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| 5/15/2005 12:00:00 AM

Flor de un día

Hay muchas razones por las cuales el partido uribista es un imposible. Habrá al menos cuatro listas al Congreso.

Por tercera vez, la idea de la creación de un partido uribista fue flor de un día. Esa fue la percepción que quedó a finales de la semana pasada, después de que los principales líderes que siguen al presidente Álvaro Uribe descalificaron la iniciativa, cuya divulgación había alborotado el ambiente político.

El capítulo final de la novela aún no está escrito. Es muy prematuro hablar de la poco probable unidad de las siete fuerzas políticas uribistas: Cambio Radical de Germán Vargas, el Nuevo Partido de Óscar Iván Zuluaga y Mauricio Pimiento, Equipo Colombia de Luis Alfredo Ramos, los liberales expulsados de su partido, encabezados por Luis Guillermo Vélez; Colombia Viva y el Partido Conservador. Pero es innegable que todas estas agrupaciones necesitan algún mecanismo de coordinación y unificación. Tarea, al fin y al cabo, para la cual fue nombrado el ex ministro Juan Manuel Santos hace dos meses. Y una misión indispensable a la luz de leyes recientemente aprobadas que castigan electoralmente a quienes no se aglutinan, y de los exitosos esfuerzos de unidad que están haciendo la izquierda y el Partido Liberal.

La falta de disciplina en la bancada gobiernista, además, y el pobre resultado del trabajo legislativo demuestran que se necesita una organización menos informal y más coordinada. Sobre todo, en la eventualidad de que Uribe sea reelegido para un segundo período.

El alboroto de la semana pasada dejó pocas conclusiones nuevas. Hubo, sí, un cambio de posición del presidente Uribe. El mandatario había expresado en más de una ocasión su escepticismo hacia las fórmulas para fortalecer los partidos y su preferencia por la democracia participativa. Había rechazado ofertas para que el Partido Liberal se uniera en torno suyo y había defendido la pregunta 15 del referendo de 2003, que habría desmontado las listas únicas y habría vuelto a permitir la llamada 'operación avispa'. Ahora le compró a Juan Manuel Santos la idea de darles instrucciones a los grupos que lo apoyan para buscar acercamientos y, en la medida de lo posible, conformar una lista unificada para las elecciones de marzo del año próximo.

Sin embargo, al mismo tiempo salieron a flote las dificultades que generan la heterogeneidad de todas estas organizaciones, muchas de ellas con estructuras bien conformadas y orígenes muy diversos, y los obstáculos que imponen las necesidades electorales de cada una de ellas.

Así lo demostró la reacción del senador Carlos Holguín, director del Partido Conservador, quien señaló que lo mejor que podrían hacer quienes respaldan la formación del nuevo partido sería unirse al suyo. Por su parte, Germán Vargas, que encabeza Cambio Radical, fue enfático en que su organización presentará listas propias. "Cambio Radical es un partido organizado, con un trabajo político de años, que en las elecciones de 2003 obtuvo más de 800.000 votos en el país. Un equipo político consolidado que actúa como tal y que no se va a desdibujar", dijo.

El mismo Vargas reconoció otra de las dificultades de integrar en una sola lista a todos los candidatos a Congreso que hacen parte de la coalición oficialista. Esta se refiere a que son muchos los uribistas contradictores en las regiones y que por tanto necesitan plataformas políticas diferentes desde las cuales lanzarse al agua. Es prácticamente imposible, por ejemplo, imaginar a barones electorales como Ómar Yepes, Óscar Iván Zuluaga o Víctor Renán Barco, que históricamente se han peleado los votos de Caldas, en una misma lista.

