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| 6/26/2000 12:00:00 AM

Final feliz

La venta del 33 por ciento de Celumóvil a Bellsouth demuestra que la telefonía celular, que hasta hoy ha sido mal negocio, en adelante va a ser muy bueno.

Desde hace más de un año en el mundo de los negocios se sabía que Celumóvil estaba buscando socio internacional y que el comprador más posible era Bell South. No por ello el anuncio de la semana pasada, de que la negociación entre ambas compañías llegó a feliz término, dejó de ser un hecho trascendental para el mundo empresarial colombiano.

Los 295 millones de dólares que Bell South pagará por su participación en Celumóvil le caen como anillo al dedo a la telefónica, que en el último ejercicio contable reportó pérdidas superiores a 450.000 millones de pesos, de los cuales 300.000 corresponden a un mayor valor de la deuda por efectos de exposición cambiaria. De ahí que de los 183 millones correspondientes a inyección de capital, 80 por ciento se destinarán a disminuir el pasivo financiero que la compañía tiene en moneda extranjera. El saldo del pago —los otros 112 millones de dólares— los recibirá directamente el Grupo Santo Domingo a través de Valores Bavaria, con lo cual éste último se fortalece en un momento crucial para el grupo económico.

Por su parte Celumóvil —que había sido fuertemente golpeada por la devaluación del peso— reduce su deuda en moneda extranjera en casi 32 por ciento por concepto de los 183 millones de dólares que le entran por la transacción, lo que le da un nuevo aire para seguir jugando por un largo rato en el mercado de las telecomunicaciones. Pero más allá de las cifras, lo que interesa saber es cómo le fue al Grupo Santo Domingo en los cinco años que lleva inmerso en el negocio de la telefonía celular. La respuesta es que, hasta el momento, bastante mal, pero que de ahora en adelante le irá bastante bien.



El potencial a futuro

Las cifras son elocuentes. La inversión total en el negocio hasta la fecha es del orden de 1.000 millones de dólares repartidos así: 500 millones por costo de licencias, 250 millones por costo de adquirir nuevos clientes y 250 millones por concepto de capital invertido en la infraestructura de las redes. Si se tiene en cuenta que en cinco años el valor de empresa asciende a 1.300 millones de dólares, habría que llegar a la conclusión de que el negocio no ha sido bueno. La tasa de retorno —que hasta la fecha se ubica en alrededor de 8 a 10 por ciento— implica una baja rentabilidad en relación con la magnitud de los riesgos incurridos.

Este bajo rendimiento que ha obtenido el conglomerado industrial por concepto de la telefónica se ha visto influenciado negativamente por la grave crisis económica y por la mala imagen que posee el país en los mercados internacionales. Cabe recordar que hace exactamente dos años Celumóvil intentó capitalizarse a través de una emisión de bonos en la Bolsa de Nueva York por un valor de 175 millones de dólares, negociación que se vio frustrado por la incertidumbre del proceso electoral colombiano.

Sin embargo las posibilidades de que ahora en adelante el negocio sea muy bueno son enormes. Con parte de la deuda saneada y la administración en manos de Bell South, el 49,9 por ciento que le queda al Grupo Santo Domingo es una inversión mucho más sólida que el 74 por ciento que tenía antes de la venta a la multinacional estadounidense.



Cambio de mentalidad

Si bien el Grupo Santo Domingo está en las grandes ligas internacionales el negocio de la telefonía celular está reservado para ligas aún mayores. El grupo empresarial colombiano cometió un error al haber pensado que la compañía de servicios inalámbricos podía manejarse localmente, sobre todo en una industria altamente competitiva y que demanda unos niveles administrativos, financieros y tecnológicos no existentes.

Casos como el venezolano ejemplifican perfectamente esta tesis. El empresario Osvaldo Cisneros —al igual que Santo Domingo— se ganó la licencia de telefonía celular y se le midió al reto él solo durante un buen tiempo. Después de navegar un largo rato por su cuenta decidió asociarse con Bell South en la compañía Telcel, cuya alianza le permitió en muy pocos meses cuadruplicar el número de suscriptores. La entrada del operador estadounidense al mercado colombiano hace suponer que dentro de poco tiempo suceda lo mismo.

Por eso el negocio de la semana pasada, más allá de reflejar un manejo muy hábil por parte de los directivos del Grupo, deja entrever una nueva filosofía de hacer negocios. En efecto, el otorgamiento del control administrativo de Celumóvil a la multinacional especializada denota un proceso de internacionalización y de apertura hacia nuevos socios, con mejores know how y mayores trayectorias de mercado. “Las ventajas de contar con un socio como Bell South es que se aumenta la capacidad de adquirir tecnología y se disminuyen los costos por adquisición de nuevos clientes”, asegura el presidente de Celumóvil, Luis Carlos Valenzuela.

El nuevo mapa estratégico del Grupo parece consistir en la concentración de sus tres negocios fundamentales —bebidas, medios de comunicación y telecomunicaciones— y dejar de lado la diversificación que inició hace ya un buen par de décadas. Al parecer el Grupo Santo Domingo, junto con otros grandes conglomerados de América Latina, han entendido de una buena vez que el único camino para que sus empresas sobrevivan consiste en la apertura de sus sociedades hacia las empresas internacionales.

“La incursión de Bell South en la composición accionaria de Celumóvil refleja un cambio de mentalidad por parte de los grupos económicos del país y de toda América Latina”, dijo Violy McCausland, la banquera de inversión encargada de la transacción.

El Grupo, al parecer, se fortalece como nunca antes. Su gran mérito —y el de sus banqueros— consiste en haber logrado que las noticias del país no influyeran negativamente en la negociación con la multinacional estadounidense. El cierre de la transacción confirma no sólo el potencial del Grupo sino los buenos ojos con los que puede ser visto el país en las comunidades financieras del exterior y la capacidad de negociación que tienen los banqueros de inversión colombianos frente a la comunidad internacional.
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