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| 4/21/1997 12:00:00 AM

FUJIMOCKUS

El actual alcalde de Bogotá tiene buenas posibilidades de ser el sucesor de Ernesto Samper.

Antanas Mockus nunca ha pensado en ser vicepresidente ni de Alfonso Valdivieso ni de nadie. Lo que quiere es ser Presidente de la República. Y de pronto lo logra. La versión de su disponibilidad como 'copiloto' no es más que un recurso de comunicación. Como la bajada de pantalones, la espada rosada o la pirinola. Con ese truco publicitario no solo quedó con una imagen de político no ambicioso, sino que de pasada logró ganarse la simpatía de los seguidores del Fiscal. Simultáneamente, esta estrategia le sirvió para distraer la atención de la opinión pública sobre algo que había prometido no hacer: dejar botada la Alcaldía en mitad del camino para ir a buscar la Presidencia. Lo sorprendente de toda esta estrategia no es que la haya intentado sino que le haya resultado. Mockus es considerado por muchos un payaso, pero su candidatura no es una payasada. Es de las más viables que hay hasta ahora sobre el tapete. Las encuestas realizadas al día siguiente de su anuncio a primera vista no parecían muy alentadoras. Registraban que la mitad de los bogotanos aprobaban su decisión y la otra mitad la reprobaban. Sin embargo los especialistas que analizan con más profundidad este tipo de cifras llegaron a la conclusión de que las perspectivas del alcalde son muy buenas. Las cifrasEnfrentado contra cada uno de sus posibles rivales, les gana a todos menos a Valdivieso. Frente a Horacio Serpa, que algunos consideran inderrotable, su ventaja es de 49 por ciento contra 31 por ciento. A Noemí Sanín la supera con un 49 por ciento contra un 33 por ciento. Y a Andrés Pastrana lo aniquila con un 68 por ciento contra un 18 por ciento. Su única derrota es frente a Valdivieso, por un margen de 39 por ciento contra 45 por ciento. Aunque las anteriores cifras corresponden sólo a Bogotá, no dejan de ser significativas, pues Mockus tiene más resistencias en la capital, donde ha sufrido el desgaste del poder, que en el resto del país donde se registra más su carisma que su gestión. Los politólogos miden las posibilidades presidenciales por la relación que existe entre los índices de favorabilidad y desfavorabilidad de la imagen de los candidatos. Bajo este parámetro, el alcalde cuenta con cifras muy positivas. Su índice de favorabilidad es de 59 por ciento y el de desfavorabilidad es de 34 por ciento. Otra vez, de todos los candidatos sólo lo supera Valdivieso con una proporción de 68 por ciento de favorabilidad contra 21 por ciento de desfavorabilidad. A estas alturas de la contienda electoral, siempre se dice que todo es prematuro y que cada encuesta no refleja más que la radiografía de un día. Sin embargo, la candidatura de Mockus tiene particularidades propias que permiten hacer especulaciones favorables para él. Del Fiscal se ha afirmado que es más importante el cargo que la persona. En otras palabras, que el Fiscal General de la Nación es más importante políticamente que el ciudadano privado Alfonso Valdivieso. Con Mockus pasa lo contrario. Su prestigio radica exclusivamente en su personalidad y no en su gestión como alcalde de Bogotá. En ese cargo ha demostrado ser un funcionario muy responsable pero un mal ejecutivo. Si los colombianos van a votar por él para Presidente de la República, no es porque Bogotá esté bien. Es porque se bajó los pantalones, porque monta en bicicleta y porque hala excusados en público. Los que creen que estas payasadas son su debilidad, se equivocan. Son su fuerte. Los colombianos tienen en la actualidad tal grado de rechazo frente al sistema, que exigen algo diferente. Y Mockus, de todos los candidatos que hay sobre el tapete, es el más diferente. Los seguidores de Serpa confían en que el carisma de su candidato y la fuerza de su maquinaria finalmente se impondrán sobre la 'coalición conspiradora' que hoy respalda a Valdivieso. Los seguidores de Valdivieso, por su parte, consideran que los 'colombianos de bien' todavía tienen que ser mayoría sobre la 'narcotenaza serposamperista'. La mayoría de las cábalas políticas hasta la fecha giran alrededor de cuál de estas interpretaciones de la realidad nacional se impondrá en las urnas. Es posible que el anterior análisis esté errado. Que ni el electorado de Valdivieso pueda derrotar al de Serpa, ni