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| 12/11/1980 12:00:00 AM

¿Giro radical?

La visita al país del secretario de Defensa de Estados Unidos señala que por primera vez Washington está más preocupado por la lucha contra el terrorismo en Colombia que por el combate al narcotráfico.

Por que vino el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, a Colombia, apenas cuatro días después de la visita del jefe de Estado Mayor Conjunto, el general Richard Myers? Son los dos funcionarios más importantes en materia de guerra de la primera potencia mundial bajo uno de los gobiernos más belicistas de los tiempos recientes. ¿Qué puede ser tan importante en la pequeña Colombia como para que en una semana vengan estos dos pesos pesados?

Es cierto que es agosto, el mes de vacaciones en Washington, en el que hasta George W. Bush está en su rancho de Texas. Por esta época es cuando los funcionarios aprovechan el respiro para hacer gestos de apoyo a sus aliados menores. No es casualidad que cuando Bill Clinton vino como presidente en 2000 era también agosto. Además Colombia es miembro de la coalición y aliado incondicional e interesado en lucha antiterrorista.

Pero de todos modos no se puede subestimar que el gesto de respaldo es contundente. "Su visita aquí muestra inequívocamente que en la lucha para derrotar a los terroristas usted es un aliado", dijo con razón la ministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez. Además no hay que olvidar que en su cruzada mundial contra el terrorismo Estados Unidos puede mostrar pocos avances. Y no cae mal venir a uno de los pocos lugares donde hay resultados.

Las explicaciones anteriores, sin embargo, no son suficientes para justificar el peso de las visitas. Aunque no se comprometió con ayuda específica, Rumsfeld sí dejó ver que se puede venir un cambio sustancial en las relaciones de su país con Colombia.

Durante los últimos 25 años ha sido una relación dominada por el tema del narcotráfico. La ayuda, poca o mucha en los distintos años ha sido prioritariamente dirigida a combatir el tráfico ilegal de estupefacientes. El consumo de drogas en Estados Unidos era una preocupación importante en la agenda política de ese país y, por ende, ese problema definía su política exterior frente al principal productor de cocaína del mundo. Colombia pidió con el Plan Colombia recursos para combatir su guerrilla, y el gobierno gringo se los aprobó, como un subproducto de su lucha antinarcóticos.

Esto comenzó a cambiar con la aprobación de la última ayuda, pues la rígida restricción que había de sólo gastar dinero estadounidense en actividades antinarcóticos se flexibilizó un poco. El grueso de los recursos de todos modos ha seguido siendo contra el narcotráfico. Y aquí es donde la visita de Rumsfeld marca un hito: en cada comentario soltó con claridad que la cosa ahora podría ser al revés: si hay ayuda contra el narco será porque éste es el oxígeno del terrorismo. Porque ahora -pos 11 de septiembre- la prioridad absoluta gringa es controlar la amenaza terrorista.

En la rueda de prensa que dio en Bogotá, Rumsfeld aclaró que la recién aprobada ayuda para la interdicción aérea era para armas, tanto como para drogas ilícitas. Esto es nuevo. En la entrevista que le dio a El Tiempo fue muy explícito en anotar que el problema de las drogas ilegales aislado era de demanda y que exigía sobre todo educación en los países consumidores. Es la misma tesis que dio en un encuentro en Washington el 14 de agosto cuando le preguntaron su opinión acerca del aumento de la producción de opio en Afganistán desde la salida del régimen Talibán. Contestó: "Es un problema de demanda. Mucha gente la quiere; mucha gente con dinero la paga. Podemos reducir a cero (la producción de droga) en un país y no cambia para nada la cantidad de droga que llega a Europa o a Estados Unidos". Y es la misma posición que tuvo en su testimonio sobre el tema ante el Senado de Estados Unidos, cuando se iba a posesionar en el cargo, que el problema se ataca cuando se educa a los potenciales consumidores y no atacando militarmente a los productores.

