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| 5/2/2017 12:15:00 PM

El SOS de la gobernadora del Putumayo

A un mes de la tragedia, Sorrel Aroca lanza una alerta sobre el riesgo de que se vuelva a producir un desastre natural en su región. Solicita ayuda del Estado y de la industria para dirigir su economía hacia un modelo sostenible y limpio que se pueda imponer en todo el Amazonas.

El día en que la avalancha se tragó medio Mocoa, hace exactamente un mes, Sorrel Aroca se encontraba en casa con su hija de 8 años, cerca del camino principal del torrente de lodo, piedras y árboles que bajaron del cerro en cascada.

Juntas, la gobernadora y su hija corrieron por las avenidas inundadas hasta el puesto de defensa civil más cercano, en donde se resguardaron del alud de tierra. Pero el incidente dejó marcas en la pequeña que ahora no quiere regresar de Orito, donde se encuentra refugiada, por miedo a que vuelva a suceder otro desastre.

Aunque trata de persuadirla de lo contrario, la propia gobernadora Putumayo acepta que tiene dudas sobre los riesgos que acarreará el invierno para la capital del segundo departamento con más ríos de Colombia y lanza un SOS para pedir ayuda económica con la que pueda orientar la vocación del municipio hacia un sistema de turismo y energías renovables que haga de Mocoa un paso obligatorio entre el norte y el sur del continente.

Semana: Al igual que su hija, varios niños mocoanos quedaron espantados de la tragedia. A un mes del incidente, ¿cómo se encuentran?

Sorrel Aroca: Muchos niños se han ido del municipio hacia otros departamentos, pero los que se quedaron cuentan con acompañamiento sicosocial, porque si como adultos estamos impactados, pasarán muchos años para que nuestros niños puedan reponerse de esto que sufrimos.

En la ciudad, las labores escolares reiniciaron a partir del 17 de abril y a la fecha se tiene un promedio de asistencia escolar del 75.89%, contando los 450 estudiantes que solicitaron su retiro formal y que pueden ser parte de las 262 familias que recibieron subsidios para trasladarse a otros lugares del país con el apoyo de la cancillería y la Organización Internacional para las Migraciones.

Semana: ¿Qué hay de las otras poblaciones vulnerables? ¿Queda gente en los albergues?

S.A.: En los albergues temporales también quedan familias afectadas. Está el Pepino, que consolidó cerca de nueve sitios que habían al comienzo, además de un albergue de madres gestantes y lactantes y otro de la organización zonal indígena del Putumayo en los que en total se encuentran todavía 416 personas que reciben a diario sus raciones de comida para el desayuno, almuerzo y cena. La idea es que pronto ellos también puedan recibir subsidios para arrendar una nueva vivienda o mudarse a otro lugar si es lo que desean. El sábado se realizaron los primeros pagos de esos subsidios.

El Ministerio de Vivienda es el que lidera el proceso de la construcción de casas para los afectados, pero nosotros hemos apoyado con el censo, la búsqueda de predios y la caracterización de la población. Esperamos que pronto esté listo el estudio que delimita las zonas de riesgo para poder iniciar las obras de alojamiento.

Semana: Cuando estuvimos en Mocoa, se comenzó a hablar de posibles riesgos de epidemias y se vacunaban a cientos de habitantes de la ciudad. ¿Cómo está la situación de salud en el municipio?

Le recomendamos: ¿Por qué esperar a que suceda una tragedia para reaccionar?

S.A.: Por el momento tenemos acompañamiento de salud permanente para los albergues y la comunidad de Mocoa; se han subministrado cerca de 53.000 dosis de vacunas para cubrir a 24.000 personas y también hay apoyo para los animales.

Aunque la fase de emergencia cerró el 18 de abril, en este momento nos quedan pendientes por entregar 367 toneladas de comida de las 2.280 que llegaron con la ayuda humanitaria y que servirán para la fase de estabilización y recuperación en la que nos encontramos. En este momento no podemos decir que nos hemos recuperado plenamente, aún tenemos pendiente el restablecimiento de la ciudad y la vigilancia epidemiológica. Dios quiera que no nos vaya a brotar una enfermedad de entre las manos.

Semana: Justamente, acerca de la situación socioeconómica de Mocoa, ¿cómo va el restablecimiento de los servicios de agua y electricidad?

S.A.: En estos momentos se tiene energizado el 97.24 % de Mocoa con una estación móvil provisional y la mayoría del Putumayo que se quedó sin energía cuando tronó la subestación Junín. Aún nos faltan tres veredas, pero ya casi logramos regresar a la normalidad. En agua se viene adelantando la gestión del abastecimiento de agua en la zona suroccidente de Mocoa y en el centro de la ciudad. No puedo decir que sea agua 100 por ciento tratada, pero es agua que sirve para labores básicas de higiene. Hay un avance de 43 por ciento en el servicio de agua cruda por red y un 5% de agua potable. Gracias a Acueducto de Bogotá y Aguas Mocoa que operan la planta potabilizadora que nos trajeron cuando sucedió todo, se está haciendo un abastecimiento de agua potable todos los días por sectores de acuerdo con el cronograma.

Semana: ¿Ya ha reactivado el comercio en la ciudad?

