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| 11/21/2004 12:00:00 AM

Germán el bueno

A pesar de la s reservas iniciales, Efromovich acabó siendo la mejor alternativa posible para Avianca.

Cuando Germán Efromovich fue presentado a la opinión pública fue percibido como un pirata. Los colombianos, quienes creían que su aerolínea nacional iba a ser comprada por una de las compañías aéreas más grandes del mundo como Continental, no salían de su asombro cuando les informaron que el comprador era un empresario judío-brasileño-boliviano totalmente desconocido y con algo de aventurero.

Eso fue el 22 de mayo pasado. Hoy, seis meses después, la noticia de que Efromovich sería el comprador final le dio un respiro de tranquilidad al país. Frente a las alternativas se había convertido en un símbolo de respetabilidad empresarial. Puede que Continental fuera mejor que Efromovich. Pero este último sin duda era mucho mejor que el jeque árabe anónimo y mucho más concreto que la familia sin nombre con 100 millones de dólares en una cuenta. ¿Cómo fue posible que el coco se convirtiera en salvador?

En primer lugar, el propio Efromovich manejó bien la situación. Su propuesta fue coherente y consistente. Nunca aceptó revisarla ante los fantasmas con que lo amenazaban. Mostró ser un hombre cordial, trabajador y astuto. En los meses que transcurrieron desde su presentación en sociedad hasta su coronación, hizo muchos amigos en Colombia y en los puestos clave. Y nada neutraliza más los prejuicios que la química personal.

Otro protagonista de la jornada fue el juez Allan L. Gropper, que llevó el caso de Avianca en la corte de bancarrotas de Nueva York. En un tema tan complicado de altas finanzas, demostró conocimiento, equilibrio e imparcialidad. Cuando los pilotos chantajeaban con una huelga si no les daban una prórroga para sacar otro millonario tapado de la manga, los paró en seco. Manifestó que no podía extender un proceso que se había manejado con seriedad ante una oferta intermediada por los pilotos de un personaje anónimo cuyo nombre ni se podía revelar. Teóricamente, aún los pilotos tienen de 10 a 15 días para presentar esa oferta mil veces superior, siempre y cuando sea aceptada por el juez una apelación del fallo. Pero pocos creen que esa fantasía se pueda convertir en realidad.

En todo caso se trata de una de las historias de Capítulo 11 más cortas de aerolíneas que se tenga noticia. Normalmente, estos episodios son largos y complicados. Se llegó a este proceso gracias, en parte, a la serenidad que demostraron tanto Valores Bavaria como la Federación Nacional de Cafeteros durante todo el tiempo. Con jeques árabes y amenazas de huelgas, el Capítulo 11 se había convertido en un reality que todos los colombianos vivieron día a día durante estos 20 meses. En esas circunstancias, la cautela de Javier Aguirre, presidente de Valores Bavaria; Gabriel Silva, presidente de la Federación de Cafeteros, y Germán Efromovich fue definitiva. Y el empresario brasileño se fue ganando su espacio en el proceso.

En sus primeras declaraciones, Efromovich dijo que espera renovar la flota, compuesta por 36 aviones, a partir de 2008. Está pensando en arrendar dos Boeing 757, dos 767 y 30 aviones para las rutas nacionales. También explicó que convertirá a Bogotá en un centro de conexiones y que entre sus prioridades está aumentar los destinos internacionales, como por ejemplo los mercados asiáticos. Puso especial énfasis en lo que él llama "la perfumería", es decir, todo lo relativo a la comodidad del pasajero. Esto es, mejorar los asientos, los audífonos y las mesas personales, entre otros.

Ya contrató una firma norteamericana para que cambie toda la imagen visual de la compañía, desde el logo y los colores en los aviones hasta los uniformes de las cabineras. Lo que sí queda claro es que va a desaparecer la mariposa de Alianza Summa y va a regresar el tradicional cóndor de Avianca.

La verdad es que cuando alguien se le mide de primero a un negocio emproblemado, es más grande el riesgo pero también, más grande el beneficio si el negocio sale adelante. Eso fue lo que le sucedió a Efromovich. Desde que hizo su oferta de compra la situación económica de la empresa ha mejorado notablemente, a tal punto que pasó de la quiebra a una caja positiva y a un Ebitda proyectado de 67 millones de dólares para este año. Pero hay que recordar que aún debe cerca de 220 millones de dólares que deberá pagar en un período de siete años.

Y en el fondo, aunque el camino de aquí en adelante no está totalmente despejado, no le salió muy caro. Lo que tiene que girar en realidad son 44,5 millones de dólares porque los 18,5 millones restantes para la cifra de 63 millones de dólares de la que tanto se ha hablado constituyen el aporte de la Federación de Cafeteros para quedarse con el 25 por ciento de la compañía.

Efromovich hizo un gran negocio, pero se lo merece.
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