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| 1/11/2014 7:23:00 PM

"Estamos hechos para diversas relaciones sexuales"

La sexóloga Flavia Dos Santos acaba de publicar un libro que es una reivindicación del poliamorismo, un polémico concepto que ella misma explica en esta entrevista.

María Jimena Duzán: Tengo la impresión de que usted hace una reivindicación de la infidelidad en su nuevo libro…

Flavia Dos Santos:
El libro no es una reivindicación de la infidelidad. Es una propuesta para que las personas analicen si verdaderamente están contentas en su estilo de vida. A nosotros nos inculcan desde muy temprano que la única forma de encontrar estabilidad y felicidad es a través de una relación monogámica y exclusiva sexualmente. Pero la realidad es que no hay una prueba biológica ni antropológica que nos asegure que estamos hechos para la monogamia. Al contrario, estamos hechos para diversas relaciones sexuales. El libro recoge una propuesta que está cogiendo mucha fuerza en Europa y en Estados Unidos que es el poliamorismo.

M. J. D.: ¿El poliamorismo significa que podemos amar a varias personas sin temor a que nos señalen de adúlteras?

F. D. S.:
El poliamorismo habla de la capacidad de amar a varias personas al mismo tiempo. Es una propuesta de lealtad, no de infidelidad.

M. J. D.: Como dijo nuestro nobel García Márquez: hay que ser infiel, pero nunca desleal. Eso suena muy poético hasta que le ponen a uno los cachos.

F. D. S.:
¿Cuántas personas conoces que son monógamas pero que no soportan a su pareja? ¿Será que ese es el modelo? Yo no lo creo. Ese modelo está fallando y hay que revisarlo. Mira, hay una tendencia a creer que todos los infieles son los malos del paseo. Sin embargo, nadie se levanta por la mañana con la intención de ser infiel. Lo que pasa es que esa persona está escuchando un deseo real. Somos seres humanos y en lugar de aceptar que esa es nuestra naturaleza, ¿qué hacemos? Pues tratamos de renunciar al deseo, controlamos, tratamos de esclavizar la sexualidad para sentirnos que estamos andando por el camino correcto.

M. J. D.: Puede que no estemos hechos para la monogamia, pero tampoco esta sociedad acepta la infidelidad, menos si quien la comete es la mujer...

F. D. S.:
Es evidente que somos una sociedad patriarcal y que, pese al avance de las mujeres, hay todavía muchas que dependen emocional y financieramente de su pareja y esa dependencia las tiene atrapadas. Pero también conozco a mujeres independientes financieramente que no son autónomas.

M. J. D.: ¿Qué es una mujer autónoma?

F. D. S.:
Una que es capaz de mantener sus propios deseos, su independencia de pensamiento. Una mujer independiente financieramente puede carecer de esas atribuciones. Una mujer autónoma no necesariamente es independiente financieramente. En Colombia yo diría que hay más mujeres independientes financieramente que autónomas. La autonomía es difícil de adquirir. La mujer autónoma no se anula para ser aceptada por el otro. El problema es que la mujer siempre está buscando complacer al hombre en todo y entonces llegamos a renunciar al orgasmo, al deseo, a nuestros sueños y a nuestras fantasías –así ganemos mucha plata– y todo para mantener nuestra relación estable.

M. J. D.: Usted dice en su libro que para ser infiel no se necesita que haya sexo…

F. D. S.:
Claro, eso es posible. Existe la infidelidad emocional, que surge cuando un amigo pasa a compartir nuestros secretos, nuestros sueños. Por el hecho de que no están teniendo sexo, uno se puede sentir protegida y decirse a sí misma: no, no soy infiel. En realidad lo que están intercambiando es amor. La propuesta del poliamorismo es que uno puede amar a cuantas personas quiera y que ese amor va más allá del sexo. El amor es un recurso infinito, pero tenemos la tendencia a creer que es finito, que únicamente vamos a ser felices cuando tenemos solo a una persona en nuestras vidas y eso no es verdad.

M. J. D.: Y si esto que me dice no es una invitación a la infidelidad, ¿de qué estamos hablando?

F. D. S.:
No es estoy haciendo proselitismo para que las personas salgan y sean infieles. El poliamorismo es una propuesta para que uno se mire y se pregunte: ¿será que yo estoy hecho para la monogamia o será que estoy renunciando a mi deseo y quitándole esa libertad a mi pareja? Se necesita un desarrollo personal muy grande para el poliamorismo y se necesita aceptar la libertad del otro.

M. J. D.: ¿Y qué dice el poliamorismo cuando la infidelidad la comete no el hombre sino la mujer?

F. D. S.
: Cuando se instauró el concepto de propiedad privada, la mujer se convirtió en propiedad privada también. Nosotros en América Latina desafortunadamente estamos todavía bajo estos preceptos, aunque hayamos avanzado. Aún nos sentimos controladas, aún tenemos miedo de la hoguera social. De que nos digan ‘perra’ o ‘ninfómana’ y de ser tachadas y excluidas socialmente. Muchas mujeres prefieren ahogar esos deseos y pasiones, y vivir con sus neurosis, llenarse de pepas para la depresión, antes que afrontar esa realidad.

