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| 4/14/2012 12:00:00 AM

¿Fracasó la extradición de narcotraficantes?

Los casos de narcos conocidos y otros menos que vuelven al país en pocos años han puesto a hablar al país sobre si es necesario ajustar esta figura. SEMANA cuenta detalles de cómo funciona el sistema y revela casos hasta ahora desconocidos.

Por primera vez, desde que comenzó a aplicarse la extradición de manera masiva en Colombia, los dos más altos funcionarios del Estado relacionados con el tema han dejado ver en los últimos días las grietas que se le están comenzando a ver a esa figura.

Por una parte, el director de la Policía, general Óscar Naranjo, dijo que "hay una preocupación" porque en Estados Unidos "algunos narcotraficantes están pagando penas que para nosotros son inciertas. No tenemos información clara sobre si son largas o si hay acuerdos de libertad vigilada o si realmente se están produciendo excarcelaciones". Y por otra, el ministro de Justicia, Juan Carlos Esguerra, a la pregunta sobre si los narcos ya no le temen a la extradición, respondió: "Sí y no. No le temen porque se percibe que en general las penas son menores que lo que solían ser hace algunos años. Pero los narcotraficantes siguen interponiendo todos los recursos imaginables para impedirla". ¿Qué está pasando? ¿Sí está fallando la extradición?

La racha de críticas se desató porque Phanor Arizabaleta, uno de los hombres que llegó a ser clave en la estructura del Cartel de Cali, fue devuelto a Colombia hace unos días cuando apenas llevaba nueve meses extraditado. El otrora capo fue capturado, con fines de extradición, en septiembre de 2010, lo mandaron a Estados Unidos en junio de 2011 y lo devolvieron hace unas semanas. El embajador de Estados Unidos en Colombia, Peter McKinley, dijo que regresó por "ser un hombre mayor y enfermo. Son casos excepcionales y son poquísimos". Sin embargo, esa explicación no convenció a muchos. La Policía colombiana tuvo que desempolvar un viejo caso de secuestro que tenía pendiente para volver a poner en prisión a Arizabaleta y atenuar así el escándalo de su regreso.

El problema es que el caso de Phanor no es aislado. A él se suman otros capos que han terminado pagando hasta dos o tres años en las cárceles gringas. Algunos, incluso, sin que la opinión pública se entere, ni siquiera llegan a tocar una prisión. Si la teoría que sirvió para justificar la extradición era que el sistema penitenciario de Estados Unidos es más exigente y así se evita que la poderosa mafia se ponga de ruana las cárceles en Colombia, con ese monto para las penas esa excusa ya no funciona. Por lo menos para muchos.

Además de Phanor, en los próximos días se espera que sea liberado Eduardo Restrepo Victoria, alias El Socio, extraditado en diciembre de 2007. Era el hombre fuerte de los narcos en Tolima, tenía nexos con la mafia de Tijuana y por tener vínculos con él fueron condenados los congresistas Luis Humberto Gómez Gallo y Gonzalo García. También acaba de regresar alias El Guacamayo, Carlos José Robayo Escobar, el hombre fuerte del capo Diego Montoya. Estuvo solo seis años en prisión. Y a ellos se suman los casos de Víctor Patiño Fómeque -capo del Cartel de Cali que pagó ocho años de cárcel y salió hace dos- y de otra treintena de narcos que la han sacado barata con la Justicia de Estados Unidos, a los ojos de los colombianos que esperaban condenas ejemplarizantes (ver fotografías).

El caso Phanor terminó de hacer trizas la confianza que se tenía en la figura de la extradición. Con él se ratificaron los temores que cunden hoy en Colombia en el sentido de que los narcos ya se dieron cuenta de que Pablo Escobar no tenía necesariamente la razón cuando decía que era mejor una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos.

En ese entonces, los autodenominados 'extraditables' desataron la más cruenta guerra que la historia de Colombia recuerde. Mataron a tres candidatos presidenciales, a dos ministros de Justicia -otro quedó gravemente herido-, a un procurador, al director de uno de los dos periódicos más importantes del país, a 200 jueces y 500 policías. Explotaron un avión en pleno vuelo y hasta prometieron matar a un estadounidense por cada colombiano extraditado. Precisamente porque fue a costa de todas esas tragedias que se impuso esa figura, y no es de poca monta que Naranjo y Esguerra -a quien como ministro de Defensa de Samper también le tocó lidiar con el tema- hoy estén cuestionándola. Así sea con pinzas.

