Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1999/08/30 00:00

FRONTERA CALIENTE

A la incertidumbre colombiana sobre lo que pueda pasar en Venezuela se suman recientes <BR>incidentes con el vecino país.

FRONTERA CALIENTE

Las relaciones fronterizas de Colombia y Venezuela no han estado nunca exentas de
problemas. Pese a los innegables avances que ha logrado la comisión negociadora del diferendo,
creada por los dos países, los incidentes siguen siendo recurrentes. Por eso causó tanto malestar
entre las autoridades colombianas la afirmación que hizo la semana pasada el canciller venezolano, José
Vicente Rangel, al ser interrogado por los periodistas sobre un supuesto sobrevuelo de aviones de ese
país en Norte de Santander. "Los colombianos están viendo ovnis", dijo Rangel. "Parece que allá hay
personas que tienen más imaginación que García Márquez".Porque la verdad es que, de acuerdo con la
información que manejan las autoridades colombianas, en las últimas semanas han ocurrido varios
sobrevuelos venezolanos en jurisdicción del municipio de Tibú. El primero de ellos ocurrió el pasado 22 de
julio a las 11:30 de la mañana. Según el reporte oficial, tres aviones del tipo F-16, pertenecientes a las
Fuerzas Armadas de Venezuela, con camuflaje en su parte exterior, irrumpieron de forma intempestiva
sobre territorio colombiano, causando gran alarma entre las autoridades. Según los informes oficiales los
aviones sobrevolaron a una altura inferior a los 3.000 pies. De acuerdo con la información suministrada por
las autoridades militares de la zona _que fue puesta a disposición de la Cancillería colombiana a raíz del
incidente_ las aeronaves habrían ingresado unos 35 kilómetros en jurisdicción de Tibú. El acceso y la
consecuente violación del espacio aéreo colombiano se realizó por el sector conocido como Vetas de
Oriente. Los aviones pasaron luego por Tibú y Campo Dos para salir nuevamente a territorio venezolano por el
sitio Tres Bocas (ver mapa). Esta misma operación habría sido realizada por las naves venezolanas en otras
tres oportunidades, la más reciente de ellas el 27 de julio. Armas a discreciónOtra fuente de tensión entre las
dos naciones ha sido el creciente tráfico de armas venezolanas hacia las Farc. Aunque las autoridades de
ese país han sido reacias a reconocer públicamente que haya vínculos entre traficantes venezolanos y
guerrilla colombiana, lo cierto es que los organismos de seguridad colombianos tienen evidencias que indican
que la existencia de estos vínculos es estrecha y preocupante. Entre las distintas armas incautadas a
las organizaciones subversivas colombianas se encuentran fusiles FAL y AK-47, ametralladoras M-60,
granadas, pistolas Browing, subametralladoras Miniuzi y cerca de 35.000 proyectiles procedentes del
vecino país.Según las autoridades el frente 16 de las Farc, que opera en el Vichada y cuyo comandante es
Tomás Molina Caracas, conocido como el 'Negro Acacio', realiza permanentes operaciones en la frontera
con Venezuela. Otro de los jefes de ese grupo, según las autoridades, era Josué Eliseo Prieto, alias
'Comandante Esteban', considerado como uno de los jefes de finanzas de las Farc. El otro cabecilla es
conocido como 'Chiguere', quien estuvo detenido un tiempo en Venezuela pero que se fugó al parecer con
la complicidad de los guardias de una prisión en Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas.'Esteban' fue
muerto por hombres de la IV División del Ejército el pasado 26 de mayo en un operativo realizado entre los
municipios de Garcitas y Totumo (Vichada). En la operación fueron capturados cuatro ciudadanos
venezolanos. No obstante, algunas autoridades de ese país denunciaron que en el lugar no se hallaban
cuatro personas sino ocho. De éstas habría dos desaparecidas y dos muertas sobre las cuales las
autoridades colombianas no tienen reportes. Este hecho originó una nota de protesta del gobierno
venezolano a la Cancillería colombiana. Los agentes venezolanos sostienen que los detenidos habrían sido
sometidos a torturas y malos tratos.De acuerdo con las autoridades colombianas, 'Esteban' tenía la misión de
comprar 5.000 fusiles para ser llevados a la zona de despeje. Las armas ingresarían por vía aérea y fluvial. Una
parte sería arrojada desde pequeñas avionetas a los Llanos del Yarí y otra trasladada por vía fluvial hasta
San José de Ocuné y Barranco Mina por hombres del 'Negro Acacio'. Algunas de estas armas, según
informantes de las autoridades, serían vendidas a los habitantes de la zona de distensión por 1.200.000
pesos cada fusil. Al parecer los habitantes de Vistahermosa habrían sido los primeros en recibir las
armas, según autoridades judiciales.Un tema delicadoPero el asunto parece mucho más delicado que el
simple vínculo entre traficantes de armas venezolanos y guerrilleros colombianos. De acuerdo con las
investigaciones realizadas por las autoridades colombianas uno de los comandantes de esa cuadrilla es
venezolano. Se trata de Rubén Darío Bravo Gómez, alias 'Malandro', sobre quien pesa una orden de captura
por tráfico de drogas expedida en octubre de 1997 por la Fiscalía 19, perteneciente a la Dirección Regional de
Fiscalías de Oriente.El caso más llamativo, sin embargo, es el del teniente Francisco Javier León Paolini,
oficial de la Guardia Nacional de Venezuela, ex comandante del puesto militar de Buenavista, quien durante
el segundo semestre de 1994 se fugó con todas las armas de los hombres a su mando y se las vendió al
'Negro Acacio' por cerca de 200 millones de pesos. A raíz de este hecho al teniente León se le abrieron
dos procesos en Colombia. El primero por tráfico de armas por parte de la Fiscalía Regional de Bogotá y el
segundo por rebelión. Al ser capturado por la Policía, en los primeros meses de 1997 en Granada (Meta),
León admitió el primero de los cargos y negó el segundo cargo. En la actualidad el oficial está detenido en una
cárcel colombiana. Contra León existe un proceso por traición a la patria en el vecino país.Es claro que el
tráfico de armas hacia Colombia no cuenta con el respaldo institucional de las autoridades de Venezuela.
Pero el reto para ambas naciones es crear un gran frente común que permita acabar de una vez por todas
con la mafia que se ha creado en torno al comercio ilegal de todo tipo de armas.

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