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| 4/27/2015 5:10:00 PM

¿Está manejando bien Gina el paro de maestros?

¿La actitud de la ministra frente a los maestros ha sido la adecuada? ¿Qué se dice en las redes?

Muy pocos días atrás, la ministra de Educación Gina Parody era una de las funcionarias mejor valoradas tanto por sus colegas de gabinete como por los voceros de la oposición. Su inteligencia, extraordinaria capacidad gerencial, dotes de ejecutiva y habilidad para comunicar la habían convertido en una de las estrellas de esta administración.

De hecho, en la trascendental Cumbre de Las Américas, en Panamá, en la que se definía el rumbo de las nuevas relaciones entre Estados Unidos y Cuba, a ella se le vio siempre cerca del presidente Juan Manuel Santos, quien de esta manera simbólicamente le mostraba el nivel al que había llegado.

“Me parece una muy buena ministra, creo que es excelente”, decía con frecuencia el panelista Juan Lozano en los debates de Blu Radio en los que él suele llevar la lanza de la oposición. En La FM de RCN los comentarios hacia ella solían ser muy positivos; en la última encuesta de Cifras & Conceptos, que divulga Caracol Radio, ella fue la mejor valorada, por encima de pesos pesados como María Ángela Holguín (Cancillería), Juan Carlos Pinzón (Defensa) y Juan Fernando Cristo (Interior); y en La W aún se escucha el eco del llamado de atención que le hizo al aire Julio Sánchez Cristo a su joven y estrella periodista Camila Zuluaga por haber dudado de la idoneidad de Parody cuando iban a nombrarla.

Esta buena prensa que solía acompañar a la ministra hizo incluso que su nombre empezara a sonar en las cábalas de los futuristas como una sólida aspirante presidencial. Muchos veían en ella una fascinante mezcla de carisma, juventud e inteligencia. Sin embargo, Gina se encontró de frente con una de las situaciones más difíciles de sortear para un ministro: un paro general.

No es sencillo porque las reivindicaciones de los maestros siempre serán más que justas. Se trata de uno de los sectores que históricamente peor han sido recompensados en comparación con el inmenso aporte que le brindan al país. El problema es que estos optaron por elevar sus reclamos afectando de paso el derecho a la educación de nueve millones de niños. Se podría decir que es difícil hoy encontrar una familia en el país que no haya sido tocada por este movimiento. Bien sea porque sus niños no han podido ir a clases, porque han sido afectados en los trancones producto de las movilizaciones o porque alguno de sus empleados ha tenido que quedarse en casa para cuidar los pequeños porque no tenía con quién dejarlos.

Así las cosas, la ministra asegura que ella se sienta a la mesa mientras no se vea sometida por esta presión en la que se usan los niños. Los maestros, por su parte, alegan que estuvieron en conversaciones con el Ministerio durante casi dos meses y que ella sólo se hizo presente por espacio de 50 minutos. Hoy incluso dicen que se sientan a conversar sólo con el presidente Santos porque ella no les sirve de interlocutora. Se trata de un panorama complejo.

La ministra se la ha jugado a fondo porque si bien ella es la que está poniendo la cara, se sabe que la solución a los problemas no pasa sólo por su despacho, sino por la cartera de Hacienda, que maneja Mauricio Cárdenas. Como Gina es la que ha respondido, el hombre del billete hasta ahora ha estado relativamente al margen. Sin embargo, en medio se semejante tensión la pregunta es natural: ¿Está manejando bien Gina el paro de maestros?


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