Hay por lo menos dos nuevas evidencias de que algo está cambiando. En primer lugar, desde junio del año pasado se aprobó una ley que permite la 'extradición simplificada', gracias a la cual los narcos pueden renunciar a que la Corte Suprema revise su caso y el trámite se reduce de seis meses a dos. La novedad es que, de los 158 casos que se han estudiado en los primeros nueves meses, 53 han pedido la vía rápida. Es decir, uno de cada tres ha preferido irse de una vez para Estados Unidos. "Todos ahora están tratando de acercarse lo más rápido posible porque el que primero llega tiene más ventajas: puede dar información que otros no tienen. Los que llegan tarde, como les pasó a Rasguño o a Diego Montoya, no tienen cómo dar datos para bajar sus penas", le dijo a SEMANA un abogado colombiano que trabaja con extraditables.

Y en segundo lugar, varios agentes que descollaron desde el lado del gobierno de Estados Unidos en su lucha contra los narcos ahora -jubilados o retirados- hacen pinitos en asesorías a los extraditables o a sus abogados. Es el caso de Bonnie Klapper, hasta hace un año asistente del fiscal general de Estados Unidos, y Robert Feithel, exfiscal de Nueva York (ver recuadro). Al fin y al cabo también es sustancioso el pago: "Por el caso de un gran capo se paga 500.000 dólares; el de uno mediano, 300.000 dólares, y los otros son de 100.000 o 150.000 dólares. Y a los que no tienen les toca acudir a los defensores públicos", dice un abogado.

¿Cómo funciona?

El terror de los narcos a la cárcel en Estados Unidos comenzó a disiparse cuando los que sirvieron como conejillos de indias demostraron que era más rentable una rebaja en Estados Unidos a una tumba en Colombia. "Todos vieron que mientras a Fabio Ochoa le dieron 30 años, Víctor Patiño salió en ocho por colaborar, y entendieron cuál era el camino. El que colabora tiene una pena 50 por ciento menor en Estados Unidos de lo que puede recibir en Colombia", le dijo a esta revista el abogado estadounidense de origen cubano Humberto Domínguez.

Hay tres grupos de narcos. Los que se adelantan y negocian antes de que los capturen corren con mejor suerte. Logran condenas de muy pocos años y arreglos para quedarse en el país. Como el caso de William Rodríguez, el hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, que pagó cuatro años de cárcel y vive en Miami. Así como Nicolás Bergonzoli, que pagó dos años y montó una cadena de comidas rápidas. Y Orlando Sánchez Cristancho, que montó un criadero de caballos en Florida. En muchos casos de esos no se tiene ni noticia en Colombia: "Seis clientes míos no han pisado la cárcel", explica Domínguez.

El segundo grupo es el de los que capturan pero quieren colaborar con la Justicia. En ese caso todos tratan de que los monten de primeros en el avión para llegar y entregar información antes que otros extraditados. Cada dato vale oro. Lo que contó Patiño Fómeque le valió una gran rebaja y la retaliación cayó sobre su familia. Como ese, hay muchos otros casos de los que el país no se ha enterado. El testimonio de un narco, por ejemplo, sirvió para capturar a cerca de 130 personas en Estados Unidos y por eso su pena terminó siendo mínima. Otro caso es el de Guacamayo, que comandó la guerra de Los Machos contra Los Rastrojos, lo mandaron a Estados Unidos y testificó en los casos de por lo menos cinco narcos más, eso le valió pagar apenas cinco años de prisión. Y el caso tal vez más impresionante fue el de un narco que dio información para destapar cómo el narcotráfico había perforado la más alta esfera de un gobierno extranjero, algo de lo cual no tenía noticia alguna Estados Unidos, y gracias a ello el narco tuvo un paso corto tras las rejas.

La importancia de tener alguna información que le sirva a Estados Unidos es tal que incluso detectaron unos pocos casos en los que extraditables compran en el mercado negro la información que está en los expedientes de otros narcos en Colombia y la entregan en Estados Unidos para recibir rebajas.

También hay quienes entregan montos de dinero importante. Como el propio William Rodríguez, que devolvió 2.000 millones de dólares. O Luis Agustín Caicedo Velandia, al que consideran jefe de la estructura criminal de Daniel 'El Loco' Barrera, que ha entregado de manera controlada en Colombia 137 millones de dólares. O el que delató la caleta con 35 millones de dólares de Los Mellizos.

