Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/7/1994 12:00:00 AM

GAVIRIA BUSCA PUESTO

A siete meses de su retiro el Presidente escoge destino: la Secretaria General de la OEA. Aún no se sabe si conseguirá los votos ni el costo que tendrá que pagar Colombia, especialmente con su vecino Venezuela...

"NO HE PENSADO EN ESO, NO SE QUE HARE después del 7 de agosto", había contestado el presidente César Gaviria a los periodistas en varias oportunidades en los últimos meses. Pero la semana pasada, cuando el diario caraqueño El Globo publicó la noticia de que el mandatario colombiano aspiraba a la Secretaría General de la OEA, se supo que Gaviria se traía algo entre manos.
Aunque sólo hasta hace unas tres semanas Gaviria comenzó a trabajar en su campaña de manera directa, las gestiones y contactos comenzaron desde julio del año pasado. En ese entonces el Gobierno colombiano empezó a intervenir en el proceso de estudio de los diferentes candidatos, al lado de las cancillerías de Argentina, México y de otros países del continente preocupadas por el profundo deterioro de la Organización de Estados Americanos.
Con el paso de los días la canciller Noemí Sanín; el embajador en Washington, Gabriel Silva, y el embajador ante la OEA, Julio Londoño, iniciaron una labor coordinada y cada vez más clara de preparación del terreno para la postulación de Gaviria a la Secretaría General, cargo que estrenó en 1948 al crearse el organismo el entonces joven ex presidente Alberto Lleras Camargo (ver recuadro).

LAS MANIOBRAS
En junio del año pasado surgieron las primeras aspiraciones a reemplazar al brasileño Joao Baena Soares, secretario general desde 1984. En la primera fila de competidores se ubicó el canciller costarricense Bernd Niehaus, quien comenzó a buscar, con relativo éxito, el apoyo de los países del bloque centroamericano y del Caribe. Un segundo aspirante que saltó al ruedo fue el diplomático venezolano Miguel Angel Burelli, un hombre de 70 años de edad que había logrado un respaldo de consenso al que sólo se oponía el presidente Carlos Andrés Pérez, obstáculo que desapareció tras la caída del mandatario venezolano meses después. Al igual que Niehaus, Burelli había avanzado en la búsqueda de respaldo.
También estaban en la palestra el ex presidente ecuatoriano Rodrigo Borja, el ex canciller boliviano Carlos Iturralde y el ex canciller argentino Dante Caputo, quien había basado su aspiración en el éxito que pudiera lograr al frente de la misión de las Naciones Unidas en Haití. Caputo fue el primero en quedar descartado, pues la misión para Haití se evidenció pronto como un estruendoso fracaso. Otro aspirante descartado fue Borja, quien pronto se estrelló con la falta de apoyo de su sucesor, Sixto Durán Ballén.
Los tres sobrevivientes, Burelli, Niehaus e Iturralde, cumplían con los requisitos de respetabilidad y hoja de vida que suelen exigirse para el cargo. De hecho, en cualquier otra época, el elegido hubiera salido de esa terna. Pero mientras avanzaban sus campañas, ganaba fuerza la idea según la cual la OEA estaba moribunda y requería de la intervención de un cirujano de más alto nivel. La preocupación nació en la cancillería argentina y se extendió a la de México. Aparte de Colombia, se sumaron a estas consultas sobre el futuro de la OEA, Perú, Brasil y finalmente Estados Unidos.
A fines de noviembre el gobierno argentino creyó que el movimiento que estaba liderando iba a fracasar, pues se había convertido en una procesión sin santo. La falta de un candidato que representara la idea de una gran reforma a la OEA estaba dejando el camino libre a Niehaus y Burelli, los únicos dos que habían logrado reunir un apoyo importante. Argentina habló entonces claramente de una candidatura de Gaviria. A ella se sumaron Chile y Canadá. México expresó luego su respaldo, con lo cual Gaviria despejó la duda de que Salinas estuviera interesado en el cargo. Curiosamente, los dos se encontraban por aquellos días como candidatos para asumir, a partir de septiembre de 1994, la cátedra latinoamericana de la Universidad de Harvard, que presidieron en el pasado los escritores Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa.
A estos mensajes de apoyo a Gaviria se agregó el del Departamento de Estado estadounidense, que llegó hace pocas semanas. No deja de ser interesante que Washington respalde la candidatura a la OEA de uno de los pocos amigos que le quedan a Fidel Castro en el continente.
El mensaje de respuesta de Gaviria a los distintos gobiernos que querían impulsar su aspiración fue el de una aceptación condicionada a consolidar una candidatura de unidad que representara varios bloques. Gaviria sabía que con el apoyo suramericano y de los tres grandes del norte -Canadá, México y E.U.- no basta, pues no alcanzan por sí solos a completar los 17 votos que hacen mayoría en la asamblea general, algo que sí son capaces de conseguir los países centroamericanos y media docena de caribeños.
De ahí que los promotores de la aspiración de Gaviria empezaran a tocar las puertas de algunos de estos gobiernos. Las gestiones siguieron avanzando durante las festividades de fin de año, pero aunque algunos de los contactados reconocieron que la aparición del nombre de Gaviria cambiaba las circunstancias, recordaron que habían adquirido importantes compromisos, la mayoría de ellos con Niehaus.

