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| 4/18/1983 12:00:00 AM

FUTURO INCIERTO

A pesar del resultado de la Junta de Parlamentarios el partido liberal enfrenta una etapa de gran incertidumbre.

Tal como estaba previsto tuvo lugar la anunciada Junta de Parlamentarios Liberales,en la cual se haría efectiva la aplazada renuncia del ex presidente López Michelsen. El ambiente sombrío y las curules vacías que se habían presagiado no tuvieron lugar. De un total de 175 parlamentarios liberales asistieron 136, desvirtuando en parte la teoría de la atomización del partido en tres fracciones. En términos generales, se podría afirmar que el oficialismo salió más fortalecido de lo que se podría esperar en esta etapa y que los movimientos encabezados por los senadores Luis Carlos Galán Sarmiento y Alberto Santofimio Botero no contaban con la representatividad parlamentaria que algunos les atribuían. El Nuevo Liberalismo parecía mantenerse en su veintena de congresistas elegidos en las últimas elecciones, mientras que la fogosa alternativa liberal de Santofimio se encontraba por debajo de esta cifra.
Después de que López diera lectura a un breve documento defendiendo las dos últimas administraciones liberales y haciendo un llamado a la unión se procedió a la elección de los miembros de la Comisión Política Central que hará las veces de Dirección Nacional Liberal hasta las elecciones de mitaca, en 1984. La selección de miembros, producto de los tradicionales forcejeos y transacciones, es una combinación de equilibrio regional, grandes electores y representatividad de los ex presidentes López y Turbay. Como hecho excepcional, de los ocho miembros dos resultaron ser de Boyacá: el senador Jaime Castro, cercano a, López, y el ex senador Jorge Perico Cárdenas, cercano a Turbay. Los seis restantes fueron el presidente del Senado, Bernardo Guerra, número uno en el país a nivel de votos regionales, José Name Terán, numero uno en la Costa, el veterano senador por Risaralda Oscar Vélez Marulanda; el representante por Santander, Horacio Serpa; el senador por el Valle José Fernando Botero, y la aguerrida representante por el Quindío, Lucelly García de Montoya.
No obstante el beneplácito en las filas oficialistas, para otros sectores de la opinión pública se trataba de un grupo de ilustres desconocidos o, menos benévolamente, de representantes del denominado "clientelismo". El Espectador en su editorial del 18 de marzo decía: "Eligió lo que debía elegir: una comisión política de la más pura cepa clientelista..." mientras El Tiempo en el editorial del mismo día anotaba: "En el seno del Parlamento existen personalidades que, a nuestro juicio, tienen muchísimos más méritos intelectuales y personales para ocupar tan importante posición".
Cumplida la elección de la Comisión Política Central, la Junta se enfrascó en el inevitable debate en torno a las relaciones entre el partido y el gobierno. Hubo un agitado debate originado en una sorpresiva proposición de los senadores José Guerra Tulena y José Manuel Arias Carrizosa, en la cual simultáneamente pedían cambio en la "orientación" que se le dará al partido en adelante y --curiosamente- "respaldo político, apoyo, y colaboración al gobierno".
Esta propuesta fue negada y se aprobó en cambio una sustitutiva presentada por el senador antioqueño Jorge Valencia Jaramillo, ratificando la fórmula de apoyo personal y técnico y no político que el liberalismo ha practicado desde el inicio de este gobierno.
Aun cuando el resultado de la Junta de Parlamentarios podría considerarse satisfactorio, no se puede decir lo mismo del estado de salud del partido en la actualidad. El repunte del oficialismo a nivel parlamentario no oculta el hecho de que el voto cautivo que lo integra juega cada vez un papel menos importante en la nueva actuación electoral del país. Ideológicamente no se espera mucho de este sector y la Comisión Política Central elegida, aunque sólo por el número de sus integrantes y las rivalidades regionales, se enfrenta a posibilidades limitadas en términos operativos.
Problemas de otro orden enfrentan el Nuevo Liberalismo y Alternativa Popular, las otras dos corrientes en que está dividido el partido. Tanto Galán como Santofimio cuentan con mayor popularidad que cualquiera de sus contrapartes en el oficialismo. Sin embargo, el elemento caudillista a veces no es factor determinante en las elecciones de mitaca que es donde ambos aspiran a medir fuerzas. En este tipo de elecciones las maquinarias políticas generalmente superan ampliamente cualquier fuerza independiente o cualquier disidencia y las maquinarias de Galán y Santofimio están en condiciones de inferioridad frente a la oficialista. De ahí que el acuerdo tácito al que se ha llegado, según el cual la unidad del partido dependerá del resultado de las próximas elecciones de mitaca, no es tan automático como suena, pues es probable que Galán o Santofimio consideren que sus prestigios pueden ser medidos sólamente en elecciones presidenciales.
Por otro lado, el partido liberal a nivel nacional parece distanciarse cada vez más del partido liberal a nivel político, a tal punto que se están convirtiendo en dos partidos independientes sin mayor identidad ni solidaridad. A corto plazo, ninguno de los dos sectores podrá ganar sin el otro.
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