Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/09/25 13:45

Cartagena espera la firma de la paz en medio de oscuros nubarrones

Aproximadamente $1.500 millones costarán el montaje y la puesta en escena del acto solemne con el que se pondrá fin a la guerra. Todo listo en la ciudad heroica.

El lunes, a las 5 en punto de la tarde comenzará el acto solemne.. Foto: AFP

Ni a García Márquez se le habría ocurrido poner una nube negra encima del centro histórico de Cartagena a menos de 48 horas de la firma de la paz. Pero la atmósfera con que la ciudad heroica empezó a recibir a las miles de personas que viajan para ver el nuevo apretón de manos entre el presidente Juan Manuel Santos y Timoleón Jiménez parecía sacada de las páginas del realismo mágico. Mientras en las playas de Marbella y Bocagrande nada detenía los rayos del sol que enrojecían la piel de los turistas, las empedradas calles de la ciudad amurallada estaban cubiertas por un cielo plomizo, más bogotano que cartagenero. En la ciudad heroica, las nubes negras vaticinaban una tormenta, pero a pesar de los augurios, del espeso nubarrón no cayó una sola gota, aunque caprichosamente no se movió un momento hasta el atardecer.

Foto: Daniel Reina / SEMANA

María Claudia Lacouture levantó su mirada y la olfateó sin darle mayor importancia. Ella es la ministra de Comercio Exterior, a quien el presidente Santos le encomendó la organización de todos los detalles del día que quedará marcado en la historia del país. Pero desde la tarde del sábado, cuando llegó a Cartagena, pareció asumir como ministra de Defensa y se puso las charreteras de general para poner todo en su lugar.   

Había citado a los comandantes de la Policía y el Ejército de Cartagena para pasar revista en cada uno de los lugares que este lunes, y en distintos actos, serán testigos del final de la guerra en Colombia. A las 4 de la tarde, hora de la cita, en la casa del Ministerio de Comercio, a pocos pasos de la plaza Fernández de Madrid, la ministra inició la caminata. Los uniformados no llegaron a tiempo y no tuvieron otra que cogerle el paso y marchar al ritmo que imponía. La alcanzaron en la plaza Santo Domingo, frente a la iglesia San Pedro Claver, donde al medio día de este 26 de septiembre, el número 2 del Vaticano, el cardenal Pietro Parolín, oficiará la ceremonia religiosa en la que se elevará una nueva plegaria “por la reconciliación de Colombia”.

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Mientras repartía instrucciones, por la puerta de la iglesia salía entre aplausos una pareja de recién casados. A pocos metros, la primera dama, María Clemencia Rodríguez de Santos, repartía prendedores de la paloma de la paz. Ella misma lo ubicaba en el pecho de los que buscaban una foto o un saludo. Hasta un artista callejero le regaló una de sus acuarelas.

Foto: Daniel Reina / SEMANA

La segunda parada fue en la Casa del Marqués. será el lugar donde al mediodía del lunes el presidente Santos ofrecerá un almuerzo a los 17 jefes de Estado; tres expresidentes; el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry; 27 cancilleres y representantes de 10 organizaciones multilaterales, entre ellos Ban Ki-moon, secretario general de Naciones Unidas, quienes confirmaron su asistencia para presenciar la firma de la paz.

Tras revisar uno a uno los lugares de cada invitado, salió hacia la torre del Reloj y de allí a la explanada del Patio de Banderas del Centro de Convenciones Julio César Turbay Ayala, el presidente del polémico estatuto de seguridad, con el que desde finales de los años 1970 se empezó a perseguir con mayor ferocidad la amenaza comunista que representaban las guerrillas.  

Allí más de 600 operarios se partían el pellejo cargando una a una las piezas de la estructura metálica que soportará la tarima sobre la cual se firmará el Acuerdo Final. “Es un montaje muy sencillo. Sólo una tarima y un juego de luces”, explicó Lacouture. “No es un show”, insistió. A quien le indagó sobre el costo, dijo que no supera los 1.500 millones de pesos y que hay financiación y aportes de la comunidad internacional.

