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| 5/7/2001 12:00:00 AM

Galería de próceres

Nunca en Colombia había habido tantos integrantes del abanico presidencial como ahora.



Colombia no solo es el país de los reinados de belleza. También está a punto de convertirse en el de los candidatos presidenciales. Al menos eso parece quedar evidenciado en la cosecha de futuros presidenciables la cual, pese a que aún falta más de un año y medio para la celebración de las próximas elecciones, sigue creciendo. Hasta la fecha la lista está compuesta por 17 personas que creen a motu proprio, o por insistencia de su grupo de amigos y seguidores, que pueden llegar a ocupar el solio de Bolívar.

Pero lo que más llama la atención es que en un país con 20 por ciento de desempleo, en el que no pasa un día sin que se realice una masacre por parte de la guerrilla o los paramilitares, o sea volada una torre de energía, o se destape un escándalo de corrupción, siga habiendo tantos voluntarios para montarse en ese potro. Entre los múltiples y variados candidatos y candidatas hay novatos que se lanzan por primera vez al ruedo, repitentes que consideran que la segunda es la vencida y hasta delfines que aspiran a mantener vigente el apellido.

En realidad casi todos estos aspirantes saben que no tienen posibilidades reales de llegar al Palacio de Nariño en el año 2002. Este privilegio se considera reservado para Horacio Serpa, Noemí Sanín o Alvaro Uribe Vélez. Sin embargo todo el mundo quiere quedar en la fila india para el futuro, o con el estatus de ex candidato, que nunca hace daño. Pero además del remoquete muchos están jugando a dos bandas en busca de un mejor posicionamiento, ya sea para la vicepresidencia de alguno de los tres pesos pesados o para amarrar su candidatura en las elecciones al Congreso. Es que en el país de los títulos y los pergaminos ser precandidato a la Presidencia siempre deja réditos políticos.

Los más interesados en poner freno a esta proliferación de aspirantes parecen ser los propios partidos tradicionales, que han hecho saber a los futuros candidatos que deben someterse a las reglas de juego de esas organizaciones políticas. En el caso del Partido Liberal todo el mundo da por hecho que el candidato oficial va a ser Horacio Serpa. Sin embargo a éste le conviene tener una consulta interna dentro del partido para dar la impresión de que se enfrentó a adversarios en franca lid y los derrotó. Por eso el presidente de esa colectividad, el senador Luis Guillermo Vélez, ha expresado en múltiples ocasiones que la consulta interna es el procedimiento más idóneo para garantizar la unidad del partido y la escogencia de un candidato ganador.

Hasta el momento el único aspirante que ha expresado su intención de medirse contra Serpa en la consulta liberal es Julio César Turbay Quintero. Este sabe que no va a ganar pero considera que cualquier mano a mano con Serpa puede producir 100.000 ó 200.000 votos que dan lugar a cierta jerarquía dentro del partido. Con ésta no se descarta ser jefe de debate del propio Serpa o ministro en el futuro. A Serpa, por su parte, el mano a mano con Júnior Turbay no lo entusiasma mucho. Le gustaría más bien medirse contra Alvaro Uribe, derrotarlo y luego contar con el apoyo de éste para la primera vuelta.

Azul profundo

En lo que tiene que ver con las toldas azules el sistema adoptado es el de la convención nacional del partido, de la cual saldrá su candidato a la Presidencia. Curiosamente es donde mayor número de personas han hecho saber su intención de ser aspirante presidencial. Desde los ministros Augusto Ramírez y Guillermo Fernández de Soto hasta los embajadores Luis Alberto Moreno, Fabio Valencia Cossio y Juan Camilo Restrepo, pasando por los ex ministros Gabriel Melo y Olga Duque de Ospina y el senador Carlos Holguín Sardi, todos han expresado en privado o públicamente su deseo de sacrificarse por la patria.

Lo curioso de que haya tantos aspirantes a la candidatura oficial del Partido Conservador es que ésta es meramente simbólica para hacer un acto de presencia en la primera vuelta. En la segunda los conservadores van a apoyar a Noemí Sanín, quien se presentará como candidata independiente. Y no es de descartar que muchos conservadores también apoyen a Alvaro Uribe Vélez, quien ideológicamente encarna muchos de los valores de esa colectividad, como los conceptos de orden y autoridad.

