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| 7/26/1993 12:00:00 AM

Frontera corrediza

El incidente de Andrés Pastrana con Venezuela, lo que pone en evidencia es que Colombia pierde cada vez mas terreno.

EL EPISODIO QUE SE VIVIO LA SEMANA EN torno a la "pausa pactada" propuesta por Andrés Pastrana, tiene mas alcance que la simple metida de pata de un candidato. La salida de Andrés puso en evidencia la progresiva pérdida de terreno que Colombia esta viviendo en su disputa limítrofe por áreas marinas y submarinas en el golfo de Venezuela o Coquivacoa. La aspiración histórica de Colombia había sido la simple aplicación del derecho internacional a través de la denominada Línea Media, ubicada por debajo del paralelo de Castilletes. La aspiración venezolana, por el contrario, era que la frontera marítima fuera la extensión de la frontera terrestre, la cual quedaría por encima del paralelo de Castilletes.
En 1980, los gobiernos de Julio César Turbay y Luis Herrera Campins acuerdan una nueva delimitación que es una transacción entre estas dos aspiraciones y que es conocida como "La Hipótesis de Caraballeda".
La frontera se trazaría por el paralelo de Castilletes. renunciando Colombia a un área de 800 kilómetros cuadrados. Por múltiples razones el proceso fracasa, y desde ese momento el paralelo de Castilletes acaba convirtiéndose en la frontera sicológica y en el meollo del conflicto. Esta línea, que había sido aceptada por los negociadores colombianos como una con cesión dentro de una negociación que fracasó, acabó convirtiéndose para los venezolanos, a partir de ese momento, en la aspiracion colombiana.
Hace apenas ocho años, siendo canciller de Colombia, Augusto Ra mírez Ocampo hizo un cruzero de reconocimiento en un buque de guerra llegando hasta el paralelo de Castilletes. El episodio incomodó a los venezolanos pero no se llegó ni siquiera a una nota oficial de protesta. El hecho de que un ministro de Relaciones colombiano pudiera transitar en las cercanías de la zona, o reclamar que lo había hecho, era por lo menos factible en 1985, aunque a los venezolanos no les gustara.
Todo esto cambió con el episodio de la corbeta ARC Caldas. Fue tan grave lo que sucedió en esa ocasión y tan confusa la explicación, que en Colombia las implicaciones de este hecho no llegaron a registrarse en su dimensión real. En agosto de 1987 la corbeta ARC Caldas, mientras realizaba un patrullaje, cruzó al sur del paralelo de Castilletes en aguas consideradas por Venezuela como suyas.
Fue enfrentada por la marina venezolana y le tocó navegar hacia el norte hasta quedar sobre el paralelo de Castilletes. Ahí, bajo amenaza de guerra de la armada venezolana, el presidente Virgilio Barco ordenó el retiro de la nave.
A partir de ese momento Venezuela ha ejercido una posesión de facto sobre aguas que eran consideradas en disputa.
Hoy, hacer el viaje que hizo Augusto Ramírez en 1985 es una imposibilidad militar.
La Hipótesis de Caraballeda a pesar de haber fracasado dejó una nueva frontera de hecho a favor de Venezuela. Lo que hay de Castilletes para abajo, considerada antes zona en litigio, ahora se está convirtiendo en zona prohibida. En otras palabras, los venezolanos están corriendo hacia arriba lo que reconocen como zonas en disputa. Por las vías de hecho están convirtiendo las aguas en litigio en aguas venezolanas y las aguas colombianas en aguas en litigio.
Por esto, pedir que se congele la situación ahora como lo ha pedido Andrés Pastrana, no es lo mismo que pedirlo hace unos años, pues después del incidente de la corbeta Caldas el statuto quedó a favor de Venezuela.
Congelarlo sería jugarle a los intereses venezolanos, cuya estrategia es prolongar indefinidamente una situación de hecho para posteriormente invocar un derecho.

