Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/11/10 00:00

GOL DE SAMPER

La visita del general Barry McCaffrey a Colombia, y su reunión con Ernesto Samper, es el mayor éxito del gobierno desde la captura de los Rodríguez Orejuela.

GOL DE SAMPER

A pesar del comunicado del Departamento de Estado expedido la semana pasada precisando que la visita de Barry McCaffrey al país no representa un cambio de política de Estados Unidos con Colombia, resultó inevitable que todo el mundo lo interpretara así. Empezando por los mismos funcionarios de los departamentos de Estado y de Justicia, que en varios pronunciamientos a la prensa expresaron su malestar con la visita, especialmente con la reunión de McCaffrey y Samper. Al hacer pública su insatisfacción con el viaje a Colombia del zar antidrogas, de alguna manera estaban reconociendo el valor político que su paso por el país tiene para el gobierno colombiano. Su visita se constituye así en un éxito sin precedentes de la canciller María Emma Mejía, a quien el general McCaffrey respeta y admira; a la labor del embajador en Washington, Juan Carlos Esguerra, y al general Rosso José Serrano, junto a quien todos los funcionarios antidrogas del mundo quieren tomarse una foto. Pero más allá de la presencia misma de McCaffrey en Colombia, esta visita permite una interpretación particular. A diferencia de la llegada de Thomas Constantine, director de la DEA hace varias semanas, el paso de McCaffrey por el país no solamente tiene un propósito técnico sino un ángulo político. No solo porque el hecho mismo de que el general se va a reunir con el presidente Samper, sino porque McCaffrey realmente no ejerce funciones directas de cooperación o interdicción en materia antinarcóticos. De hecho su papel, incluso dentro de Estados Unidos, es más el de ser un símbolo de la lucha contra las drogas que un agente actuante. Ni el presupuesto que maneja, ni el staff que lo acompaña en su oficina de la Casa Blanca realizan una labor significativa en cuanto a la definición de políticas o cooperación antidrogas fuera del país. Tanto es así que ninguno de sus dos predecesores en el cargo son hoy en día conocidos por sus resultados. Tan solo Bill Benett logró algún nivel de influencia a partir del uso muy bien calculado de sus contactos en prensa. Aunque el cargo de McCaffrey es de nivel ministerial, por el tema que maneja, sus contactos son más con organismos como la DEA, la Aduana y la Oficina Antinarcóticos del Departamento de Estado que la Casa Blanca. Por esto no tiene un especial acceso al 'oído' del presidente. En cambio lo que sí tiene es un buen número de medallas y el estatus de héroe de guerra, lo que lo convierte en el comandante perfecto para liderar, así sea solo en términos de opinión pública, una guerra que el presidente Clinton no maneja directamente. Es algo parecido al zar antisecuestro en Colombia, que aunque es una figura importante, su labor se ve limitada en muchas ocasiones a darle la cara a los medios de comunicación. Su significancia es política y no técnica u operativa.Precisamente por eso el hecho de que la Cancillería colombiana haya logrado concretar la visita de McCaffrey, que se venía estudiando desde febrero pasado, es un gran éxito para la administración Samper. Lo es aún más si se considera que se logró a pesar de la oposición de la Unidad Internacional de Narcóticos del Departamento de Estado, oficina hasta hace poco liderada por Robert Gelbard y hoy en cabeza de Jane Becker. Sin embargo, aunque por el rango ministerial de McCaffrey las nueve agencias que manejan el tema de Colombia no pudieron oponerse a su decisión de venir al país, esto no quiere decir que no sigan siendo hacia el futuro las que llevan la batuta en materia de política internacional de Estados Unidos. La visita de McCaffrey no podrá modificar ese hecho, aunque sí da la apariencia de que se está presentando un cambio significativo en la relación bilateral.
¿Por que viene McCaffrey?
La pregunta que muchos se hacen es ¿por qué un funcionario de alto nivel del gobierno norteamericano toma la decisión de enfrentarse a la voluntad de sus aliados naturales dentro del gobierno estadounidense para visitar a Colombia? La respuesta parece ser que McCaffrey necesita con urgencia mostrar resultados en Washington, especialmente ante la mayoría republicana en el Congreso, que lo ha criticado duramente desde el episodio del general mexicano Jesús Gutiérrez Rebollo (ver recuadro). En un principio el zar antidrogas concentró sus actividades en lograr la disminución del consumo de drogas en Estados Unidos, pero esa estrategia parece no estar dando resultados. Todos los índices parecen mostrar que éste va en aumento. Lo que McCaffrey necesita con urgencia es abrirse un espacio de figuración a nivel de los países productores, de tal manera que su labor sea un apoyo a la intensificación de las fumigaciones y a la interdicción de narcóticos en las naciones donde se libra la guerra. Especialmente consiguiendo más recursos para la lucha antinarcóticos. Así podrá proyectar la imagen de ser un peso pesado en la batalla contra la producción, ya que el consumo es mucho más difícil de controlar. McCaffrey ya había visitado Perú y México, y le faltaban Bolivia y Colombia. Según altas fuentes de Washington, "no le sentaría mal una foto con Serrano en la mitad de un campo de amapola". Pero más allá del kilometraje político que le pueda representar al gobierno este hit en materia de política internacional, lo que sí parece ser claro es que en Washington ya empiezan a oírse voces que se apartan de la línea dura cuando se trata de analizar el tema de Colombia. No obstante, todo parece indicar que el cambio de tono definitivo dependerá en gran parte de lo que pase con la extradición. na pesar de ser un heroe militar de la Guerra del Golfo, el general Barry McCaffrey ha perdido mucha de su influencia en Washington a raíz de su actuación como zar antidrogas de la Casa Blanca. El episodio que más le costó en credibilidad, especialmente frente a los funcionarios del Congreso norteamericano, sucedió a finales del mes de febrero de este año. McCaffrey declaró públicamente que el entonces zar antidrogas mexicano, el general Jesús Gutiérrez Rebollo, tenía "una reputación impecable de honradez y responsabilidad y ha probado su determinación en la lucha contra el narcotráfico". Ese mismo general fue destituido y encarcelado por el presidente Ernesto Zedillo a los pocos días, el 18 de febrero pasado, por sus conexiones con el desaparecido narcotraficante mexicano Amado Carrillo Fuentes, jefe del cartel de Tijuana. A raíz de este 'oso' internacional quedó en entredicho la certififcación de México a tan solo 15 días de que el presidente Clinton tomara su decisión.

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