Sábado, 21 de enero de 2017

| 1989/02/27 00:00

GALAN PUNTERO

Definida la consulta popular, la camiseta amarilla pasa de Durán a Galán.

GALAN PUNTERO

El miércoles de la semana pasada puede convertirse para el senador Luis Carlos Galán, en una de las fechas más importantes de su carrera política. Hasta ese 25 de enero, los que no entendían de política pensaban que él sería el próximo Presidente de la República, y los que entendían pensaban que no. El sentimiento general en la clase política era el de que, aunque Galán fuera el aspirante liberal con más prestigio nacional, el partido no parecia estar dispuesto a perdonarle tan pronto sus ocho años de canas al aire por fuera de la colectividad. Al fin y al cabo, un partido debe castigar a los disidentes y premiar a los disciplinados, si quiere desestimular futuras divisiones. Más aún, cuando su calidad de partido mayoritario y su poderosa maquinaria pueden hacer pensar que con cualquier candidato está asegurada la victoria, siempre y cuando no haya división.

Por esto, con el ex presidente Turbay a la cabeza, el partido había acordado unas reglas del juego que le permitieran a Galán entrar decorosa mente al partido, pero al mismo tiempo le hicieran bastante dificil la candidatura para el 90. Esto consistió en establecer dos instancias: una consulta popular y posteriormente una Convención. El resultado de la consulta popular seria definitivo sólo si un precandidato obtenía el 50% de la votación. Si ninguno lograba esa mayoria absoluta, la Convención quedaría en libertad de escoger el candidato, quien no tenía necesariamente que haber estado previamente inscrito para la consulta. Con esta fórmula, como los precandidatos ya se acercaban a 6, se suponía que nadie podia obtener la mayoria absoluta y que la decisión final quedaba en manos de la Convención, que presumiblemente escogería entre los oficialistas disciplinados. En este escenario, las apuestas estaban del lado de Durán Dussán y en la eventualidad de que las cosas se complicaran, no se descartaba el nombre del ex presidente Turbay.

En forma sutil y sorpresiva para muchos, las cosas cambiaron la semana pasada. Y cambiaron a favor de Galán. La principal razón estuvo relacionada con el mecanismo operativo de la denominada consulta popular. Hasta ahora en Colombia, cuando se hablaba de consulta popular, se acababa siempre en un voto indirecto a través de las elecciones parlamentarias y no en un voto directo por los aspirantes. Esto fue lo que sucedió entre Carlos Lleras y Julio César Turbay en 1978, como resultado del famoso Consenso de San Carlos. Como los pesados de la maquinaria estaban con Turbay, éste pulverizó a Carlos Lleras, quien perdió en todos los departamentoss menos en Bogotá. Pero en esa elección, los votantes no pudieron escoger en las papeletas a Lleras o a Turbay, sino que tuvieron que limitarse a escoger a los parlamentarios que los apoyaban. Por ejemplo, Alberto Santofimio contra Rafael Caicedo Espinosa en el Tolima, Gustavo Balcázar contra Marino Rengifo en el Valle, siendo los primeros turbayistas y los segundos lleristas.

Hasta la reunión de la semana pasada, no se descartaba que la fórmula de la consulta popular fuera similar.
Es decir, que el candidato se escogiera por la suma de los votos de los parlamentarios que lo apoyaran y no por voto directo. No fue asi. En una decisión de grandes implicaciones, el miércoles pasado se escogió la consulta por voto directo. En la elección de parlamentarios, el elector podrá simultáneamente votar por la lista de sus preferencias y agregarle al sobre la papeleta con el nombre del precandidato de su predilección. Con este sistema se disminuye el poder de los barones electorales y el voto cautivo, y se le da un mayor juego al voto independiente.

Otro desarrollo a favor de Galán fue la introducción de dos votaciones en la Convención en lugar de una. La primera estaria limitada a la totalidad de los precandidatos inscritos, lo cual mejora las posibilidades de los punteros a través de coaliciones. La segunda votación, en consecuencia, se vuelve muy remota. Y era en esta segunda votación donde presumiblemente se podía neutralizar a Galán.
Como si esto fuera poco, se reveló la semana pasada una encuesta del Centro Nacional de Consultoría, según la cual, en la primera vuelta, Galán no sólo obtendría la mayoria absoluta, sino que llegaría al 61% (ver cuadro). En Colombia nadie cree mucho en las encuestas, pero la realidad es que en los últimos 15 años, si bien a veces han fallado en las elecciones parlamentarias, han sido totalmente exactas en las presidenciales.
La consulta Popular aprobada la semana pasada, se asemeja más a una elección presidencial que a una parlamentaria. Por esto, aún asumiendo que el 61% es más una intención de voto que un voto efectivo, Galán tiene posibilidades de ganar la candidatura, aun si perdiera 10 puntos del apoyo registrado en las encuestas actuales. El factor determinante para que la intención de voto se traduzca en voto efectivo reside en la capacidad del candidato para distribuir su papeleta en todo el país. Al respecto, algunos consideran que Galán no tiene la maquinaria propia suficiente para distribuir votos en los más de mil municipios de Colombia. En otras palabras, una cosa es votar por Galán en Chapinero y otra muy distinta en Sahagún, Trujillo o Granada. Esto puede ser verdad, pero el hecho es que si bien la maquinaria oficial sumada es muy superior a la de Galán, su maquinaria propia, medida en varias elecciones durante ocho años, es una organización nacional superior a la de cualquier otro precandidato.
Sahagún puede no ser fácil para Galán, pero no se ve por qué vaya a serlo más para Jaime Castro, Durán, Santofimio o Samper.

Aún en la eventualidad de que Galán no obtenga el 50% en la consulta popular, sus posibilidades de resultar elegido en la primera vuelta de la Convención, no son insignificantes.
Dado el abrumador margen de diferencia entre él y sus competidores que reflejan las encuestas, es difícil pensar que un candidato que obtenga un cuarenta y pico de la votación, vaya a ser destronado por uno que tenga alrededor del 10. A esto se suma la coalición no reconocida pero tácita entre Galán y Samper, quien probablemente cuenta con la mayor fuerza individual en una Convención. No es imposible que en el momento de la verdad, Samper decida darle su respaldo a Galán, en el entendido de que "hoy por ti, mañana por mí".

Hasta el miércoles pasado, la camiseta amarilla la tenia Durán Dussán.
Después de la definición de los mecanismos de consulta popular, ha pasado a Luis Carlos Galán. -

INTENCION DE VOTO CONSULTA POPULAR DEL LIBERALISMO
(Centro Nacional de Consultoría)
BTA BQUILLA MLLIN CALI BMANGA MZALES
L.C. Galán 57.5% 77% 62% 66% 58.6% 61%
C. Gaviria 13.5% 5.9% 7.7% 10.1% 9.5% 5.2%
H. Durán 13% 2.9% 7.7% 3.1% 8.6% 4.3%
E. Samper 9.8% 8.8% 8.5% 9.3% 3.4% 6.5%
A. Santofimio 5.2% 4.4% 12% 8.5% 11.2% 1.7%
J. Castro 1% --- 2.1% 1.6% 2.6% ---
R. González 0.5% 0.7% --- 0.8% 6% 1.3%. -

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