En la calle, sin embargo, la firma de la paz no parece inquietar demasiado a los cartageneros, quienes de momento no ven alterada su rutina. A juzgar por los afiches de los taxis, las cargas entre el voto por el Sí y el No parecen equilibradas. En el bar Donde Fidel no se habla de política, los veteranos aficionados a la salsa piden una cerveza y cantan las letras de Héctor Lavoe. Y entre los vendedores que desde temprano instalan sus artesanías cerca del casco amurallado, la paz tiene más inquietudes que certezas. Dolores, una mujer negra que se gana la vida vendiendo réplicas a escala de las gordas de Botero, dice que habrá más desempleo. “El trabajo que tú tengas, se lo van a dar a ellos”. Afuera de las murallas, en el sector de Bocagrande, los simpatizantes del No ubican camionetas y reparten volantes. No son numerosos, pero sí disciplinados.   

A menos de 100 metros del lugar donde expone sus pequeñas esculturas, el Museo Naval es el búnker de los más de 900 periodistas de Colombia y el mundo que se acreditaron para el histórico acontecimiento. Allí sí hay nerviosismo, carreras y mucha tensión. Las horas que faltan para transmitir el momento se cuentan con ansiedad. La plazoleta de la torre del Reloj fue invadida por los camiones y furgonetas de las unidades móviles de los canales de televisión nacionales y extranjeros, y en los edificios cercanos ya están instalados los sets de los medios que tendrán vista privilegiada del evento.    

En la tarde del sábado se conoció de la presencia de las FARC, al menos en el departamento de Bolívar, después de culminar la décima y última Conferencia Nacional Guerrillera de la que se vaya a tener noticia. “Están en Turbaco”, dice un taxista que parece saberlas todas, pero el Gobierno no lo confirma. Eso sí, más allá que la visita de ilustres mandatarios, lo que despierta verdadera curiosidad es la presencia de Timoleón Jiménez y los demás jefes guerrilleros en Cartagena.

Que la firma se haga en Cartagena de Indias no es casualidad, dice Paula Gaviria, alta consejera para los derechos humanos. Recuerda que por la Ley 95 de 1985 la heroica no sólo es patrimonio histórico, turístico y cultural, sino que es la capital colombiana de los derechos humanos, como homenaje a San Pedro Claver, quien luchó contra la esclavitud.

El lunes, a las 5 en punto de la tarde, como en el poema de García Lorca, comenzará el acto solemne. A esa hora sonará el himno nacional, que estará interpretado por la Banda Baranoa. En la tarima principal estarán el presidente Juan Manuel Santos, Timoleón Jiménez y Ban Ki Moon, quienes pronunciarán los tres discursos del día, cada uno de diez minutos.

“Será un evento solemne, alegre, y que representará a toda Colombia. Estarán los 32 gobernadores, los alcaldes de las ciudades capitales, magistrados, congresistas, la cúpula militar, gremios, sindicatos, glorias del deporte, artistas, indígenas, y sobre todo víctimas”, explicó Lacouture. “El momento más importante e histórico busca una representación de la Colombia que ha sufrido y que mañana festeja”.

El horario no es caprichoso. La gran apuesta de la puesta en escena es el atardecer. Por eso está meticulosamente preparado para que el acto concluya a las 6:15 de la tarde, para simbolizar el fin de la guerra y la espera de un nuevo amanecer.

Ya parece todo consumado, sólo falta que llegue el 26 de septiembre. Ese día Cartagena se vestirá de blanco, pero los pronósticos del tiempo inquietan. Señalan temperaturas de hasta 32 grados centígrados, pero fuertes precipitaciones e incluso tormenta en horas de la tarde. Hay sombrillas para todos los invitados en caso de que una nube negra vuelva a asomarse. Nada ni nadie debe aguar la fiesta. 

 

*Enviado especial de Semana.com a Cartagena

 

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