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| 12/9/2011 12:00:00 AM

Garrote y zanahoria de Santos: ¿el camino para llegar a la paz?

El presidente Juan Manuel Santos lanzó un nuevo mensaje a las Farc: garrote y zanahoria como estrategia para la salida política al conflicto. Después de 16 meses de gobierno esta fórmula ha dado resultados militares, pero ¿es el camino para llegar a un proceso de paz con la guerrilla?

En diferentes centros de estudios que analizan el fenómeno de la guerra se utiliza una ecuación para resolver los factores que entrañan el terrorismo. La tiza pinta sobre el tablero: Capacidad operativa + motivación = terrorismo. Esa es la fórmula matemática que plantea los dos elementos básicos que hay detrás de uno de las formas de batalla más difíciles de combatir.

La capacidad operativa representa el grupo de hombres armados que tenga el enemigo, mientras que la motivación es el ánimo de las tropas y su capacidad para cumplir cualquier indicación que se les ordene. Bien, pues planteado el problema, la misma tiza pinta con dos palabras la solución: garrote y zanahoria.

Así lo entiende el presidente Juan Manuel Santos, que bautizó con esa fórmula lo que su gobierno lleva practicando desde su llegada al poder. “Una política que se puede describir en dos palabras, garrote y zanahoria. Nadie ha creado una política más eficaz para acabar con las guerras de la que estamos aplicando nosotros, por eso hemos dicho que seguiremos combatiendo los grupos al margen de la ley y al mismo tiempo, ofreciendo la salida que han tenido todos los conflictos parecidos a los nuestros, una salida política”, afirmó Santos esta semana.

“La política con el garrote busca atacar la capacidad de motivación de las tropas”, explica Janiel Melamed Visbal, experto en temas de seguridad nacional y contraterrorismo. En este sentido los golpes a los cabecillas guerrilleros atestados en los últimos años no solo significan derrotas militares sino que son ataques contra la motivación del adversario.

Ricardo García, experto en temas políticos, recuerda que desde el 2008 cada nueve meses ha caído un jefe de las Farc, al mismo tiempo que se mantiene la apertura a una negociación. “La estrategia de Santos corresponde a ese juego de combinar los golpes militares con el de abrir puertas al proceso de paz”.

El diálogo con el grupo guerrillero es la zanahoria, que, según la ecuación, está dirigida a combatir la capacidad operativa de las Farc. Para Melamed, resulta imposible pensar que “los seis mil o siete mil hombres de las Farc puedan ser derrotados en un corto plazo únicamente por la vía militar, entonces hay que abrir una vía de diálogo”.

“El gobierno Santos es consciente de que, si bien la estrategia militar es decisiva para someter la guerrilla, tienen igual importancia las herramientas no militares que requieren un norte plenamente definido y que permitan la desmovilización, la reintegración y una opción alterna penal acorde con los estándares internacionales”, analiza Melamed.

Desde ese punto de vista, el mensaje a la guerrilla es que el gobierno no está cerrado a la banda, es decir, que está fortalecido pero que le abre las puertas a la guerrilla para el diálogo”, argumenta Janiel Melamed, quien señala que también es un mensaje al resto de países para negar espacios a las Farc, donde todavía accede esta organización mediante su cada vez más menguada diplomacia.

Sin embargo hay quienes creen que, más allá de la ecuación matemática, hay argumentos que aseguran que el garrote y la zanahoria no equilibran la balanza y que, por el contrario, alimentan más el círculo de violencia.

“Esa estrategia parte de la base de que la guerrilla no tiene memoria, y que pueden olvidar los cuarenta años de enfrentamiento”, explica Leonardo González, analista de Razón Pública. Para González el resentimiento no se resuelve por la fuerza y se debe buscar “volver a las Farc un actor político alejado del lenguaje de las balas”.

En la misma dirección, Ricardo García explica que, al igual que ha pasado en otros momentos, no hay indicios que hagan pensar que vaya a haber una respuesta en ese mismo sentido por parte de las Farc. Por su parte Juan Carlos Palou, coordinador del área de construcción de paz y postconflicto de la Fundación Ideas para la Paz, asegura que la construcción de la confianza entre dos partes que están en guerra y que necesitan negociar será muy larga.

