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| 12/18/2010 12:00:00 AM

Ganó la democracia

Cuando el referendo de la reelección de Uribe ya había pasado todas las pruebas, el fallo de la Corte Constitucional demostró la fortaleza de la democracia colombiana.

El 2010 será recordado como el año en que Colombia estuvo a punto de cambiar su historia política. Álvaro Uribe estuvo a un pelo de obtener el permiso para ser elegido como Presidente por tercera vez consecutiva, lo cual abría una puerta que conducía a un terreno repleto de minas explosivas para la democracia.

Todo parecía estar consumado. Todos los llamados a dar su 'chulo' de aprobación lo habían dado. Los promotores del referendo recogieron más de cuatro millones de firmas del pueblo. Los empresarios aportaron miles de millones de pesos para promoverlo. El Congreso, luego de sesiones muy atropelladas, le dio su visto bueno. El Consejo Electoral, en una actitud de inoperancia pocas veces vista, se demoró más de un año en dar su veredicto y al final prefirió declararse impedido. El Procurador, con un concepto muy criticado, también le dio su bendición. Solo faltaba la Corte Constitucional.

Sin embargo, no parecía ser un escollo mayor. En febrero de 2010, seis de cada diez colombianos, según las encuestas, estaban convencidos de que nada iba a cambiar y Álvaro Uribe sería el presidente por cuatro años más. Su popularidad lo hacía imbatible y hasta Juan Manuel Santos, el hoy flamante presidente, marcaba solo 2 por ciento en la intención de voto.

Pero se equivocaron. El muro de contención que evitó que las aguas se desbocaran fue la Corte Constitucional. La Corte acogió de manera integral la ponencia del magistrado Humberto Sierra y declaró inexequible el referendo por una "cadena de vicios de inconstitucionalidad", entre ellos, las fallas en la financiación de dicha consulta popular y el cambio que se le hizo a la pregunta en el Congreso. Eso fue una lección impecable de democracia: en Colombia se demostró cómo un poder -el judicial- puede evitar que otro -el ejecutivo-, por muy popular que sea, trate de pasarse por la faja las reglas del juego. La arquitectura de la separación de los poderes demostró su solidez y se impuso sobre la 'tiranía de la mayoría'.

Con ese fallo de siete magistrados -dos nominados por el presidente Uribe votaron en contra- se le puso punto final a uno de los gobiernos más largos de la historia del país. El balance del mandato de Uribe se resume en una gran paradoja: prácticamente ganó la guerra de más de 40 años con las Farc, y eso le valió el aprecio incondicional de buena parte de la población; pero en materia de instituciones se rajó: cambió la Constitución para quedarse en el poder, debilitó al Congreso y le declaró la guerra a la Corte Suprema. Y a eso se le suma un escándalo que todavía hoy tiene en ascuas al ex presidente y a su sanedrín: el de los seguimientos ilegales del DAS, una macabra utilización de este organismo de inteligencia para espiar y acosar a los críticos del gobierno.

Con la llegada de Juan Manuel Santos a la Presidencia comenzó a hacerse evidente hasta qué punto estaban estropeados los pilares del Estado. En los 100 primeros días de su gobierno se destaparon al menos nueve ollas podridas por corrupción heredadas del gobierno anterior: pidió liquidar al DAS, solicitó a la Fiscalía allanar la Dirección de Estupefacientes, reveló un devastador informe sobre el fondo creado para apoyar la lucha contra el secuestro (Fondelibertad), por mencionar solo tres de los casos.

En el minuto final del partido, y gracias al fallo de la Corte Constitucional, Colombia se salvó de transitar caminos desconocidos y dio una lección a vecinos como Venezuela y Ecuador, en donde el Presidente ha neutralizado a los demás poderes públicos.
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