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| 8/2/2014 3:00:00 PM

Gabinete santista: la cuadratura del círculo

Con la designación de su gabinete el presidente Santos está tratando de cumplir una meta tan imposible en matemáticas como en política.

En Colombia el gabinete consta de 16 ministerios. La bancada costeña considera que dada la votación que le produjo a Santos en la segunda vuelta, debería tener derecho al 40 por ciento de esa nómina. Es decir, seis ministros. Germán Vargas, por su parte, siente que haber sacrificado su aspiración presidencial por lealtad a su jefe lo amerita para tres ministerios. Sin embargo, como es un hombre realista y generoso está dispuesto a aceptar dos. Sumando los de los costeños van en ocho.

César Gaviria también cree que su aporte al triunfo después de la derrota en la primera vuelta le da derecho a tres carteras. Sin embargo, al igual que Vargas, él es consciente de las dificultades de ese ajedrez y aceptaría dos. Van diez. El Partido Conservador ha tenido tres ministerios hasta ahora. Originalmente aspiraban a que se los mantuvieran, pero a regañadientes los azules están dispuestos a aceptar dos. Con esto la cifra iría en 12.

El Partido Liberal ha sido el principal apoyo de Juan Manuel Santos desde que llegó al poder. Lo han apoyado en todas sus iniciativas y se la jugaron por su reelección. En la actualidad tiene tres (Cancillería, Justicia y Minas). Obviamente quieren mantener esa cuota y a veces fantasean con un cuarto por si llega Simón Gaviria a otra cartera. Ahí van ya 15. Y el Partido de la U, al ser el partido de Santos, quiere no tener menos que los de los espontáneos que se sumaron al vagón de la victoria. Y por último, si se tiene en cuenta que la izquierda considera que fue la que le dio la victoria en la segunda vuelta, aunque no son pedigüeños, esperan un reconocimiento por lo menos simbólico de una figura progresista en el gabinete.

Sumadas todas estas aspiraciones dan mal que bien 20 personas. Y en esa lista no están incluidos, ni las personas que jugaron un papel clave en la campaña, que también esperan ministerios, ni las personas de la entraña de Juan Manuel Santos, quien es ni más ni menos que el presidente de la República y de pronto también cree que tiene algún derecho. Conclusión: conformar un gabinete es la cuadratura del circulo.

La situación hasta ahora es la siguiente. Están confirmados los nombramientos de María Ángela Holguín en la Cancillería, Mauricio Cárdenas en Hacienda, Juan Fernando Cristo en Interior y Aurelio Iragorri en Agricultura. Todo el resto está por definirse. No porque el presidente suelte los nombramientos gota a gota como estrategia, sino porque armar ese ajedrez es casi imposible.

Entre los muchos problemas que ha enfrentado o que enfrenta el presidente están los siguientes. Cuando se filtró que le iban a dar el Ministerio de Agricultura a Aurelio Iragorri, del Partido de la U, el Partido Conservador pataleó para que no le quitaran ese premio gordo que había tenido hasta ahora y sugirió el nombre de Juan Carlos Echeverry. Esta reacción produjo pánico en el Partido de la U, el cual defendió su nuevo nombramiento con patas y manos. Para parar las especulaciones, Santos, quien iba a anunciar el nombramiento de Cristo esa mañana, anunció simultáneamente el de Iragorri en Agricultura. Todo el mundo anticipaba el de Cristo y fue muy bien recibido. El de Iragorri también, aunque más por el carisma y el prestigio del nuevo ministro, que por su trayectoria en el sector rural.

Con Germán Vargas también hay dificultades, pero no porque el presidente quiera ponerle conejo sino porque quiere cumplirle en lo que le ha ofrecido. Vargas aspira por lo menos a los ministerios de Vivienda y Transporte. Como el actual ocupante de la cartera de Vivienda, Luis Felipe Henao, es de Cambio Radical y muy bueno, lo más probable es que se quede. El problema está en el Ministerio de Transporte. Cecilia Álvarez está haciendo una gestión muy importante en ese frente y el Partido de la U pide que la mantengan allá. Tiene la doble ventaja de ser mujer y ser costeña, que son las mejores credenciales en la coyuntura actual. Pero es independiente y mandona y Germán Vargas tiene esas mismas características por lo cual el matrimonio entre ambos podría ser tempestuoso. Si se queda en su cargo es porque hubo terapia de pareja con Vargas y si eso no tiene solución la podrían pasar a otro ministerio como Medio Ambiente.

