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| 3/21/1994 12:00:00 AM

GAVIRIA SE LA JUEGA

¿Qué llevó al presidente Gaviria a lanzar finalmente su candidatura a la Secretaría General de la OEA? SEMANA cuenta la historia.

EL 19 DE ENERO, CUANDO LA ministra de Relaciones Exteriores, Noemí Sanín, se bajó del avión procedente del Caribe y Centroamérica, y dio declaraciones a los periodistas, muchos pensaron que la aspiración del presidente Gaviria a la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA) se había ido a pique. En efecto, tras la gira las palabras de la canciller fueron cautelosas. Dijo que había recibido un testimonio de admiración hacia Gaviria y que, además, había escuchado y respetado la posición de algunos gobiernos de votar por el canciller nicaraguense, Bernd Niehaus. Y agregó: "No fui a contar votos, sino a realizar consultas".
Entonces se pensó que si ella no había traído votos en la maleta, Gaviria no estaba en condiciones de hacer mayoría en la contienda por la Secretaría General, pues con el respaldo de los tres de Norteamérica -Estados Unidos, Canadá y México- y de los países suramericanos, no alcanzaba los 18 votos exigidos en la Asamblea del organismo. El viaje de la Ministra parecía no haber dado frutos.
Pero a juzgar por lo que pasó en la Casa de Nariño el miércoles de la semana pasada, todo indica que no fue así. Ese día, cuando ni siquiera había pasado un mes del regreso de Noemí Sanín, el Presidente, quien no había querido oficializar su aspiración mientras no tuviera la seguridad de una votación numerosa, decidió lanzar formalmente su candidatura ante los medios de comunicación. En su discurso, Gaviria se mostró fuerte en su empresa y confiado en los votos obtenidos por la Canciller: "En las consultas que en nombre del país ha llevado a cabo la señora Ministra de Relaciones Exteriores, hemos constatado que el apoyo con que cuenta Colombia para la Secretaría General de la OEA es vigoroso y cierto". En estas condiciones, la pregunta que se hicieron quienes no habían dado un centavo por el éxito de Gaviria era: si al regreso de la Ministra del Caribe y Centroamérica sus declaraciones fueron cautelosas y casi tímidas, entonces ¿cuál hahía sido la historia secreta de su gira? ¿Cómo había logrado que el Presidente consiguiera semejante espaldarazo de países del Caricom (mercado común del Caribe), que tradicionalmente han votado en bloque?
La verdad es que todo fue a base de una política más inclinada a escuchar que a presionar, más dirigida a consultar que a hacer lobby, en la que salieron a relucir no sólo la habilidad diplomática de Noemí Sanín, sino su simpatía. Un alto funcionario del Gobierno, quien acompañó a la Canciller en su viaje, le dijo a SEMANA: "Recuerdo que la Ministra, después de dialogar largamente con cada uno de los representantes de los países acerca de las posibilidades de que apoyaran a Gaviria, les preguntaba antes de despedirse: "Dígame una cosa: ¿puedo volver a mi país con una esperanza?" .
Sin embargo, la habilidad y la gracia de la Canciller no habrían bastado. Por eso Noemí Sanín puso siempre de manifiesto en sus conversaciones dos antecedentes que en el Caribe han favorecido a Gaviria y que ocurrieron en octubre de 1993, cuando se reunieron los integrantes del Caricom con los del Grupo de los Tres -México, Venezuela y Colombia- en Trinidad y Tobago. El primero de esos antecedentes radica en que, al pronunciar su discurso, el Presidente se robó el show porque lo hizo en inglés. Y el segundo, sin duda el más importante, consistió en que reiteró su respaldo a las pretensiones de los países caribes productores de banano -como Grenada, Santa Lucía, Dominica, San Kitts y San Vicente, entre otros- que, al igual que Colombia y Venezuela, luchan por mantener las preferencias comerciales de la Comunidad Europea. A ello se agrega el hecho de que, tan pronto tomó posesión de la Presidencia, Gaviria nombró como embajadores en la mayor parte de los países del Caribe a personas nacidas en San Andrés y Providencia.