S.A.: Todos nos encontramos con la expectativa de que va a pasar, ya se lanzó la convocatoria para la recuperación y el fortalecimiento del tejido empresarial de la ciudad de Mocoa a través de un proyecto que se llama Innpulsa Colombia, que busca fortalecer las unidades de negocio que quedaron afectadas. Hay 3 mil millones de pesos disponibles en total.

También estamos trabajando los proyectos Minegocio y Jóvenes en acción, pero me gustaría visibilizar una línea en la que voy a poner muchos recursos, porque hay un sector de la economía que es el comercio informal, de las madres cabezas de hogar que han perdido sus herramientas de trabajo, sus modos de vida y no pueden acudir a estos créditos. Esa línea la vamos a encabezar nosotros, ya hicimos el censo de esas personas que son 1040 y estamos diseñando una estrategia a través de la secretaría de productividad y competitividad.

Hemos avanzado mucho, pero aún nos queda mucho camino por recorrer. La afectación sufrida por el sector turístico de Mocoa fue dramática. Es un sector muy dinámico, con mucho futuro, pero aún no hemos podido llegar a atender a esa población afectada.

Semana: También se acerca el invierno, ¿qué medidas están previendo para evitar que vuelva a ocurrir una catástrofe como la del viernes 31 de marzo pasado?

S.A.: Después del Chocó, el Putumayo es el segundo departamento en donde más llueve en el país. El 30 de marzo, por ejemplo, fue un día súper soleado, súper caluroso antes de que comenzara a caer el agua: nuestra geografía es impredecible. Desde el primero (de abril) se están haciendo medidas de contingencia, todos los días se hace la limpieza de los cauces, la remoción de los escombros en los cauces de los ríos… pero la autoridad ambiental en la región es Corpoamazonía. Lo que nos corresponde como gobernación es estar pendiente de cada quien haga lo suyo, tenemos una maquinaria que tiene un cronograma diario de limpieza de los ríos.

Si somos sinceros, no estamos preparados para asumir otro desate de furia de la naturaleza. Aún estamos distantes porque eso implica un mayor conocimiento del que tenemos. Antes, los asentamientos humanos no consideraban los efectos del cambio global. Si usted va a cada departamento, a cada entidad, va a encontrar estudios por doquier, planes de ordenamiento territorial, pero lo que está pasando en Cali, en Quibdó o en Manizales y en Guacarito nos obliga a comprender que 80 % de los municipios del país están en riesgo.

Semana: Existen estudios que se realizaron en la Universidad Nacional y que anunciaban la posibilidad de una tragedia como esta. ¿Por qué cree que no se tuvieron en cuenta?

Yo soy indígena, pertenezco a la comunidad del pueblo Kahmsa y eso me obliga a pensar cómo evitar que vuelva a ocurrir algo similar. Por eso la respuesta es: primero estableciendo límites al uso del suelo. Nuestros ancestros no construían en las cuencas de los ríos, vivían en armonía con la naturaleza.

Pero luego hay que abrir la discusión sobre los temas de financiación para que estos estudios se vuelvan realidad. En la oficina del alcalde hay una sola persona dedicada a la gestión del riesgo, ¿usted cree que es suficiente? Imagínese en el municipio más alejado de la geografía colombiana… ¿Cómo se le puede exigir que tenga plan de riesgo, que tenga disponible recursos para cualquier contingencia, estudios a escala detallada sin dotarlo de los recursos necesarios…? Eso cuesta un jurgo de plata. Ninguna responsabilidad puede ir sin que la preceda una partida presupuestal.

Puede leer: Mocoa, lección aprendida

Semana: Cuando fue a Mocoa, el presidente Juan Manuel Santos anunció que la ciudad se reconstruiría todavía mejor que antes. ¿Qué visión tiene usted de la reedificación del municipio?


Como mujer, como indígena, como gobernadora me comprometo a apoyar y articular la visión que tengo a futuro de Mocoa, como una ciudad emprendedora, con facilidades de inversión. Tenemos una situación estratégica, porque somos de los únicos departamentos que tenemos dos fronteras, con Perú y Ecuador. En 2018, cuando inauguremos la pavimentada del puente internacional que une San Miguel a Santana en Puerto Asís, créame que el Putumayo se va a convertir en uno de los principales corredores fronterizos del sur del continente para el país. En tiempos de guerra, esa es una vulnerabilidad, pero en tiempos de paz, eso genera una dinamismo económico fuerte. Ese es un sueño que tengo desde que tengo nueve años, no podemos pensar que vamos a vivir del petróleo para siempre, tenemos que estar preparados.

Si tuviera una máquina de remontar el tiempo, me gustaría incidir en el POMCA (Plan de ordenación y manejo ambiental de cuenca hidrográfica) y en el Plan de ordenamiento territorial del municipio, pero eso no se puede.

Por eso es que lanzo este SOS, en el que nosotros como ciudadanos amazónicos le pedimos a la humanidad su apoyo para el desarrollo de una economía sostenible y limpia para Mocoa, aunque sea más costosa. Es lo apropiado para el pulmón del mundo que puede dar oxígeno y estabilidad al planeta. Pero eso va de la mano de la inversión, porque nosotros solitos no podemos, somos regiones que han sido olvidadas durante mucho tiempo, que no cuentan con personal idóneo y mucho menos con los presupuestos que se necesitan. Así que no pueden asignarnos responsabilidades sin que antes estén precedidas de una partida económica. Esto no puede ser show ni cosa de inmediatez, tienen que unir los actos a la palabra.

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