El torpedo Andrés
PARECIA UN capítulo más de la vieja y conocida historia. Al aproximarse las campañas electorales en Colombia y en Venezuela se agitaron las aguas del debate sobre el diferendo limítrofe que existe entre los dos países. Y, sin embargo, se trataba de una versión aumentada y bastante corregida.
Por primera vez fue en Colombia donde se sacudió el avispero, y no en Venezuela, donde tradicionalmente se ha apelado al nacionalismo como bandera electoral. El senador Andrés Pastrana, en carta al presidente César Gaviria, propuso una "pausa pactada" en las negociaciones que se vienen llevando a cabo desde hace tres años entre los dos países. La idea, además de la pausa, incluía acuerdos para realizar un patruIlaje conjunto de las áreas en litigio y para explotar los recursos de pesca.
El candidato de la Nueva Fuerza Democrática había recibido una creciente presión para que hablara. La estrategia silenciosa lo mantenía en el primer lugar de todas las encuestas, por lo que sus rivales fueron coincidiendo con críticas al unísono por su falta de ideas y de pronunciamientos.
El tema de Venezuela parecía perfecto para cortar de raíz la pequeña bola de nieve. Se trataba de un asunto de "alta política", que permitía construir una propuesta equilibrada con elementos "galanistas" (la congelación) y "londoñistas" (el patrullaje en las áreas de conflicto), como para satisfacer a todo el mundo.
Paradójicamente, la propuesta logró un efecto contrario al que buscaba:
descongeló el tema. En días anteriores el presidente interino de Venezuela, Ramón J. Velásquez, había dicho que "los problemas de delimitación con los países vecinos, el problema de las áreas marinas y submarinas, van a ser materia del próximo gobierno ". Y el propio presidente Gaviria, durante su gira por las áreas colombianas del mar Caribe, había dicho: "No podría decir que en lo que resta de mi administración podamos llegar a un acuerdo sobre áreas marinas y submarinas con Venezuela". Es decir, los comisionados colombo-venezolanos estaban actuando de hecho sobre la base de que sus acuerdos no se llegarían a concretar durante los actuales gobiernos en los dos países.
Pero la propuesta de Pastrana, justificada en la necesidad de sacar tan espinoso tema del debate electoral, generó todo tipo de reacciones tanto en Colombia como en Venezuela. En el veino país, el Golfo volvió a los titulares de los medios de comunicación hasta el punto de que se canceló una visita prevista del candidato de Acción Democrática, Claudio Fermín, a Bogotá, y otra que el propio Andrés Pastrana estaba programando para Caracas.
Diversos comentaristas desempolvaron sus viejos argumentos sobre la materia, los grupos anticolombianos encontraron un momento propicio para hacerse oír, y hasta los miembros del alto mando militar se enfrascaron en una polémica discusión sobre el significado de las diferentes posibilidades de patrullaje conjun to, combinado, coordinado que se podían considerar.
En realidad, lo que precipitó la tormenta fue el hecho de que la propuesta de Andrés implicaba introducir una corbeta en las aguas tormentosas del debate político. La eventualidad del patrullaje, así fuera acordada, para los venezolanos significaba el recuerdo de una imagen que estuvo a punto de llevar a los dos países a una guerra en 1987: la de la corbeta Caldas. Y en los actuales momentos, cuando Venezuela ha sido golpeada por 15 meses de agitación, rumores, 'cacerolazos" y hasta tres cambios de presidente, los nervios no estan propiamente para cucharas.
Pues otra gran paradoja de todo el episodio fue que en un debate que todo el mundo consideraba conveniente evitar, todo el mundo terminó expresando su opinión sobre los interrogantes mas sensibles: quién patrulla y dónde. En el fondo, estos dos aspectos conducen directamente a la propia delimitación de áreas marinas que no se ha podido hacer después de 30 años de negociaciones.
Hacia mediados de la semana pasada la comisión negociadora hizo publico un pronunciamiento conjunto en el cual anunció que seguiría tratando los temas que le han asignado, pero que "se abstendrá de presentar propuestas de solución y proyectos de acuerdo ' a los presidentes. Así mismo, en forma escueta pero tajante, le formuló un tirón de orejas a los candidatos presidenciales de ambos países, acompañado de una exhortación que no obstante su lenguaje diplomático invitaba a no hacer demagogia con el tema.
Por qué hizo Andrés Pastrana lo que hizo? Muchos han llegado a creer que se debe a falta de experiencia e ingenuidad. Sin embargo, para otros, tanta ingenuidad resulta sospechosa. No sólo cuenta en materia de relaciones exteriores con asesores internacionales de mucho calibre, sino que tiene también a su favor la experiencia y el conocimiento que tiene su padre en estas materias. De todas formas parecería imposible que personas conocedoras del problema le dieran luz verde a una propuesta tan candida. Hablar de patrullaje conjunto en aguas en disputa es considerado hoy, en Venezuela, como una declaración de guerra. Si se pudiera, el problema limítrofe estaría practicamente resuelto. Y pedir simultáneamente que se congelen las negociaciones bajo estos términos sería pretender resolver con una frase de campaña lo que no han podido resolver 10 gobiernos en 40 años.
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