El tercer grupo es el de los que les va mal. Básicamente porque o no colaboran o no tienen información para dar. En ese grupo están algunos de los capos como Fabio Ochoa (30 años), Don Berna (33 años), Joaquín Mario Valencia (40 años) o Diego Montoya (40 años), este último llegó cuando ya algunos de sus lugartenientes habían dicho todo de él. Y también está el grupo de los 13 jefes paramilitares que extraditó Uribe. Ellos no solo cometieron varios errores en su estrategia jurídica, según los entendidos, sino que no colaboraron al principio. Además, al ser paramilitares, su problema ya no es solo el narcotráfico, sino el terrorismo. Por eso, paradójicamente, al que mejor parece que le va a ir es a Gordo Lindo, que ha logrado demostrar que era narco puro y que simplemente era un colado en la negociación del gobierno con las AUC.

¿Se puede hablar de fracaso?

Si la teoría es que el sistema penitenciario de Colombia no podía aplicarles un castigo ejemplar a los capos y por eso había que extraditarlos, las penas de dos años, o aun las de seis, no ayudan a pensar que los mafiosos tiemblan ante la Justicia de Estados Unidos. Desde ese punto de vista, podría considerarse un fracaso.

Hay casos, incluso, como el de alias Guacamayo que abren un enorme interrogante sobre el impacto que está teniendo el sistema de extradición para Colombia. Como jefe armado de una banda criminal, reconoció en Estados Unidos decenas de asesinatos. Sin embargo, llegó a Colombia y quedó en libertad.

Pero hay otra cara de la moneda. La extradición se ha convertido para Washington -y, como efecto colateral, para Colombia- tal vez en el arma más potente en la lucha contra el narcotráfico. El volumen de información que llevan los narcotraficantes a Estados Unidos sobre sus socios, no solo en Colombia sino en México y en cualquier parte del mundo, es de una potencia extrema. Se ha convertido en un arma de guerra similar a lo que han sido las desmovilizaciones en Colombia: gracias a la información que los guerrilleros han dado, se pudieron dar los mayores golpes a la estructura de las Farc. No sería extraño que precisamente sean los delatores colombianos en Estados Unidos los que hayan ayudado a reducir los carteles en Colombia.

Algo de razón tiene el embajador de Estados Unidos cuando destacó los buenos efectos de la extradición en entrevista con El Tiempo: "La extradición ha sido un ejemplo internacional de cooperación y éxito en la lucha contra la criminalidad y el terrorismo organizado. La idea de impunidad de estos preacuerdos, que son parte del sistema judicial norteamericano, pero también del colombiano, no es ajustada a la realidad". Y agregó que "desde 2007 se han recuperado 3.000 millones de dólares en bienes y dineros, y todo ese dinero y bienes fueron entregados a las autoridades colombianas".
 
Fiscales de hierro ahora abogados de narcos

Al menos dos destacados funcionaros judiciales de Estados Unidos, que combatieron por años a los carteles colombianos, ahora están asesorando a capos criollos.
 
Tanto en Colombia como en Estados Unidos no deja de ser extraño ver que un abogado que durante años trabajó como fiscal antimafia de un momento a otro deje su cargo y pase de perseguir y encarcelar mafiosos a defenderlos y asesorarlos. En la Justicia estadounidense hay dos claros ejemplos que han llamado la atención, pues se trata de dos exfiscales norteamericanos que durante casi dos décadas fueron los más temidos por los capos colombianos. El primero de ellos se llama Robert Feitel, fue fiscal del distrito de Columbia y hace dos años se retiró. Se hizo relativamente popular en el país, pues en el último año asumió la defensa del narcotraficante Víctor Patiño, alias el Químico. La otra funcionaria es un poco más conocida en el ambiente judicial estadounidense y colombiano. Se trata de Bonnie Klapper, conocida como la fiscal de hierro. Desde la década de los noventa fue la encargada de llevar casos contra integrantes del cartel de Cali hasta los llamados narcos de última generación. Hace menos de un año se retiró de la Fiscalía y el jueves de la semana pasada fue vista entrando a la cárcel La Picota a visitar a Andrés Arroyave, alias La Máquina, un narco capturado hace poco por la Policía. Para los narcos colombianos hay ventajas obvias al contar con la asesoría legal de exfiscales gringos, pues no solo conocen a la perfección el sistema, sino que tienen los contactos en las cortes norteamericanas. Algo por lo que están dispuestos a pagar muy bien los capos.
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