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| 1/29/2015 4:05:00 AM

Fosas comunes reviven terror en Buenaventura

La aparición de cuatro cuerpos desmembrados y enterrados en cementerios clandestinos puso al descubierto una macabra forma de violencia: las desapariciones.

Cuando el país creía que ya lo había visto todo en materia de violencia, hay nuevas señales de la sevicia criminal a la hora de imponer su régimen de terror.

Y como si se tratara de una maldición, esas señales aparecen de nuevo en Buenaventura, la misma ciudad portuaria que mueve la mitad de las exportaciones del país, pero que el año pasado escandalizó a los colombianos por la existencia de las famosas casas donde descuartizaban gente, donde la pobreza es tan visible que la comparan con El Congo, donde el agua potable llega sólo por horas, donde los desplazados se cuentan por miles y donde los desparecidos preocupan hasta en la ONU.

Esta semana las autoridades locales revelaron un hallazgo espeluznante: en un lote del barrio El Progreso encontraron cuatro fosas comunes con restos humanos. Se cree que corresponden a igual número de personas, pero Medicina Legal aún intenta establecer esos datos y la fecha de su muerte.

Ese hallazgo se suma al desmembramiento de otras dos personas a comienzos de este año y los 22 desmembramientos ocurridos en el 2013 y el 2014. Esas cifras opacan la sonada intervención que hizo el gobierno nacional desde el 14 de febrero del 2014 y que, entre otras cosas, consistió en la militarización de la ciudad con 2.400 uniformados.

Si bien gracias a esa intervención integral se logró la captura de 311 miembros de bandas criminales, las autoridades debieron reconocer que durante 70 días del proceso, se registraron 21 homicidios, cinco desmembramientos, dos desapariciones, 56 desplazados y cuatro denuncias por reclutamiento forzado.

De ahí que muchos se preguntan: Si eso ocurre con la ciudad militarizada, ¿cómo será cuando no lo está?

Tristemente, en Buenaventura ninguna de esas escalofriantes escenas es nueva. De hecho, el hallazgo de las cuatro fosas comunes es una verdad a voces que venían gritando desde la comunidad, la iglesia y la Personería, “las fosas son igualmente el reflejo de la grave situación de violencia y de desapariciones que registra Buenaventura”, dijo Íngrid Arroyave, personera encargada del puerto.

¿Qué pasa?

El diagnóstico es el mismo: la guerra a muerte entre dos bandas (la Empresa y los Urabeños) que se pelean el dominio territorial del puerto. Por esa ciudad se mueve no sólo la mitad de la economía exportadora del país, sino el bajo mundo del narcotráfico.

Las rutas, las lanchas, los semisumergibles, los laboratorios, el mar, los esteros y los barrios de bajamar se convirtieron en la 'joya de la corona' que se pelean los criminales. En el pasado fue la guerrilla, luego los paramilitares y ahora las llamadas bacrimes.

Desde entonces, la violencia en el puerto sólo ha cambiado de nombre y de modalidad criminal, “porque ahora no quieren que la gente se entere de sus horrendos crímenes”, explicó el sacerdote Jhon Reina, miembro de la Pastoral de Buenaventura (Ver nota).

El sacerdote hace referencia a las desapariciones, un problema tan visible, que ONG como HRW lo incluyó en el 2014 en su informe anual sobre Derechos Humanos, “la situación en Buenaventura es una de las más alarmantes que hemos observado en muchos años de trabajo en Colombia y la región. Tan solo caminar por una calle equivocada puede provocar que uno sea secuestrado y desmembrado”, dijo para entonces José Miguel Vivanco.

De hecho, un documento oficial en poder de esta revista reconoce la existencia del problema de las desapariciones en Buenaventura como una estrategia de los delincuentes por reducir el impacto de sus crímenes y evitar así el accionar de las autoridades.

“La evolución del fenómeno de las desapariciones obedece a una estrategia de los grupos armados generadores de violencia y perturbación de la convivencia democrática en el municipio de Buenaventura, a fin de evitar las acciones disuasivas y reactivas de la fuerza pública a causa del recrudecimiento de los homicidios, esto se ve evidenciado en la reducción de las muertes violentas en los últimos cuatro (4) años”.

El período al cual se refiere el informe es del 2006 al 2010, donde estadísticamente se evidencia la curva. Mientras bajan los homicidios, aumentan las desapariciones.

Sólo por citar un ejemplo, mientras en el 2006 los asesinatos eran 408 casos, las desapariciones apenas llegaban a 42 denuncias. Pero en el 2008 los homicidios bajaron a 206 casos y los reportes de desaparecidos subieron a 182.

Hoy de nuevo esa preocupación está en el ambiente y es una de las inquietudes de las autoridades, “creemos que son personas registradas como desparecidas, pero no tenemos claridad científica si son de este año o de anteriores”, explicó la personera Arroyave.

El coronel Marcelo Rusty, el nuevo comandante de Policía que llegó al puerto hace apenas un mes, muestra con orgullo que en lo corrido de este año los homicidios se han reducido en 11 casos y que oficialmente sólo hay reportes de cuatro desaparecidos.

Quizá las cifras oficiales le dan la razón, pero para los bonaverenses la realidad de la violencia que los azota está enterrada en fosas comunes, como las cuatro que ya desenterraron esta semana.
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