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| 9/1/2012 12:00:00 AM

Gabinete ministerial: la nueva selección Colombia

El presidente Juan Manuel Santos ajustó su gabinete con una jugada a cuatro bandas: combinó tecnocracia, políticos de pura cepa, ejecutores y nuevos escuderos.

Een la antifua China, existía un método de tortura singular. Acostaban a los detenidos boca arriba y cada cinco segundos les caía una gota de agua en la cara. Después de varias horas el dolor era notorio, el daño físico irreparable y no podían descansar ni conciliar el sueño. Un sufrimiento similar experimentó el gabinete del presidente Santos en las dos últimas semanas. Desde el pasado 22 de agosto, cuando el primer mandatario les pidió la renuncia protocolaria a todos sus ministros, los jefes de cartera andaban en ascuas, con sus oficinas paralizadas y se enteraban de las decisiones del presidente por los medios. Pero la tortura fue corta, y terminó el viernes pasado cuando Santos acabó con la incertidumbre. Ratificó gota a gota a medio gabinete, incluso a ministros en la cuerda floja como María Fernanda Campo y Juan Camilo Restrepo, e incorporó nuevos nombres en carteras neurálgicas.

Tal vez el cambio más importante, por la jerarquía de la posición, se dio en Interior. A Federico Renjifo no le fue muy bien en ese cargo principalmente porque entró en un mal momento. No solo lo salpicó el descalabro de la reforma a la Justicia sino que le tocó frentear la crisis de los indígenas en Cauca. Será reemplazado por Fernando Carrillo, el director de la Agencia para la Defensa del Estado. Tal vez este fue el nombramiento que más sorprendió. Así como toda la vida se ha considerado que sería un óptimo ministro de Justicia, pocos lo visualizaban en Interior. En ese cargo se esperaba un peso pesado de la política, como Horacio Serpa, Rafael Pardo o Humberto de la Calle, más que un peso pesado del derecho.

Es experto en la Constitución de 1991, conoce al Estado por dentro y ayudó a Santos con el empalme en 2010. Pasó los últimos diez años en el exterior, por lo que no tiene filiación partidista fuerte. Queda por verse si su falta de conocimiento del medio parlamentario será una desventaja en el momento de manejar esa jaula de leones. En todo caso se podría especular que el presidente lo nombró por la importancia que le atribuye a la dimensión jurídica que tendrá el proceso de paz que está a punto de iniciarse.

En esta labor seguramente trabajará en llave con Luis Eduardo Garzón. Aunque ya era bien sabido que los verdes entrarían al gabinete en este revolcón, la figura no estaba definida. Santos creó una figura especial para Garzón: será ministro consejero de la Presidencia para el Dialogo Social y la Movilización. Lucho, con su malicia indígena y comunicación coloquial, será la voz del gobierno en su interacción con todos los estamentos sociales que participarán en el proceso de paz.

En Transporte el presidente se la jugó por el género femenino, por la costa y ante todo por la ejecución con el nombramiento de Cecilia Álvarez. No en vano, a corto y mediano plazo, tal vez solo en obras los colombianos podrán ver los resultados del gobierno Santos. Álvarez, una figura poco conocida a nivel nacional, se ha destacado en todas las responsabilidades que ha tenido en los últimos años como una persona que produce resultados. Ha sido Contralora de Bavaria, alta consejera presidencial y gerente del Fondo de Adaptación. En este último puesto manejó inmensos presupuestos de forma tan eficiente y transparente que llevó al presidente a la decisión de nombrarla en Infraestructura.

En el Ministerio de Salud quedó uno de los académicos más respetados del país: el decano de Economía de Los Andes, Alejandro Gaviria. Este intelectual manejó el tema de salud como subdirector de Planeación Nacional durante el gobierno pasado y tiene claro que lo primero es destapar la cañería y arreglar el flujo de recursos. El nuevo ministro enfrentará sendos desafíos, pues la crisis del sector es tal vez el problema más grande del país en la actualidad. Además, deberá probar su capacidad para combinar su experiencia técnica y laureles académicos con muñequeo político para lograr resultados concretos.

Por otro lado, el político y periodista conservador Juan Gabriel Uribe llenará el vacío de Frank Pearl en Ambiente, pues ahora sí se dedicará de frente al tema de la paz. Uribe es un hombre competente y no es ajeno al servicio público. Sin embargo, sorprendió que lo nombraran en Ambiente y no en Interior, como se había especulado. Mientras algunos dicen que esto elevará el prestigio del Ministerio, otros dicen que deberá recuperar el tiempo perdido de esa cartera, pues por negociar en secreto los contactos preliminares con las Farc en el exterior, el saliente ministro no tuvo mucha oportunidad para poner la casa en orden.

Santos también hizo enroque pues pasó a Mauricio Cárdenas de Minas a Hacienda y a Federico Renjifo de Interior a Minas. Cárdenas, quien es el hombre que más carteras ha ocupado desde 1991, se había preparado toda su vida para ser ministro de Hacienda. Además de haber desempeñado varios ministerios (Desarrollo, Transporte, Minas y ahora Hacienda), había sido jefe de Planeación. Tiene las credenciales y el recorrido político necesario para manejar la chequera del país y su nombramiento fue aceptado con unanimidad. Y en cuanto al segundo, era un nombramiento previsible incluso desde 2010. Como se sabe el presidente trató de nombrar a Renjifo en Ecopetrol pero al tratarse de una compañía en bolsa por prudencia se evitó hacer cambios. Tiene lógica por lo tanto que ahora no solo acabe de superior jerárquico de esa empresa petrolera sino como el orientador de toda la política energética del país.

Los cambios comprueban que Santos mantiene su capacidad de convocar a los mejores nombres del país. También queda comprobada la preferencia del presidente por funcionarios altamente competentes por encima de llenar cuotas regionales o partidistas. La única duda que existe desde el 7 de agosto de 2010, y que retoma vigencia hoy, es la capacidad que deben demostrar para combinar su experiencia tecnocrática con la realpolitik. Ya empezaron los últimos 45 minutos de este gobierno y el deber de los ministros, tanto nuevos como viejos, es marcar goles.
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