M. J. D.: Así como lo pone usted, uno hasta prefiere la infidelidad…

F. D. S.:
¡Pues claro! Pero no todas las mujeres tienen una estructura para aceptar el deseo que sienten hacia otras personas. La mayoría prefiere ahogarlo. Sin embargo, el hecho de que lo haga no implica que el deseo desaparezca. Prueba de eso son los escándalos sexuales de los curas que han conmocionado la Iglesia. En los escritos de Jesús no hay presente esa preocupación por la sexualidad como lo planteó después la Iglesia. Tres hombres con sus confusiones sexuales, con su angustia sexual, trasformaron el sexo en pecado: San Pablo, San Jerónimo y San Agustín. Ellos fueron hombres que vivieron mal su propia sexualidad y que trataron de satanizarla convirtiendo todo lo que significara placer en algo contra Cristo. Es más, hoy a los ojos de la Iglesia si tú cometes un pecado tienes perdón, menos cuando el pecado que se comete es el adulterio. Por eso los divorciados no pueden comulgar.

M. J. D.: ¿Lo que usted está diciendo es que hay licencia para echarse una cana al aire siempre y cuando a uno no se le crucen los cables?

F. D. S.:
Lo que estoy diciendo es que uno no tiene que volverse loco cuando comete una infidelidad, sino entender lo que pasa con uno mismo. Cuando entendamos que es normal desear a otra persona aun estando enamorados de su pareja, podemos desarrollar una mejor relación con esa naturaleza que hay en nosotros. Y si entendemos eso, de pronto ni siquiera tenemos un affaire. Mire, la promiscuidad es falta de criterio. Pero le repito, esa debe ser una decisión tomada en forma consciente. Hoy no está pasando eso. Hay muchas parejas que se lanzan a la infidelidad sin haberse hecho todas estas preguntas.

M. J. D.: ¿Por eso usted aconseja que para que la pasión no se consuma en la rutina del matrimonio es bueno que exista el fantasma de la infidelidad?

F. D. S.:
Yo no invito a la infidelidad sino a que la duda siempre esté presente. Desafortunadamente el exceso de intimidad mata el deseo y para renovarlo hay que ponerle misterio. Tú solo deseas lo que no tienes seguro. En el momento en que tengo mi pareja ciento por ciento garantizada y sé que no va a mirar a ninguna otra persona, pierdo el interés. Pero si veo que mi pareja es libre y puede tener interés por otras, yo siempre voy a estar ahí, lista para la conquista. Somos así…

M. J. D.: En una sociedad tan patriarcal como la colombiana ¿esta propuesta del poliamorismo va a levantar mucha ampolla?

F. D. S.:
No lo creo. La propuesta tiene que ver con el respeto por su pareja y con aceptar sus deseos sin miedo ni culpa. Pero de la misma forma en que la monogamia no está hecha para todos, el poliamorismo tampoco. Pero es un movimiento válido que debemos discutir.

M. J. D.: Yo me temo que el procurador Ordóñez es uno de esos que no está hecho para el poliamorismo…

F. D. S.:
(Risas) ¿Será que me van a excomulgar?

M. J. D.: ¿Qué dice el poliamorismo del homosexualismo que se vive en el clóset?

F. D. S.:
Pues que en un pareja si él o ella es homosexual eso no puede ser ocultado. Se debe hablar y ser honestos. Hay parejas que funcionan bien si son leales porque montan un proyecto común que se llama familia y prefieren tener hijos, una casa y un perro que vivir más libremente su homosexualidad. Nosotros no somos quienes para señalar y decir qué es lo que funciona o lo que no funciona. Si una persona está contenta y sabe la orientación sexual de su pareja y la acepta y la respeta, ¿quiénes somos para decir que ellos tienen un problema?

M. J. D.: ¿Qué opina de las declaraciones de Roberto Gerlein, cabeza de lista del Partido Conservador, quien dice repudiar el sexo entre los hombres por considerarlo excremental, mientras que acepta que no tendría problema si el sexo es entre dos mujeres?

F. D. S.:
Cualquier psicólogo te va a decir que cualquier manifestación homofóbica es una señal de homosexualidad latente y, para ahogarla, agrede. Está probado científicamente. Mira, hacen pruebas con sensores en el pene poniendo imágenes provocativas a personas ultraconservadoras y homofóbicas y, cuando ven imágenes homosexuales, se manifiesta una erección.

M. J. D.: ¿Es fácil hablar del sexo en un país tan aparentemente mojigato?

F. D. S.:
Hay un mito de que Colombia es mojigata. Yo no lo creo. Cuanto más pequeña es la ciudad, más calientes son las preguntas. Basta con ver la cantidad de bares swingers y sitios como La Piscina. Lo que pasa es que hay una doble vida por el miedo social. Y eso no está mal. No hay que salir a la calle a contar cuáles son nuestras prácticas sexuales, de la misma forma que nadie le puede pedir a un homosexual que salga del clóset. Vive tu sexualidad como quieras.

M. J. D.: ¿Entonces los colombianos somos bastante lanzados en nuestra sexualidad?

F. D. S.:
Colombia es como una corte francesa. En los estratos más altos y en los más bajos es donde pasan las cosas más locas.
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