2012, el año clave

Los expertos también coinciden en que Juan Manuel Santos ha delineado toda su política para conseguir la paz y ha preparado el terreno y el marco jurídico para lograr ese objetivo. A diferencia de su antecesor, el expresidente Álvaro Uribe, el actual mandatario busca un proceso en masa. “Uribe buscaba que los golpes militares produjeran la desmovilización de la guerrilla pero Santos tiene en su mente una negociación macro, histórica”, dice Melamed.

En ese sentido y teniendo en cuenta el calendario, el 2012 será el año crucial para conseguir el objetivo del Presidente. “El 2013 es un año preelectoral y la tensión militar en ese momento es un riesgo político y por eso será el próximo año cuando se decidan muchas cosas”, afirma Melamed.

El respaldo político

Ahora bien, la política del garrote y la zanahoria puede ser la que más respalden los partidos políticos, aunque algunas colectividades se inclinan más por una que por la otra.

Quizás la estrategia de Santos contra las Farc se vea reflejada en una reforma constitucional que está en trámite en el Congreso. Así lo considera el autor de ese proyecto, senador Roy Barreras, presidente de la Comisión de Paz, al señalar que el llamado marco jurídico para la paz abre las puertas a la solución negociada, previa desmovilización de los alzados en armas.

Sin embargo, considera que la estrategia del gobierno no sólo se debe concentrar en eso, sino en arreciar la presión militar contra la guerrilla.

SI las Farc no muestran su voluntad de paz, el gobierno debe mantener su ofensiva militar a través de la fuerza pública, no obstante, no se puede cerrar un escenario de paz, dice Barreras.

Pero el actual presidente del partido de la U, senador Juan Lozano, defiende el escenario del garrote. “El gobierno debe aumentar su firmeza en la política de seguridad y desmantelar el accionar de los grupos armados ilegales”, como salida a que “la ronda de sangre que ha teñido por más de medio siglo al país, por fin se suspenda”.

Lozano, como jefe del partido de gobierno, dice que esa línea de acción será la que respaldará su movimiento político.

El presidente del Partido Conservador, senador Efraín Cepeda, considera que Colombia está buscando la paz, pero para alcanzarla, la presión militar contra los ilegales debe ser prioridad.

Simón Gaviria, vocero de la dirección plural del Partido Liberal, y presidente de la Cámara de Representantes, le dijo a Semana.com que las Farc se están equivocando perpetrando acciones terroristas que ponen el escenario de la paz “difícil de alcanzar”.

Por eso, Gaviria considera que las fuerzas armadas “deben seguir combatiendo con mayor firmeza y mayor dedicación a quienes estén empeñados en mantenerse al margen de la Constitución y la ley”.
El vocero del Liberalismo se muestra escéptico ante salidas negociadas del conflicto, pues señala que si las Farc siguen “por ese camino” será difícil reconocerles cualquier tipo de estatus. “Solo se muestran como carniceros, gente cobarde y débil que acuden al fusilamiento cuando sufren golpes en su contra”.

Juan Fernando Cristo, otro de los voceros del Liberalismo, admite que lo primordial debe ser la presión de las instituciones del Estado, aunque aclara que la única salida para el conflicto es la negociación.

Luis Eduardo Garzón, presidente y vocero del Partido Verde, cree en la posibilidad de una solución negociada de la confrontación armada que padece el país. Por eso es de los que piensan que es el momento de parar “la espiral de violencia” y para ello es necesario comenzar a hablar de paz. “El destino de Colombia no puede ser la agudización de la acción militar, en detrimento de la opción negociada”.

¿Qué pesará más en los meses por venir? Los dolorosos hechos de los últimos días parecen señalar el camino de la fuerza, pero, con lo dicho por el presidente Santos, todo indica que la famosa llave de la paz sigue a la mano, a la espera de que una puerta se abra, aunque no será fácil dar con ella.


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