¿Y BURELLI?
El acercamiento del Caribe a la candidatura de Gaviria, que en un principio sonaba como un imposible, fue convirtiéndose poco a poco en algo menos difícil. A la frase "Gaviria es sin duda el mejor candidato", que salía de los labios de los delegados de un buen número de países de la zona, fueron sumándose otras en las que dudaban de su voto por Niehaus o por Miguel Angel Burelli, el actual canciller de Venezuela y otro aspirante al cargo, pues lo identifican como uno de los hombres que contribuyó a la caída del ex presidente Carlos Andrés Pérez, amigo incondicional de las naciones caribes. Por todo esto, una fuente gubernamental que también tomó parte en la gira de la ministra Sanín dijo a SEMANA: "Creímos que en el Caribe nos íbamos a encontrar con una roca. Pero sucedió una cosa bien diferente".
Cubierto ya el Caribe por Noemí Sanín, y en la esperanza de que Niehaus no contaba con los votos que creía, la siguiente zona que empezó a dar muestras de simpatía frente a la aspiración del Presidente colombiano fue Centroamérica. Primero, Panamá, cuyo primer mandatario, Guillermo Endara, se reunió en la capital de ese país el 27 de enero durante una escala técnica de Gaviria, quien iba de paso a la posesiòn del nuevo jefe de Estado de Honduras, Carlos Roberto Reina. Luego el propio Reina, quien sostuvo un diálogo muy cordial con el Presidente, en el que le manifestó que lo apoyaría en la segunda vuelta si Niehaus no ganaba en la primera. Más tarde, en la misma capital hondureña, el guiño estuvo a cargo de Violeta Barrios de Chamorro, presidenta de Nicaragua, cuando dijo que "la candidatura de Gaviria a la OEA es perfecta". Posteriormente el visto bueno corriò por cuenta del presidente de El Salvador, Alfredo Cristiani, según el cual "la aspiración de Gaviria obligaría a que Centroamérica reanalizara la situación". Por último, la elección de José María Figueres como nuevo presidente de Costa Rica, el 6 de febrero, cambió el partido del gobierno al que venía sirviendo Niehaus, motivo por el cual se sospecha que The Miami Herald lanzó el nombre del ex presidente y premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, que hasta ahora no ha cobrado mayor acogida.
A todas estas, daba la impresión de que el terreno estaba abonado para Gaviria. Pero no contento con eso, a principios de este mes él decidió enviar una delegación a Washington, donde dialogó con cerca de las dos terceras partes de los embajadores acreditados ante la OEA. La delegación regresó el 13 de febrero con la misión cumplida. De inmediato se empezaron a producir más pronunciamientos en pro de la aspiración de Gaviria. Al día siguiente, el ex canciller boliviano Carlos Iturralde, quien había puesto su nombre a consideración para la Secretaría General, declinó su candidatura y adhirió a la colombiana. Y 24 horas después, el presidente del Perú, Alberto Fujimori, confirmó en su visita a Bogotá su respaldo a Gaviria.
Así, pues, aunque todo está dado para el triunfo del Presidente, en esta elección nada es seguro porque el voto es secreto. Incluso un embajador puede desobedecer a su superior. Pero lo cierto del caso es que las potencias americanas, como Estados Unidos, Canadá, México, Argentina y Brasil, confían en el triunfo de Gaviria, a quien escogieron por su capacidad reformista y con el propósito de que fortalezca la OEA y, desde allí, el proceso de integración económica y la defensa de la democracia en la región. No en balde ahora las circunstancias han cambiado: el próximo año se prevé un aumento en el mercado mundial de 200.000 millones de dólares y América quiere morder un buen pedazo. Especialmente en épocas como la actual, en la que soplan vientos de apertura y de libre comercio, dos procesos en los que Gaviria está bastante curtido.
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