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| 10/12/1998 12:00:00 AM

FUERA DEL AIRE

La demora en el nombramiento de un consejero de comunicaciones le ha salido cara al nuevo gobierno.

Si había un tema en el que nadie esperaba que fallara el presidente Andrés Pastrana era en el de la imagen. Un hombre que ha construido su carrera política a través de los medios de comunicación no podía descuidar su relación con el público al llegar al primer cargo del país. Sin embargo, para sorpresa de muchos, se empieza a hablar prematuramente de la corta luna de miel y buena parte de la responsabilidad de que esto esté pasando puede estar en el hecho de que no hay una política clara de comunicación y de proyección de la imagen del Presidente dentro del gobierno. Por primera vez en la historia reciente de Colombia una administración recibe balances tan duros de los medios de comunicación apenas 30 días después de la posesión presidencial. Los titulares de periódicos y noticieros hoy no se parecen en nada a los que se vieron durante las prolongadas lunas de miel de los gobiernos Barco, Gaviria e incluso Samper, con todo y escándalo de narcocasetes a bordo.
Es cierto que la sombra de la polarización sigue existiendo y que el gobierno recibió una economía en ruinas. Pero es exactamente en esos momentos difíciles cuando la imagen de un presidente tiene que estar más cuidada y sólida que nunca. Precisamente las dificultades, las decisiones impopulares y las crisis miden la capacidad de comunicación de un líder. No hay mejor ejemplo en el momento que el caso del presidente Bill Clinton, quien en medio del episodio más escandaloso en la historia de Estados Unidos conserva unos niveles de aceptación gigantescos, solo entendibles por el trabajo de su staff de comunicaciones, dedicado a cambiar versiones y a resaltar sus logros por encima del escándalo.
Es evidente que en el gobierno Pastrana no existe una política clara en materia de comunicaciones. Cada vez que se aborda un tema en los medios aparece la versión de la oposición, mientras que la opinión del gobierno solo brilla por su ausencia. No ha existido de parte de la administración lo que los norteamericanos llaman spin, que no es otra cosa que darle a los hechos el giro de interpretación que conviene al Ejecutivo. La ausencia de un consejero para las comunicaciones le ha ocasionado varios perjuicios al gobierno: en primer lugar los medios no tienen acceso a un interlocutor permanente que pueda entregar la versión off the record de cada asunto y en esa medida se ven precisados a registrar más la opinión de los que están en desacuerdo con las medidas que la de quienes las expiden. En segundo término, no hay nadie encargado de coordinar la comunicación de los diferentes despachos públicos cuando existe la necesidad de una reacción inmediata.
Como si fuera poco, las intervenciones del Presidente en televisión no han sido particularmente impactantes y, por el contrario, han adolecido de fallas tanto en el contenido como en la forma. La última de ellas, emitida horas después de la promulgación del duro paquete de medidas económicas, mostró a un mandatario hablando en tono coloquial de su visita al _frica, como si quien escribiera estos discursos no estuviera al tanto de las verdaderas inquietudes de un país agobiado por el desempleo y la recesión. Además los encargados de la forma han cometido varios errores conceptuales: en la primera alocución el presidente Pastrana apareció en el mismo escritorio y con la misma decoración que usaba Samper. Esta falla desborda el aspecto puramente cosmético. En ningún caso puede ser bueno para el 'presidente del cambio' compartir escenario con su antecesor. Se apeló al viejo recurso de las disolvencias televisivas que hacen poco convincente que el mandatario esté hablando en directo y durante unos segundos eternos Pastrana, que ha sido siempre un mago para manejar la televisión, estuvo 'perdido de cámara', sin contacto visual con los televidentes.
Evitar que este tipo de cosas sucedan es precisamente la función de un consejero de comunicaciones. Esto contrasta con el hecho de que en materia de información la Secretaría de Prensa de Palacio está funcionando muy bien, como se evidenció en el reciente viaje presidencial al _frica. Otto Gutiérrez, el actual secretario de Prensa, lleva 15 años con Andrés Pastrana y es un buen amigo y confidente del mandatario. Su labor para facilitar el trabajo de los medios ha sido reconocida tanto en la campaña como en el gobierno. Pero la función de un secretario de Prensa no es la de trazar una estrategia de comunicación.
En el pasado, el gobierno que mejor ha manejado el tema de las comunicaciones estratégicas fue el de Gaviria. Eso explica en buena medida los altos niveles de popularidad con los que terminó su mandato a pesar de haber atravesado duras pruebas como las del apagón o la fuga de Pablo Escobar. El gobierno de Samper, a pesar de sus grandes inconsistencias, conservó una línea en el área de comunicaciones. Pastrana solo cuenta con un equipo de asesores que desde afuera del gobierno lo asiste en temas de imagen, y éste no puede reemplazar la función de una persona que trabaje tiempo completo en diseñar y hacer cumplir una estrategia .
Lo cierto es que el gobierno no puede esperar más para nombrar un consejero que se encargue de subsanar estos vacíos. El candidato al cargo, además de conocer bien el oficio, tiene que contar con la total confianza del Presidente. Una persona de estas características logrará enderezar la actual situación para que lo sucedido hasta hoy parezca simplemente un mal comienzo.
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