el de Serpa a Valdivieso. No es de descartar que la mayoría de los colombianos quieran derrotarlos a ambos, y de ser ese el caso el hombre puede ser Mockus. Para muchos la polarización del país está llegando a convertirse en una guerra civil no declarada. La forma de doblar esa página y dejarla atrás no es con la derrota electoral de un bando sobre el otro. Eso funciona en circunstancias políticas normales, pero no en las actuales, donde las heridas son demasiado profundas. Es posible que la reconciliación nacional requiera un tercero. Terceros hay muchos, pero Mockus les lleva ventaja a todos. El estado de ánimo del electorado es de protesta antisistema. El encarna este sentimiento más que cualquiera. Carlos Lleras y Juan Manuel Santos tienen a su favor no haber sido protagonistas dentro de la crisis, pero son víctimas de la asociación con el sistema que significan sus apellidos. Humberto de la Calle, con su paso por la vicepresidencia, ha sido demasiado protagonista de la crisis como para ser considerado una alternativa. Noemí Sanín, por ser mujer, podría simbolizar el clamor por algo diferente, pero se enfrenta a la desventaja de haberse alineado con uno de los dos bandos. Andrés Pastrana puede hasta ser considerado víctima del proceso 8.000, pero en ningún caso un personaje ajeno a éste. El independienteMockus sí ha sido ajeno a todo. Como salió de la nada políticamente nunca ha tenido que distanciarse de Samper. La gente ni siquiera sabe si es liberal o conservador. A las próximas elecciones muchos candidatos se van a presentar como independientes y suprapartidistas. Sin embargo sus hojas de vida no van a corresponder a estas palabras. Mockus es auténticamente independiente y suprapartidista. Como la Alcaldía es un puesto de elección popular no le debe su cargo a nadie. Ninguno de los dos bandos lo rechaza. La Colombia de Valdivieso prefiere que gane Mockus a que gane Serpa. La Colombia de Serpa también lo prefiere a Valdivieso. Ninguna de las dos se sentiría pisoteada si gana. La pregunta es si es posible que gane. Cada cuatro años en Colombia se anuncia la llegada de una nueva era en que el voto independiente derrota a las maquinarias. Nunca ha pasado a nivel presidencial. No pudieron personajes con mucho arraigo popular en su momento como Galán y Navarro. En algunas elecciones para alcalde, como la de Bernardo Hoyos en Barranquilla y los alcaldes de Cúcuta, Sogamoso y La Dorada, sí se ha presentado el fenómeno. El triunfo más grande en ese sentido, sin embargo, fue el que orquestó el propio Mockus en Bogotá. Sin dinero y sin maquinaria obtuvo medio millón de votos. Para que llegue a la Presidencia se necesita que el milagro de Bogotá se multiplique en todo el país. No es fácil, pues se requieren dos requisitos: en primer lugar, que el estado de ánimo de rechazo al sistema sea uniforme en todo el territorio nacional. En segundo lugar, que este sentimiento se exprese a través del voto de opinión. Lo primero es más fácil que lo segundo. Es previsible que en 1998 todos los colombianos estén hastiados con cuatro años ininterrumpidos de crisis política. Lo que no es tan fácil es que esto se traduzca en un voto de protesta en todo el país. En las zonas urbanas, que son un 70 por ciento de la población, lo habrá sin ninguna duda, pero en las zonas rurales la regla general es que sin cacique no hay votos. Mockus, por lo tanto, se enfrenta a una contradicción. Si hace una campaña tan vertical como la que hizo para la Alcaldía de Bogotá, no llenará los requisitos logísticos para movilizar el voto en un 30 por ciento de la población. Si negocia con los políticos apoyos regionales, dejará de ser Mockus. El presidente peruano Alberto Fujimori, a quien quiere parecerse, enfrentó el mismo problema. Optó por mantener su posición vertical de distanciamiento frente a la clase política tradicional. Esa estrategia le dio resultado. Después de obtener una menor votación en la primera vuelta frente a Vargas Llosa, la mayoría de los votos de los derrotados en la primera vuelta se fueron al japonesito para trancar al escritor. Mockus aspira a que esto mismo suceda en Colombia. Que en una segunda vuelta el grueso de los votos de los otros precandidatos rodeen al lituano. No es fácil que suceda. Pero no es imposible. Mockus encarna más que cualquiera el estado de ánimo de protesta antisistema
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