LA OPERACION TELEFONICA
Las cuentas no daban y a fines de diciembre Gaviria iba camino de no conseguir los 17 votos necesarios. Mientras buceaba, montaba en bicicleta y jugaba tenis en Cartagena, el Presidente perdía cada vez más las esperanzas de lograr una postulación mayoritaria. Fue entonces cuando, el domingo 2 de enero, el presidente argentino, Carlos Menem, lo llamó desde Buenos Aires. El mensaje fue directo: según Menem, sólo llamadas directas de Gaviria a cada presidente serían capaces de resolver el estancamiento de la campaña.
A las pocas horas la operación telefónica de Gaviria estaba en marcha. La primera llamada fue el lunes temprano al presidente de Costa Rica, Rafael Calderón Fournier. Gaviria le explicó que varios países le habían propuesto aceptar la postulación y que él lo estaba considerando. Calderón le dijo que comprendía y que una candidatura de talla presidencial podía cambiar las circunstancias dentro de las cuales se había dado la aspiración de Niehaus. Calderón y Gaviria volvieron a conversar a mediados de la semana y los términos cordiales se mantuvieron.
Los contactos con Costa Rica no fueron los únicos. La verdad es que Gaviria suspendió casi todas sus actividades de recreación en Cartagena, y se encerró en la Casa de Huéspedes para comunicarse uno por uno con la inmensa mayoría de los 33 mandatarios del continente con el fin de conseguir su apoyo.
El jueves en la noche la operación comenzó a rendir frutos. El gobierno de Nicaragua, que inicialmente se había inclinado por Niehaus, aceptaba que había nuevas circunstancias. El viernes, el presidente panameño, Guillermo Endara, dijo que la candidatura de Gaviria era "excelente" y reconoció que su país, que había prometido respaldar a Niehaus desde hace más de un año, se encontraba en una situación "embarazosa". Ecuador también se estaba inclinando por Gaviria, después de haber sido considerado durante meses como amigo de Niehaus.

LA OTRA CARA DE LA MONEDA
Con esos tres respaldos, Gaviria podría completar 12 votos, pero más que eso, parecía desatar un efecto dominó en su favor. Aún así, la cancillería -en un comunicado- y el propio Gaviria mantenían el tono prudente y se negaban a formalizar la postulación hasta no estar seguros de tener los votos suficientes.
Pero mientras tanto e independientemente de los resultados de la campaña, ésta desató una delicada tormenta en las relaciones con Venezuela. Al terminar el año 1993, en Caracas existía la convicción de que Burelli estaba por primera vez en capacidad de derrotar la candidatura de Niehaus. "Si Gaviria no se hubiera metido, hubiéramos podido consolidar el apoyo suramericano y sumarle un buen número de votos del Caribe", le dijo a SEMANA un diplomático venezolano.
Los problemas con el vecino país comenzaron desde el lunes pasado. Gaviria llamó personalmente a Burelli, quien se encontraba descansando en su hacienda en La Puerta, una población en los Andes venezolanos. Le informó que algunos países como Argentina y Estados Unidos querían postularlo como secretario de la OEA. Burelli, quien se sorprendió con la llamada, reaccionó fríamente y no hizo mayores comentarios. En horas de la tarde recibió una nueva llamada, esta vez de la canciller Noemí Sanín. Con ella el dirigente venezolano fue más franco: le dijo que la postulación de Gaviria tendría serias implicaciones en las relaciones entre los dos países.
Burelli es un hombre querido y respetado en Venezuela. En 1968, como candidato presidencial, fue derrotado por Rafael Caldera, quien ganó así su primer período presidencial. Ocupó varios ministerios y embajadas, entre ellas la de Bogotá hace unas tres décadas. Sus estrechas relaciones con Colombia le valieron críticas en la campaña de 1968 y algunos creen que le costaron la victoria. Recientemente se convirtió, al lado de Arturo Uslar Pietri, en uno de los principales opositores al gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuya renuncia fue el primero en pedir. Esto lo acercó considerablemente a su antiguo adversario Caldera, quien a la postre ganó las elecciones presidenciales a fines del año pasado. Hoy en día encabeza la lista de candidatos a ocupar la cancillería en el nuevo gobierno.
Después de conversar con Gaviria y con Noemí Sanín, Burelli viajó a Caracas y sostuvo reuniones con el presidente Ramón J. Velásquez y el canciller Fernando Ochoa, y con Caldera. Ochoa se mostró indignado. Caldera también. Estas conversaciones llevaron a Ochoa a citar el viernes en la tarde a la cancillería al embajador colombiano Alberto Casas. El objeto de la reunión era preguntarle oficialmente al embajador si la candidatura de Gaviria era un hecho. Casas se limitó a repetir los términos del comunicado de la cancillería. Ochoa le comunicó que Venezuela no vería con buenos ojos esa candidatura, por cuanto rompe el principio de rotación según el cual ningún país debería volver a ocupar la Secretaría General hasta que todos los demás no lo hayan hecho.

