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| 4/1/2011 12:00:00 AM

Gobierno admite "debilidad" en atención psicosocial a víctimas de invierno

El aparente suicidio de un habitante de Gramalote esta semana, puso el tema sobre la mesa. Hay casos de depresión, desórdenes alimenticios, agresividad y alcoholismo.

La oportuna atención psicológica a las víctimas del fuerte invierno del año anterior es una de las grandes debilidades según lo reconoció la viceministra de Salud, Beatriz Londoño, quien anunció la firma de un convenio con la OPS (Organización Panamericana de la Salud) y la disposición de las unidades móviles de atención psicológica del ICBF para atender a la población afectada.

El aparente suicidio de un habitante de Gramalote (Norte de Santander) esta semana, puso el tema sobre la mesa. Depresiones, problemas de sueño, ansiedad, desórdenes alimenticios (falta de apetito o comer en exceso), agresividad y alcoholismo son algunos de los efectos que ya se han detectado en parte de la población de este municipio.

Según el psiquiatra Rodrigo Córdoba, el 40 por ciento de las personas que experimentan acontecimientos dramáticos tienen episodios depresivos. Sin embargo, el nivel de gravedad de estos efectos depende de cada persona, de su experiencia de vida y de los problemas a los que se haya enfrentado antes de la tragedia.

Eduardo Verano de la Rosa, gobernador del Atlántico, uno de los departamentos más golpeados por las inundaciones, reconoce que no se ha podido atender a la población “como queríamos”. Han pasado cuatro meses desde la inundación del sur de este departamento y los habitantes de los municipios de Candelaria, Campo de la Cruz y Manatí no han podido regresar a sus casas.

El caso de Gramalote

Perderlo todo: casa, vecinos, amigos, trabajo y una historia ha afectado a la población de Gramalote, el municipio que hace tres meses fue evacuado por una falla geológica que se acentuó con las intensas lluvias durante 2010.

La población, alrededor de 1.500 familias, está dispersa y ese ha sido uno de los inconvenientes para hacerle seguimiento, según le contó a Semana.com Eusebio Enrique González, médico coordinador del Centro Regulador de Urgencias de Norte de Santander. Sin embargo, es de los pocos municipios afectados por el invierno que logró hacer un diagnóstico de la situación psicológica de estas familias..

Junto con la OPS, y durante dos meses de diagnóstico, se encontraron tres situaciones particulares que viven estas personas: disfunción familias (discusiones y maltrato), alcoholismo y ansiedad y depresión.

El proceso, según González, ha sido difícil de asumir puesto que las familias aún no saben qué pasará con su municipio ni con sus vidas. La ministra de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, Beatriz Uribe, reconoció esta semana que no ha sido posible definir en lote en el que refundará el municipio.

“Esa sensación de inconformidad estará presente hasta que tengan algo claro y eso se refleja en la familia: en las discusiones, la violencia y demás”, explicó el médico coordinador del Centro Regulador de Urgencias de Norte de Santander.

El alcoholismo se ha acentuado en la población después de la evacuación. Y aunque ya era una realidad que vivían algunos de los habitantes, el no tener trabajo ni una actividad clara, y más tiempo libre, los ha llevado a consumir más licor con los problemas sociales y familiares que esto trae consigo.

En cuanto a la depresión y la ansiedad, “se aplicaron test de depresión y ansiedad y encontramos que 112 personas requerían atención más personalizada”. La mayoría de las afectadas son mujeres.

En el caso de los niños, según el coordinador del CRU, algunos enfrentan el rechazo por parte de otros menores de las zonas en donde viven temporalmente. “Ellos, además, están recibiendo todo el reflejo de la situación de los padres. Nos hemos esforzado en garantizarles la educación, para que tengan más tranquilidad. En el caso de los niños que están en Cúcuta, en los colegios son objeto de burlas asociadas con su condición”.
 
Para el psiquiatra Rodrigo Córdoba es importante hacer acompañamiento permanente a estas familias, y en casos especiales a los niños. “Ellos no expresan sus emociones como los adultos y entonces las personas piensan que ellos no se dan cuenta. Desde el primer momento que nacen, lo niños son sensibles y perciben los cambios de manera dramática”.

El acompañamiento debe continuar hasta que las familias logren retomar su proyecto de vida en un nuevo municipio, una nueva vivienda, nuevos vecinos y puedan escribir una nueva historia.
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