlo.
Pablo Escobar descubrió más que ningún antecesor que la muerte puede ser el mayor instrumento de poder. Tanto, que la única solución definitiva fue matarlo. Si un policía lo detenía en la calle, era asesinado después y ya no había otro que tratara de repetir la proeza. Si un juez lo mandaba a la cárcel, como sucedió en 1974, firmaba su sentencia de muerte y no había quien siguiera sus pasos. Si un militar le quemaba un laboratorio, lo mismo le sucedía. Si un periodista apoyaba la extradición, pagaba esa osadía con su vida. Edificó su poder con base en dos imperios: el de la cocaína y el de la muerte. Por cuenta de esta tenaza, creó una fórmula de intimidación colectiva que lo llevó a pensar en tomarse al país. Su poder de intimidación alcanzó su más alto nivel cuando arrodilló al país y a la Constituyente para eliminar la extradición.
El de Escobar fue un mundo de paradojas. Con la misma generodidad con que regalaba casas ordenaba asesinatos. La semana anterior a su muerte, mil 600 agentes y soldados trataban de matarlo en Medellín, mientras 500 trataban de evitar que mataran a su familia en Bogotá.
Teniendo en cueta que la causa primero que permitió el surgimiento de alguien como él -la descomunal demanda por cocaína en el mundo- sigue ahí, queda flotando un gran interrogante:¿es posible que se repita el fenómeno de Pblo Escobar? Se puede decir que sin duda surgirán otros capos. Pero también se puede decir que no habrá otro como Pablo Escobar.
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