Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/11/17 00:00

Gato encerrado

Campaña por la liberación de Francisco Cortés, un dirigente agrario colombiano detenido en Bolivia.

Un colombiano preso en Bolivia es objeto de una campaña mundial por su liberación. Se trata del dirigente agrario y defensor de derechos humanos Francisco Cortés, quien desde abril está en Chochoncoro, una prisión construida en 1996 a 4.300 metros sobre el nivel del mar.

Los esfuerzos de sus familiares y amigos por conseguir su liberación han llegado a los jefes de Estado. El 14 de octubre el presidente venezolano, Hugo Chávez, recibió en el Palacio de Miraflores a los miembros de la delegación colombiana al Encuentro internacional de pueblos indígenas y organizaciones campesinas en Caracas. En la entrevista la esposa de Cortés, Lilia Vargas, directora encargada de la Corporación Social para la Asesoría y Capacitación Comunitaria, le pidió al mandatario que se sumara a la campaña. Chávez, según Lilia, se comprometió a conversar sobre el tema con el presidente Alvaro Uribe en la XIII Cumbre Iberoamericana, que se llevó a cabo en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, este fin de semana.

Por los mismos días Andrés, el hijo de 18 años de Cortés, que desde hace cinco meses vive en Bolivia, hizo parte de una delegación a Bogotá del Movimiento al Socialismo (MAS), el grupo del líder cocalero Evo Morales, que tenía la intención de entregarle a Uribe un documento por la misma causa. Al cierre de esta edición no se sabía si Chávez cumplió con lo prometido o si el grupo del MAS boliviano logró su objetivo. Y es que el caso de Cortés cada vez es más visible a nivel internacional.

Sobre el mismo ya se había pronunciado el francés José Bové, el líder campesino de la antiglobalización, quien conoció a Cortés en la visita que hizo a Colombia en 2001. En esa ocasión Bové fue uno de los miembros, junto con Evo Morales, de la misión de Vía Campesina, una de las más importantes agremiaciones de organizaciones del campo, que visitó el país para conocer la situación de las zonas rurales.

En Bolivia

Durante esta misma misión a Cortés le correspondió visitar el Putumayo con Morales, con quien había hecho amistad en anteriores reuniones internacionales. Dos meses más tarde Cortés estuvo en Cochabamba por seis días para participar como representante de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc) en la reunión Acción global de los pueblos.

Aunque ya no trabajaba con la Anuc, Cortés regresó Bolivia en mayo del año pasado y se quedó hasta agosto recorriendo el país en la campaña presidencial de Morales. Su familia sostiene que el traslado se debió al agobio ante las amenazas por su labor como dirigente agrario. En junio su esposa fue a visitarlo y se quedó un mes.

En ese lapso los esposos hicieron amistades. Incluso Claudio Ramírez, un dirigente político, le solicitó a la pareja que apadrinaran a su nieto. Los colombianos aceptaron y este detalle le hizo pensar a Lilia que Bolivia era un país en el que podían vivir. Quería que sus tres hijos dejaran la vida nómada que habían tenido que llevar en Colombia por su trabajo. Cortés dijo en una entrevista que habían tenido que cambiar de casa 19 veces en los últimos 10 años. La idea era comprar una casa en Cochabamba o en Santa Cruz de la Sierra con 4.000 dólares que tenían ahorrados.

El 6 de abril de este año Cortés, después de dejar en marcha la Corporación Social para la Asesoría y Capacitación Comunitaria, viajó de nuevo a Bolivia con la intención de comprar una vivienda en Santa Cruz. Cuatro días después fue capturado por las autoridades en casa de su compadre Claudio, junto con éste y con Carmelo Peñaranda, otro líder boliviano que había estado en Colombia en una misión de solidaridad con los u'wa.

La noticia le dio la vuelta al mundo porque la presentaron como la captura del cerebro de la creación de una guerrilla inspirada en el Ejército de Liberación Nacional (ELN).Transcurrida una semana el colombiano fue trasladado a la cárcel de máxima seguridad.

Poco tiempo después el abogado Agustín Jiménez, miembro del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos; Reynaldo Villalba, del Colectivo de Abogados José Alvear, y Jorge Rojas, de Codhes, visitaron al dirigente agrario en la cárcel. A Rojas lo sorprendio que el fiscal le dijo que el colombiano estaba sindicado de espionaje y que periodistas bolivianos le contaron que la embajada de Estados Unidos invitó a unos periodistas a cubrir el allanamiento. Por eso está convencido de que la detención se realizó con fines políticos.

El 11 de junio el vicepresidente Francisco Santos dijo que Cortés no tenía ninguna investigación penal. Lilia Vargas tiene, además, un documento expedido por la Fiscalía colombiana en el mismo sentido. En Bolivia, mientras tanto, los defensores de Cortés demostraron que el dinero que le habían incautado (4.000 dólares) era lícito, estaba destinado a comprar una casa y no a patrocinar una revolución. Tanto es así que le fue devuelto a su familia en Colombia. Al mismo tiempo comprobaron que un uniforme que se encontró pertenecía a un sobrino del dueño de la casa, quien había prestado servicio militar en la Fuerza Aérea Boliviana.

Lilia y los abogados le solicitaron al nuevo gobierno de Bolivia que traslade a Cortés a otra prisión y se revise el caso, el cual ya fue presentado también ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh). Porque creen que en todo esto hubo gato encerrado.

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