En todo caso SEMANA decidió contratar una encuesta con Napoleón Franco para medir cuál de los precandidatos azules cuenta con más respaldo popular. El resultado es que Juan Camilo Restrepo, quien era considerado quemado por su paso por el Ministerio de Hacienda, le ganó fácilmente a sus rivales al obtener el 18 por ciento de la intención de la votación en lo que tiene que ver con el Partido Conservador. En segundo lugar en la percepción de los candidatos anticipados está Fabio Valencia Cossio con un 11 por ciento. Y muy lejos de ellos se encuentran los ministros Augusto Ramírez Ocampo y Guillermo Fernández de Soto con un 5 por ciento cada uno. Los ex ministros Gabriel Melo Guevara y Olga Duque de Ospina figuran con un 4 por ciento, el embajador Luis Alberto Moreno con un 3 por ciento y el ministro Luis Fernando Ramírez con un 1 por ciento.

Este resultado en el fondo no es sorprendente, pues una de las ventajas de haber sido precandidato en la última elección es ser el más conocido en ésta. Además, la convención conservadora no se rige por popularidad ni por encuestas sino por decisiones políticas internas de la bancada de ese partido. Así que no es de descartar que alguno de los que aparece sin ninguna posibilidad en la encuesta acabe siendo el elegido.

Lo irónico del asunto es que si bien los partidos Liberal y Conservador están en el plan de organizar a sus innumerables candidatos dentro de sus toldas, esta sorprendente explosión de candidaturas no es sino el reflejo de su propia crisis de legitimidad. Los partidos políticos en Colombia se han convertido en unos cascarones vacíos en los que más que tratar de representar los intereses de ciertos sectores de la sociedad se limitan a darle el aval a candidatos con opciones electorales. No es gratuito que en la encuesta el 40 por ciento haya respondido que no se siente identificado por ningún partido y que el 23 por ciento diga que se siente independiente.

¿Y a la izquierda que?

SEMANA también decidió medir cuál es el candidato de mayor acogida en la izquierda democrática. En ese abanico se incluyeron los dos Garzones (Angelino y Luis Eduardo), Antonio Navarro, que ya le está coqueteando a su candidatura, y el senador Samuel Moreno Rojas, quien reconoce abiertamente su aspiración presidencial. El resultado fue una barrida de Navarro con un 33 por ciento de intención de voto. El recién retirado ministro Angelino Garzón ocupó un decoroso segundo puesto con un 16 por ciento. Después sigue Samuel Moreno con un 6 por ciento y luego Luis Eduardo Garzón con un 3 por ciento. Al igual que Juan Camilo Restrepo, Antonio Navarro se beneficia de haber sido ya candidato, además de ser una figura política que brilla con luz propia hace varios años.

Esta nueva corriente de izquierda democrática, renovada y progresista tiene, sin embargo, que luchar contra una tradición de canibalismo ideológico y electoral que han padecido históricamente los movimientos de izquierda y que les ha impedido construir verdaderos frentes comunes. La desintegración de estos movimientos en los años 70 y 80 fue precisamente por la falta de criterios de unidad por las irreconciliables peleas internas y los arraigados prejuicios políticos. Por el momento no se perfilan alianzas entre estos candidatos pero en caso de darse una unión podrían llegar a tener un 7 por ciento de la intención de voto, lo cual les daría un interesante poder de negociación fuerte para elegir presidente. La historia, sin embargo, no los favorece.

En términos generales, llama la atención en la encuesta que, fuera de Serpa, Noemí y Alvaro Uribe, ninguno de los candidatos supera el margen de error, que es del 4,8 por ciento. Es de registrar que Ingrid Betancourt, quien ha tenido un gran despliegue en los medios, sobre todo durante las últimas tres semanas a raíz del lanzamiento de su polémico libro y de la subsiguiente demanda de Ernesto Samper, no alcanza a pasar del 1 por ciento de la intención de voto. Una cosa es la bulla, que sin duda atrae la atención del respetable, y otra muy distinta es la intención de voto.

En lo que se refiere a los tres candidatos viables Horacio Serpa ganaría en primera vuelta con una intención de voto del 29 por ciento, Noemí Sanín le seguiría de segunda con un muy respetable 26 por ciento. Pero la gran sorpresa es que a Noemí le pisa los talones Alvaro Uribe Vélez con 19 por ciento. El crecimiento de Uribe Vélez entre las personas decididas a votar es concreto y demuestra que una buena parte del Partido Conservador está con él.

Como se perfilan las cosas, para la mayoría de los observadores es muy poco probable que el sillón presidencial sea ocupado por alguien distinto a los tres punteros. Pero a diferencia de la tradición política del país desde las épocas del Frente Nacional, cuando todo el mundo sabía de antemano quién iba a ser el ganador, en la Colombia de hoy nadie está seguro de cuál va a ser el resultado final. Y eso le da su sex appeal a la política.
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