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| 3/27/1989 12:00:00 AM

GATO ENCERRADO

El extraño caso de los 16 muertos en Cali y los tres policías involucrados en un secuestro, dejan más de un interrogante.

Un comerciante de carros de 24 años y de apariencia provinciana era el secuestrado. Su nombre, Víctor Manuel Alvarado, no le decía nada a nadie, pero a juzgar por los 150 millones de pesos que pedían por su rescate, llevaba un ritmo de vida elevado. Su secuestro tampoco se lo contó nadie a nadie, pero terminó en un sangriento intento de rescate que acabó con su vida y con la de 15 de sus secuestradores, entre quienes se encontraban tres miembros de la Policía del Valle.
Todos estos ingredientes, que parecen sacados de un guión cinematográfico, hicieron parte de la noticia que despertó a los colombianos el viernes 24, en la cual se daba cuenta de los enfrentamientos entre el F-2 y los integrantes de una banda de secuestradores, ocurridos la noche anterior en Cali y Palmira. Según la información oficial, el operativo se realizó inicialmente en el barrio Jardin de Cali en donde murieron seis de los secuestradores y, posteriormente, el mismo piquete de hombres se desplazó hacia el corregimiento de Obando situado en la zona rural de Palmira, en donde murió el resto de la banda así como Alvarado.
Las informaciones del comando de la Policía Metropolitana de Cali no ahondaban en ciertas cuestiones y la noticia quedó prácticamente inconclusa. El propio director de la Policía, cuando era entrevistado por una cadena radial de un noticiero matutino, se vio en calzas prietas para responder algunas preguntas relacionadas con el número de muertos, la vida del secuestrado y la participación de algunos miembros de esa institución en el secuestro. Los periodistas que trataron de averiguar cuál era la familia del secuestrado, o los detalles de cómo se realizó el operativo tuvieron que regresar a sus salas de redacción con el boletín oficial y con algunas fotos, que, para muchos de ellos, eran acomodadas. Las emisoras no volvieron a tocar el tema durante el día y en Cali la gente prefirió hacer "mutis" por el foro. Pero todo el mundo quedó con una pregunta: ¿qué fue lo qué realmente pasó?
SEMANA pudo averiguar que el secuestro de Alvarado, no era un secuestro común y corriente. De acuerdo con algunas versiones que manejan los organismos de seguridad, el episodio tenía todas las características de un ajuste de cuentas. En cuanto a la acción del F-2, se supo que se trató de un operativo realizado luego de que se recibiera una llamada anónima, en la que se decía que en la casa del barrio Jardín podían tener al secuestrado. Las autoridades, que hasta ese momento no sabían que estaba secuestrado el señor Alvarado, buscaron en las demás dependencias de la policía y de los servicios secretos si existía algún denuncio sobre el presunto secuestro y encontraron que éste había sido puesto únicarnente hasta el día anterior, a pesar de que el secuestrado llevaba casi tres semanas en poder de sus captores.
No obstante, montaron el operativo y llegaron al sitio que había indicado el informante. Luego de rodear la manzana y de tomar las posiciones estratégicas los agentes secretos hicieron un llamado megafónico para que los habitantes de la casa se rindieran, después de advertirles que estaban rodeados. La respuesta fue una ráfaga de ametralladora que inició una verdadera balacera. "Como en las películas, los pistoleros rompían los vidrios con las cachas y luego le disparaban a la policía", contó un vecino. Cuando -al cabo de dos horas- los policías entraron a la casa, todos sus ocupantes estaban muertos, pero allí no estaba el secuestrado.
De inmediato se fueron para Palmira, al parecer por algunas pistas que encontraron en la casa y allí se repitió la historia. Sólo que en esta ocasión cuando les pidieron que se rindieran, el disparo lo hicieron adentro. Los integrantes del grupo de rescate pensaron que habían disparado contra el cautivo y que lo que había que hacer era entrar. El tiroteo fue mucho más intenso, no sólo porque había más secuestradores, sino porque al grupo del F-2 se le sumó una patrulla de la policía de Palmira. Además, luego de que se escuchó el disparo adentro, las autoridades tenian afán de entrar y disparaban "muchas más balas por minuto", como lo manifestó uno de los agentes que participó en la operación.
El segundo tiroteo duro cerca de tres horas ya que los secuestradores contaban con tres excelentes tiradores: el teniente Roberto Merchán y los agentes de policía, Luis Jorge Acosta y Hermes Rosero. El teniente, hasta donde se conocía, no era "torcido" según algunos de los miembros de la policía, pero "de los agentes sí se sabía que andaban haciendo cosas chuecas", le comentó a SEMANA un agente de policía. En efecto, SEMANA pudo establecer que el teniente acababa de ser ascendido y que en su hoja de vida existían por lo menos 10 felicitaciones. Al parecer, el oficial terminó enredado en el asunto por algún tipo de chantaje a que fue sometido de acuerdo con un miembro de la policía.
Otra versión dice que fue el teniente el que se dio cuenta del sitio de los secuestradores, ya que él vivía a dos cuadras del lugar donde se produjo el primer tiroteo y habría visto muchas veces a los agentes en esa casa. Según esta versión habría sido el teniente el que hizo la llamda al F-2 y además habría sido el teniente quien recibió el primer disparo que se escuchó en el interior de la casa en el tiroteo de Palmira. Según ésta, el teniente había terminado como rehén de la banda. En este caso, el tercer buen tirador no sería el teniente sino el jefe de la banda, un ex policía llamado Efraín Gutiérrez Yusti.
El jefe de la banda era también el dueño de la finca en donde se produjo el segundo tiroteo. De acuerdo con averiguaciones hechas por SEMANA, Gutiérrez había sido despedido de la policía por mala conducta y tenía en sus antecedentes varias acusaciones de homicidio. Según los organismos secretos de Cali, este hombre se había dedicado desde hace algunos años al secuestro y últimamente estaba vinculado al narcotráfico. Según esta impresión, los organismos secretos no descartan la posibilidad de que en este secuestro hubiera de por medio alguna actividad relacionada con drogas.
Pero como si fueran pocos los ingredientes de película que tuvieron los hechos sucedidos en la noche del jueves pasado, han aparecido otros. Algunos de los vecinos de la casa en donde se produjo el primer tiroteo, afirman haber visto salir vivas a algunas personas. Y algunos de los periodistas y fotógrafos que llegaron primero a la finca en donde se produjo la segunda balacera, dudan que todos los muertos hayan caído en franca lid y consideran que, de acuerdo con la posición de algunos cadáveres, (como los que se encontraron en el baño de la casa, y la forma como aparecieron ciertas granadas y armas) la impresión era la de que se habían entregado y habían sido rematados a sangre fría.
Todo esto tendrá que resolverlo el juez segundo de Instrucción Criminal, Harold Angel Manrique, quien ya recibió el caso en sus manos y tendrá que investigar un caso de "delincuentes infiltrados", como llamó el Comandante de la Policía Metropolitana, a los policías involucrados en este episodio. Un caso de un extraño secuestro y un caso de un no menos extraño intento de rescate. Por ahora lo único que sabe el juez es que en una noche murieron 15 integrantes de una banda de secuestradores y un comerciante que nadie sabía que había sido secuestrado, pero que logró despertar el interés del F-2 para que lo rescataran como fuera.
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