Tampoco será fácil que el 'uribismo rural' y el 'uribismo urbano' se tapen con la misma cobija. En el 'rural' estarían aquellos que encarnan algún tipo de representación del proyecto político paramilitar que podría surgir de la desmovilización de los comandantes de Ralito y en el 'urbano', candidatos que han forjado sus caudales en representación de otros nichos electorales. Algo similar ocurre con los 'uribistas de opinión' y con los que hacen parte de la 'vieja política'. Caciques veteranos como José Name, José Guerra Tulena, Fuad Char o Miguel de la Espriella han hecho parte de la bancada de gobierno, pero no es imaginable su convivencia con candidatos más jóvenes como Gina Parody, Sandra Ceballos y Nancy Patricia Gutiérrez.

Un elemento adicional que se refiere menos a estilos de hacer política y más a conveniencias electorales tiene que ver con la dificultad de incluir muchos pesos pesados en una misma lista. Juntar a senadores con tan altos niveles de reconocimiento como Germán Vargas, Mauricio Pimiento y Mario Uribe podría desubicar a los votantes, quienes al votar por un proyecto político también lo hacen por un líder representativo. Y ninguno de ellos estaría dispuesto a ceder un solo milímetro del espacio que, de partida, tiene en la lista.

Entre los 'uribistas purasangre' también ha generado malestar el hecho de que los que más promuevan la creación del partido uribista o de una lista única sean los liberales que fueron expulsados de su partido por apoyar la reelección. Entre ellos, Víctor Renán Barco, Aurelio Iragorri, María Isabel Mejía, Piedad Zuccardi y Luis Guillermo Vélez. "No tiene sentido que parlamentarios expulsados del liberalismo por apoyar al gobierno en la coyuntura de la reelección terminen asumiendo el papel de grandes coordinadores de una lista oficialista. Ese liderazgo debe estar en manos de quienes hemos acompañado al Presidente desde un principio", dijo a SEMANA un parlamentario de la bancada de gobierno.

Es muy temprano, además, para que el gobierno tome la iniciativa de jugársela por una propuesta de tal magnitud. La participación del Presidente y sus ministros en política no está permitida y le quitaría legitimidad a la reelección a pocos meses de que la Corte Constitucional emita su fallo sobre ésta. Y nadie más consciente que el gobierno de que este no es el momento para dar papaya. "El gobierno no está participando en la formación de un nuevo partido", reaccionó casi inmediatamente el ministro Sabas Pretelt.

Tantas dificultades para convocar a los uribistas, sumadas a divisiones en la bancada ?como la que evidencia la pelea entre Claudia Blum y Luis Guillermo Vélez por la presidencia del Senado? le quitan todo el realismo a la posibilidad de armar un partido. Y mucho más, a la de verlos juntos con fines electorales. De ahí que se prevea que para las elecciones de marzo de 2006 habrá al menos cuatro listas del uribismo. La de Equipo Colombia, liderada por el senador Luis Alfredo Ramos; la de Cambio Radical, la del Partido Conservador y la que coordina Juan Manuel Santos en llave con el senador Luis Guillermo Vélez. El Nuevo Partido, de Zuluaga y Pimiento, decidirá este martes si va por separado o se une a la lista de Santos, Vélez y compañía.

Existen en síntesis dos tendencias contradictorias: la necesidad de unidad y una larga lista de incentivos para la división. Al final del día es muy probable que el propagado partido uribista, cuya creación había sido rechazada por Uribe al inicio de su gobierno y propuesta después sin éxito por Fabio Echeverri, se limite a la lista cuya columna vertebral está conformada por los congresistas liberales que fueron expulsados del oficialismo. Un grupo sobre el cual Juan Manuel Santos tiene innegable ascendencia. Estos parlamentarios ya han trabajado en la redacción de estatutos, caracterizados por ser abiertos y descentralizados, y un manifiesto de orientación de centro. El proyecto tiene el aval del Presidente y se denominará Colombia Siempre, o Apertura Liberal.

Las perspectivas para un eventual partido uribista también dependerán en buena medida del fallo de la Corte sobre la reelección. Si es favorable, el proyecto podría tener vida y hasta dimensiones históricas. En caso contrario se mantendría en la misma situación en que quedó la semana pasada: un espejismo sin claridad conceptual ni viabilidad política.
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