Gina Parody estaba fija para Educación. Pero ha tropezado con bastante oposición comenzando por la de Fecode. El sindicato ha notificado que entrará en paro permanente si la nombran. No caerle bien a Fecode no necesariamente es un pasivo pues una de las principales funciones de esa cartera es ponerlo en cintura. Pero así como ella es una mujer con carácter, una declaratoria de guerra por anticipado como la que ha recibido el gobierno pone al presidente a pensar. Si no acaba en Educación, podría acabar en Trabajo, cargo para el cual también ha sonado David Luna.

La situación con Simón Gaviria no es más fácil. Él representa no solamente su gestión como jefe del Partido Liberal sino la de su papá como jefe de debate en la reelección. Santos le ofreció el Ministerio de Comercio al delfín. Este lo declinó respetuosamente pidiendo que buscaran alternativas donde él pudiera demostrar su calibre como tecnócrata, pues está aburrido que lo asocien exclusivamente con el ajedrez político.

Como el Ministerio de Hacienda quedó en manos de Mauricio Cárdenas, el cargo que más llena sus requisitos es Planeación. Pero Juan José Echavarría, quien fue director programático de la campaña de Santos, es un tecnócrata de alto vuelo que llena todos los requisitos para dirigir ese departamento. Dado el papel que jugó en la campaña, el presidente tiene con él una deuda muy grande y fuera de eso hay una gran cercanía personal entre ambos. Aunque los dos aspiran a Planeación, lo más probable es que uno de ellos acabe en el Ministerio de Comercio. Gaviria tal vez se ha equivocado en minimizar la importancia de esa cartera pues con los acuerdos de libre comercio que se han firmado el Ministerio de Comercio Exterior puede convertirse en una verdadera locomotora en el segundo gobierno de Santos. Si no son ellos, ha sonado para el cargo Tatyana Orozco, la actual jefe de Planeación, quien también tiene el atractivo de ser mujer y costeña.

Y si algo tiene trasnochado al presidente debe ser Alfonso Gómez Méndez. Hasta hace poco su confirmación se consideraba fija pues él tiene un calibre y una trayectoria política superior a la mayoría de sus colegas. Sin embargo, la guerra que le declaró el fiscal Montealegre dejó claro que es muy difícil para el gobierno sacar una reforma a la Justicia en la cual los dos protagonistas no solo tienen convicciones totalmente opuestas sino una gran animadversión personal. Como el fiscal no es de libre nombramiento y remoción, una de las partes en el conflicto es inamovible y la otra no, lo cual deja en desventaja al ministro de Justicia. Gómez Méndez ha manejado esta situación con dignidad y mientras no esté definida su posición ha dejado que su viceministro lo represente en los actos importantes.

Sergio Díaz-Granados, como es de la casa – es decir del Partido de la U–, está dispuesto a poner de lado ambiciones personales por ayudar a su jefe. Por lo tanto, no es imposible que se vaya a una buena embajada durante uno o dos años para volver en el segundo tiempo al Ministerio de Hacienda o la Cancillería.

La cartera de Defensa va a acabar siendo ocupada por el actual ministro, Juan Carlos Pinzón, o por Néstor Humberto Martínez. Este último se ha convertido después de la campaña reeleccionista en uno de los pocos confidentes del presidente y serviría para muchas carteras. Sin embargo, su posicionamiento como uno de los abogados más poderosos del establecimiento colombiano lo ponen a pensar sobre si se justifica un salto al sector público dado los riesgos y sacrificios que este entraña. Lo más probable es que se quede Pinzón. Y en cuanto a la izquierda, como se la pasan aclarando que no quieren nada, de pronto lo mejor para Santos es cogerles la caña.

Los anteriores son solo algunos de los obstáculos o dilemas que ha enfrentado el presidente Santos en los últimos días. La encrucijada en que se encuentra hace pensar en lo que sucedió en Chile a comienzos del siglo pasado con el presidente Balmaceda. Las pretensiones del Congreso en materia burocrática y de orientación política eran tan exageradas que se desesperó y decidió frentearlo y gobernar a su manera. Esto llegó a producir una guerra civil y eventualmente la renuncia del presidente. Ya por fuera de su cargo decidió esperar al día en que hubiera terminado su mandato para mandarle un mensaje al Congreso y al país: se suicidó. Ojalá todos los politicos que están pasando cuentas de cobro al presidente en estos días de gabinete tuvieran en cuenta esta historia.
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