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| 8/26/2006 12:00:00 AM

General, ¿me acepta que lo invite a ver la película de la guaca?

El general (r) Carlos Alberto Ospina le contesta a María Isabel Rueda.

M.I.R.: ¿Cuánto hacía que no iba a cine?

Carlos Alberto Ospina .: La semana pasada mis hijos me invitaron a ver Los piratas del Caribe, aprovechando que ahora estoy retirado. Pero antes de eso, hacía 30 años que no iba a cine. ¿A qué horas?

M.I.R.: Pues le luce mucho el 'everfit'. ¿Cómo le pareció la película? Decidí invitarlo a ver 'Soñar no cuesta nada', porque usted fue protagonista de esa investigación…

C.A.O.: Muy buena, aunque como película novelada de los hechos, es exagerada en algunas cosas. Sí, a mí me informaron de los escándalos que estaba causando en Popayán hace tres años un numeroso grupo de soldados que gastaban plata a rodos, comprando camionetas de contado, ropa, trago… Se lo conté al presidente Uribe, y éste me pidió que nos anticipáramos a revelar los hechos. Convoqué a una rueda de prensa pero, curiosamente, para el tamaño del escándalo, los periodistas se fueron sin haberme hecho una sola pregunta.

M.I.R.: ¿Usted alguna vez encontró una guaca?

C.A.O.: No en la lucha contra la guerrilla sino contra el narcotráfico. Encontré cuando yo era capitán en Santa Marta un cargamento grandísimo de droga, en un sitio que se llama Bahía Concha. Nos ofrecieron una caja llena de plata para que no incautáramos el cargamento. "No nos dé fuete", me decían. Obviamente, yo me llevé todo para el batallón. En otra oportunidad, un 24 de diciembre, me pasó lo mismo con un camión lleno de marihuana.

M.I.R.: ¿La película le pareció apologética?

C.A.O.: Tiene muchos mensajes. Está la lucha entre el bien y el mal: uno de los soldados luchando para ser honrado y los otros a no dejarlo. El otro mensaje es que el mal no paga porque todos terminan en la cárcel. Pero tiene un mensaje que no es muy favorable para el Ejército, y es que esos muchachos están abandonados en la selva pasando hambre.

M.I.R.: Y comiendo mico y unas chizas espantosas… ¿A usted le tocó probar de eso?

C.A.O.: Pues sí, yo he comido mico. Le dicen mico chunco. Y esas especies de gusanos que comen en la película se llaman morrocoyes, y crecen debajo de los palos. Comer de eso es parte de la instrucción en la escuela de lanceros. Pero es para casos extremos. Desde el año 86 es un delito no abastecer a una patrulla, y todos se cuidan de eso.

M.I.R.: ¿Cómo le pareció el fallo del juez militar?

C.A.O.: Lo que ha causado la controversia es la calificación del delito.

M.I.R.: Ahí no hubo ningún prevaricato… ¿De qué delito se les habría podido acusar a cambio?

C.A.O.: Ellos tampoco es que estuvieran tan desprevenidos. En la película dicen que estaban buscando a los tres gringos, pero no era una operación de rescate. Esa área donde estaban es de influencia del Secretariado y de la columna Teófilo Forero. Ahí había armas, municiones, y al estar eso, la plata enterrada hacía parte de la misma área. Con el señor Presidente se había hablado de que cuando se encuentre una guaca, ese dinero es para la vivienda de los soldados.

M.I.R.: Pero la opinión generalizada es que la pena fue demasiado severa…

C.A.O.: Yo diría, pero no me atrevo mucho a sostenerlo porque no soy el juez y no sé si se hayan cambiado los códigos, que la calificación de la falta debió ser desobediencia, que está tipificada como el que no cumpla una orden o sin autorización la modifique, y la pena es mucho menor. Pero le repito que yo no soy el juez.

M.I.R.: ¿Por qué pidió usted la baja del Ejército?

C.A.O.: Consideramos, con otros comandantes, que si ganaba el presidente Uribe, teníamos que pasar nuestra solicitud de retiro para que él refrescara su estrategia y para no taponar a las generaciones que vienen detrás de nosotros.

M.I.R.: Pero, de acuerdo con la filosofía del Presidente, ¿no es mejor tener generales de ocho años?

C.A.O.: En la vida política uno puede ser ministro hoy y mañana ser otra cosa. En la carrera militar si no hay espacio para los que vienen después, se tienen que retirar jóvenes.

M.I.R.: Qué episodios recuerda como los más difíciles de su carrera?

C.A.O.: Pues recientemente los de Guaitarilla y Jamundí. La muerte del doctor Echeverri y del gobernador Gaviria. Yo iba a participar personalmente en ese rescate y estaba preparado para bajar por un lazo, pero como comandante del Ejército no podía asumir responsabilidades que no me correspondían. Lo que pasó fue que como el terreno es muy escarpado, era un rescate muy difícil. Ahí recibí una lección de honradez del Presidente de la República. Sus asesores le decían que no podía asumir la responsabilidad porque eso lo mataba políticamente. Nunca se me olvidará lo que dijo el Presidente: "A mí no me eligió el pueblo colombiano para decir mentiras". Ahí lo vi en su verdadera dimensión. También tuve un momento muy difícil cuando pasó lo de La Carpa, cuando nos mataron a tres suboficiales y 22 soldados, y yo era el comandante. Yo asumí esa responsabilidad. Pensé que era el fin de mi carrera. No creo en la venganza, pero esperaba que con los años podría devolver ese golpe. Se lo devolvimos a la guerrilla, pero triple, cuando atacaron Puerto Lleras y Puerto Rico, y dimos de baja a 79 bandidos.