El argumento, aunque en teoría es válido, no es el verdadero motivo de disgusto de Venezuela, país que en realidad se siente maltratado porque, según fuentes diplomáticas de Caracas, hace algunos meses durante una reunión de las comisiones fronterizas en Maracaibo, Gaviria le habría dicho a Burelli que Colombia lo apoyaba, pero que no podría oficializar dicho respaldo hasta tanto no culminaran una serie de negociaciones limítrofes con Costa Rica, pendientes de aprobación por parte del Congreso de ese país.
Aparte de estas razones, no hay duda de que a Venezuela le molesta que su principal socio en la región, con el que ha firmado recientemente tratados de integración y libre comercio en el marco bilateral, en el del Pacto Andino y en el del Grupo de los 3, sea justamente el que saque de la carrera por la Secretaría de la OEA a su candidato. Más que disgustar al gobierno saliente de Velásquez y a su canciller Ochoa -tan poco amigo de Colombia-, lo grave es indisponer al gobierno entrante de Caldera, cuyo desagrado se confirma con las declaraciones muy críticas del ex presidente Misael Pastrana -gran amigo de Caldera-, que constituyeron la única reacción negativa en el país a la postulación de Gaviria. No hay duda pues, de que Colombia está pagando desde ya un alto costo en sus relaciones con el vecino país, en lo que constituye sin duda el otro lado, el oscuro, de la moneda de la campaña del mandatario colombiano.
Aparte de ello, lo demás es bueno para el país, como lo reconoce uno de los principales críticos del actual gobierno, el precandidato Carlos Lemos, quien le dijo a SEMANA que "es excelente que otro compatriota llegue a la Secretaría General". Y es que es difícil decir que para un país es malo que un dirigente suyo asuma una posición como la Secretaría General de la OEA.
Pero, además de ello, no hay duda de que para Gaviria se trata -si le sale bien- de una jugada productiva. Primero que todo le resuelve el problema de qué hacer durante los próximos años. Se trata de un hombre demasiado joven como para asumir de modo tranquilo y resignado el papel de ex presidente. A diferencia de sus antecesores, a él le pueden quedar 30 ó 40 años de vida, y qué mejor manera de iniciar ese período que desde un cargo internacional que lo aleje por un tiempo del debate político interno y le permita adquirir una nueva dimensión, la misma que le sirvió a Alberto Lleras a mediados de la década como trampolín para regresar al país con talla de estadista internacional, derrocar a Rojas Pinilla, pactar con Laureano Gómez el Frente Nacional y hacerse reelegir como presidente. Falta ver si la campaña de Gaviria termina cuajando y qué tan altos resultan los costos en relación con Venezuela. Mientras todo ello se aclara, es evidente una sola cosa: cuando deje la Casa de Nariño, el Presidente estará dispuesto a todo menos a retirarse de la vida pública.



EL PRIMER SECRETARIO

EL NOMBRE DE ALBERTO Lleras Camargo permanece en la mente de muchos americanos como una de las figuras que dedicaron buena parte de su vida a la unión continental. A pesar de que, al igual que Gaviria, a Lleras le faltaba formación en Relaciones Internacionales desde muy pronto su inclinación por la diplomacia lo llevó a ser protagonista de los más importantes momentos históricos del continente. En su calidad de canciller, Lleras tuvo la oportunidad de asistir en 1945 a la Cuarta Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, reunión de la cual surgió el Acta de Chapultepec, embrión de lo que más tarde sería la OEA.
Gracias en buena medida a los oficios de Alberto Lleras, se reunió tres años después en Bogotá la IX Conferencia Panamericana, donde las naciones latinoamericanas intentaron establecer un acuerdo de tipo económico que garantizara una ayuda financiera para los países en vías de desarrollo y un régimen comercial favorable. Los hechos del 9 de abril interrumpieron la Conferencia, pero sin duda el papel desempeñado por Colombia sentó las bases de lo que al poco tiempo se constituiría en la Organización de Estados Americanos. Lleras Camargo, quien fuera su primer secretario general, dio impulso a la dura tarea de demostrar que por lo menos una parte del mundo era capaz de vivir en una sociedad de naciones regida por el derecho.
Pero aparte del reconocimiento que el continente le hizo a Alberto Lleras, para él la Secretaría General de la OEA, que asumió dos años después de dejar la Presidencia de la República -heredada un año antes tras el retiro del titular Alfonso López Pumarejo- fue la plataforma desde la cual Lleras adquirió estatura de gran estadista, la misma que le permitió, tras seis años en la OEA, regresar al país para luchar contra la dictadura, pactar con Laureano Gómez en Sitges (España) el Frente Nacional y ganar las elecciones como primer presidente de la alternación liberal conservadora.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.