Entonces la visión que Rumsfeld expresó en El Tiempo es que el narcotráfico es peligroso no en sí mismo, sino "porque alimenta el terrorismo y a redes terroristas y esto es algo que la gente que piensa igual debe trabajar junta para enfrentarlo". La preocupación estadounidense no se limita al hecho de que las Farc hagan terrorismo en Colombia, y que esto afecte a los vecinos y altere la estabilidad de la región. Sino también a que, como las Farc y otros terroristas ya tienen canales de acceso a Estados Unidos con la droga, los terroristas que tienen a Estados Unidos en la mira se puedan aliar con ellos para llegar a su país. La afirmación de Rumsfeld de que Colombia es un aliado en una guerra antiterrorista pues esta no es de un solo país, no fue retórica: hoy la consideran un aliado necesario para defender a Estados Unidos del terrorismo.

"Ventas directas de drogas, lavado de dinero y otras actividades ilícitas en Bolivia, Paraguay y otros países latinoamericanos financian operaciones terroristas mundiales", dijo el general James Hill, jefe del Comando Sur de Estados Unidos a un reportero del Departamento de Defensa el pasado 19 de agosto. "Eso es un hecho, no es una especulación".

La tesis de Rumsfeld de que los "espacios no gobernados" en el mundo son altamente peligrosos coincide con lo que sucede adentro de Colombia y en zonas aledañas a varios de los vecinos: son territorios sin control gubernamental, ideales para operaciones terroristas. Por eso vino a Colombia a decir que le gustó la política de seguridad democrática del presidente Alvaro Uribe porque uno de sus ejes es mejorar el control territorial.

Un visitante con estas ideas vino como anillo al dedo al gobierno colombiano, muy interesado en conseguir recursos para sostener su decidida batalla contra los grupos armados ilegales. Fue la oportunidad para hacerle llegar a Rumsfeld sus prioridades, teniendo en cuenta que en menos de tres meses será lanzado el Plan Colombia II (el de Uribe) y, en menos de seis meses, el gobierno de Bush presentará ante el Congreso su paquete de ayuda para Colombia para 2005. La ayuda que se discute hoy en el Congreso para 2004 le da cuatro dólares a la batalla antinarcóticos por cada dólar que da de apoyo militar. Con su nueva doctrina en mente, y si lo que vio en Bogotá lo convenció, no será extraño pensar que la ayuda para 2005 que presente el gobierno Bush al Congreso sea más equitativamente repartida entre lo antiterrorista y lo antinarcóticos.

Como una consecuencia de lo anterior, Rumsfeld también compartió extensamente su visión de lo que deben ser las nuevas Fuerzas Armadas en un mundo donde la amenaza principal ya no son enormes ejércitos y aviaciones enemigas, sino las "amenazas asimétricas" y los "ataques cibernéticos" del terrorismo global. En su propio país libró una batalla por el cambio de doctrina en defensa, hacia una fuerza militar más ágil y liviana, con mayor y más rápida capacidad de acción frente a la información que se obtiene con la inteligencia. En Colombia repitió su doctrina pero dejó abierta la posibilidad de revisar "de militar a militar una variedad de maneras que se ajustarían a las circunstancias de cada cual" . Un poco más explícito, el general Myers ya había anunciado ayuda a los militares en "planeación, uso de la inteligencia y entrenamiento".

¿Quiere todo esto decir que Estados Unidos va a profundizar su presencia en Colombia con más militares y dinero? No es probable. El mismo Rumsfeld fue contundente en decir que no cree que sea necesario cambiar la ley que prohíbe pasar de 400 el número de militares estadounidenses en Colombia. Lo que sí queda claro es que de ahora en adelante habrá voces en Washington que hablarán duro en favor de que el énfasis principal de la ayuda a Colombia sea contraterrorista y no antinarcóticos. Y esto sólo ya implica un giro radical.
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