M.I.R.: ¿Por qué escogió la carrera militar?

C.A.O.: Mi papá era militar. Estuvo 30 años en el Ejército. Mi tío también estuvo 30. Yo estuve 41. Entre los tres le servimos 100 años a la patria.

M.I.R.: ¿Los generales también lloran? El día en el que se despidió me pareció que se le aguaron los ojos…

C.A.O.: No, no. Cuando uno es el comandante tiene que ser firme o si no se forma el caos. Uno no se puede dejar llevar por la emoción. En el mando hay que estar por encima de eso. Le voy a contar un secretico: ese día, antes de hablar con todos mis subalternos, me tomé un trago de whisky. Yo nunca tomo, pero eso me ayudó a controlar las emociones.

M.I.R.: A usted se le caracterizaba como un general tropero…

C.A.O.: Yo como estudiante militar fui malísimo, pésimo. No me rendía en los estudios. Estudié ingeniería en la Escuela militar y me dio muy duro. Arrastraba materias, nunca pasé limpio. Siempre estaba con hambre, cansado, y esas matemáticas… Mi profesor de dibujo me dijo: "Mire Ospina, su dibujo es pésimo. Lo debería rajar. Pero quién sabe si usted llegue a ser algún día un buen general". Y me puso 3. El resto de mi vida le estaré agradecido, porque era la nota definitiva. Y como era mal estudiante, no porque fuera maqueta sino porque no daba para más, cuando salí de oficial a mí no me pusieron de instructor, donde van los mejores, sino me pusieron donde me correspondía, en los batallones más alejados, en la provincia. Me acostumbré a ese ambiente, a estar en patrullas. Me especialicé en seguir huellas. De comandante general, hace apenas un año, volví incluso a un combate. Siempre me sentí muy cercano a donde comencé mi carrera militar.

M.I.R.: ¿Y cuál recuerda como uno de sus mejores momentos?

C.A.O.: Me siento muy satisfecho con lo que pasa ahora, que las personas pueden salir por las carreteras. En el año 2001 había un bloqueo de los bandidos a Putumayo. El general Mora era el comandante del Ejército y yo le dije que me dejara, que yo tenía unos carros blindados que había construido, con ayuda de un latonero y de unos soldados, de acuerdo con las instrucciones que había leído en una revista. Al general Mora le dio risa, pero con esos carros rompimos ese bloqueo y llevamos 2.000 toneladas de alimentos a Putumayo. Hoy, obviamente fabricados por compañías especializadas, se convirtieron en el plan meteoro, que cuida las carreteras. Veo un carro de esos y me siento orgulloso.

M.I.R.: Oí al general Freddy Padilla, que por cierto me parece una persona muy interesante, decir cuando se posesionó en su reemplazo, que estamos en el principio del fin con la guerrilla. ¿Eso sí será cierto?

C.A.O.: Freddy es un hombre de una inteligencia privilegiada. Buena persona, buen amigo. Yo lo recomendé como mi sucesor. Lo que él dijo no significa que la guerrilla se vaya a acabar en 15 días. Los analistas de esta guerra son muy de momento, no entienden el manejo global del tiempo. Dentro de la proyección prolongada del conflicto estamos en una fase en la que ya se ve la decadencia que tiene que llevar al fin. La guerrilla ha perdido su espacio. Su discurso ya no convoca. Todavía la sostiene la logística, pero ella ya no funciona de manera ascendente. Y también perdieron proyección. Quieren la toma del poder pero esa proyección cada día está mas lejos. La proporción de los que entran a las Farc y los que se retiran o porque desertan, o los matan, o los capturan, es cada vez más grande entre los segundos. Estamos viviendo la última fase, pero eso no quiere decir que se va a morir hasta el último guerrillero. Esto tendrá que terminar con una negociación.

M.I.R.: Usted, como comandante de las Fuerzas Militares, ¿supo alguna vez dónde tienen a algunos de los secuestrados?

C.A.O.: No puedo contestárselo. Lo que queremos que los secuestrados sepan, como dice una placa que yo puse en el comando, es que puede que estén secuestrados, pero nunca olvidados. Me duele mucho y me da vergüenza no haber podido rescatarlos, como era mi deber.

M.I.R.: ¿Se va para alguna embajada?

C.A.O.:: Yo no tomo, no fumo, no me gusta usar corbata, no me gusta la vida social, vivo de jeans y camiseta. Le dije al Presidente que es mejor que nombre a otra persona que lo haga mejor que yo.

M.I.R.: ¿Qué se va a quedar haciendo entonces?

C.A.O.: Levantándome a las 5 de la mañana a trotar y a ver los amaneceres. Es el momento más hermoso del día. Ah, y son gratis.
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