Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1988/12/05 00:00

FUERA DE LUGAR

El secuestro de Armando Pérez, una nota más en el turbio escenario del fútbol.

FUERA DE LUGAR

En un país que ha padecido casi todas las modalidades de secuestros, era poco lo que faltaba por ver. Acostumbrado ya a que se secuestren jueces, políticos, industriales, niños y ancianos, la semana pasada se inauguró en Colombia una nueva modalidad: el secuestro de árbitros. El pasado martes 1° de noviembre en horas de la noche, cuando regresaba a Medellín luego de asistir en Bogotá a una reunión en la rectora del fútbol, la Dimayor, fue secuestrado el árbitro de fútbol Armando Pérez, mientras se dirigía del aeropuerto a la ciudad. Eran aproximadamente las 7 y media de la noche y el árbitro y maestro universitario se movilizaba junto con sus colegas Rubén Darío Sánchez y Octavio Sierra, en el carro de este último, cuando fueron sorprendidos por hombres armados que los detuvieron. Sánchez y Sierra fueron obligados a descender del vehículo, mientras Pérez fue retenido y encapuchado.
Las cosas se aclararon 20 horas después, el miércoles por la tarde cuando Armando Pérez fue puesto en libertad en Medellín. Según el relato del juez, sus captores lo llevaron a una casa en la que se le mantuvo atado de pies y manos a la espera de una llamada telefónica en la que se le daría un mensaje para árbitros y equipos que participan en el torneo octogonal. El suspenso acerca del mensaje se mantuvo hasta el pasado jueves a las 11 y media de la mañana, cuando el árbitro dio una rueda de prensa en la que hizo público el mensaje. Se trataba de una amenaza concreta contra los jueces que actúen mal en el campeonato y de una acusación directa contra los equipos América y Santa Fe por la compra de árbitros.Según Pérez, las acusaciones fueron hechas por una misteriosa voz telefónica que se comunicó con él en dos ocasiones durante el cautiverio, y que le dijo que el hecho era el resultado concreto de lo ocurrido hace algunos días en Armenia, cuando el encuentro entre Quindio y Santa Fe acabo en batalla campal por culpa del excesivo alargue decretado por un árbitro. El hombre del teléfono se identificó como vocero de los equipos Millonarios, Nacional, Quindío, Pereira, Cúcuta y Junior, que segun él se han visto afectados por arbitrajes amañados. Al secuestro del juez se sumó la aparición ese mismo día en el periódico El Tiempo, de una columna firmada por Francisco Santos Calderón en la que bajo el título de "El mal olor en los estadios", hacía una serie de denuncias sobre el arreglo de partidos con la compra de jueces y jugadores, apoyado en el testimonio de árbitros y directivos, que prefirieron mantener en reserva sus nombres.
Lo cierto es que, fuera de la amenaza directa de "borrar a los árbitros" deshonestos, las acusaciones fueron generales y ambiguas. No se dieron nombres de jueces corruptos, no se mencionaron casos concretos de partidos comprados, ni se dio la identidad de los directivos que arman las componendas, lo que llevó a muchos a pensar que podía tratarse de un episodio más en la ya famosa guerra entre carteles. De inmediato la Dimayor, por intermedio de Jorge Correa Pastrana, condenó el secuestro y negó que el soborno de árbitros existiera actualmente en el fútbol nacional, mientras que los seis clubes que supuestamente promovieron el secuestro se pronunciaron en contra de la versión y afirmaron no tener nada que ver en el hecho. Por los lados de Santa Fe y América, sus directivos negaron las acusaciones y, en el caso del América, la gerente Beatriz Uribe de Borrero dijo a los medios de comunicación que el único delito que ha cometido su equipo es "el de haber sido el mejor de Colombia en los ultimos diez años".
Poco o nada estaba claro al terminar la semana pasada. Que en el fútbol hay cosas turbias, es algo que se sabe desde cuando el entonces ministro de Justicia Rodrigo Lara, habló de "dineros calientes" en varios equipos. Y cuando hay plata sucia, todo lo demás se puede corromper, inclusive los árbitros. Pero de ahí a asumir que ellos son los culpables -y no unas víctimas más- hay mucho trecho. El trecho que quisieron recorrer los secuestradores de Armando Pérez, inaugurando una nueva modalidad de secuestro en un país que creía haberlas ensayado ya todas.

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