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| 3/31/2012 12:00:00 AM

Golpe al corazón de las Farc

SEMANA reconstruyó paso a paso las dos operaciones que dieron a las Farc quizá el golpe estructural más importante en toda su historia. Con 36 guerrilleros muertos en el Meta -entre ellos seis jefes- y otros 33 en Arauca, su espina dorsal, el Bloque Oriental, y un frente clave sufren daños irreparables.

Cuando los 110 hombres del grupo de fuerzas especiales del Ejército tocaron tierra en su descenso por soga desde los helicópteros, el pasado 26 de marzo a las 2:50 de la mañana, del trozo de selva espesa entre los caños La Cabra y La Cristalina, en lo profundo de la vereda El Silencio, en el Meta, quedaban tan solo los muñones humeantes de los árboles destrozados por el bombardeo y un número desconocido de cadáveres. Poco antes del alba, cuando los militares iniciaron las operaciones de registro, lo que encontraron superó las previsiones de inteligencia y acabó configurándose como el golpe estructural más fuerte que han sufrido las Farc, según lo relataron a SEMANA fuentes operativas y de inteligencia militares y de Policía.

En el suelo, que olía a pólvora y metralla después de la explosión de diez toneladas de bombas arrojadas por una decena de aviones de la Fuerza Aérea, yacían 34 cadáveres de guerrilleros. El reconocimiento empezó por una zona de donde provenían gritos y quejidos. Allí, los comandos encontraron cinco heridos. Según las fuentes consultadas, dos de ellos fallecieron poco después; los restantes, al ser atendidos, balbucearon unas frases que empezaron a dar una idea de la magnitud del resultado de la operación Armagedón, como se había denominado. Una mujer, Yaritza, dijo que en el campamento bombardeado estaba su compañero, Arcesio, nuevo comandante del Frente 27, que venía de Arauca. Los demás contaron que había varios jefes y hablaron de "un curso de mandos".

Hacia mediodía llegaron los 'lobos' de la Sijín, como llaman los militares a los miembros de la Policía Judicial, a efectuar los levantamientos e iniciar el proceso de identificación. A las nueve de la mañana del día siguiente se inició la extracción de los cuerpos para trasladarlos a Villavicencio. Al terminar la mañana, cuando las tropas especiales estaban a punto de dejar el lugar, un guerrillero salió de la espesura y se entregó. Su colaboración fue clave para avanzar en la identificación de los caídos. El resultado no tenía antecedentes en la historia de la lucha contra las Farc: entre los hombres que yacían en el bosque destrozado por las explosiones había seis jefes de frentes y columnas móviles, siete mandos de segundo o tercer nivel y más de 20 intermedios que participaban desde mediados de enero en un curso de la célebre Escuela Móvil de Mandos Isaías Pardo, la 'academia' clandestina encargada, desde 1998, de formar a los mandos superiores de las Farc. Nunca los militares habían dado un golpe en el que cayeran juntos tantos 'coroneles' de la guerrilla.

Cinco días antes, en una vereda de Arauquita, Arauca, llamada Matabambú, la recién creada Fuerza de Tarea Conjunta Quirón había dado un golpe de similar envergadura al Frente 10, uno de los más importantes del Bloque Oriental. Según los militares, el planeamiento y la ejecución de la operación, que llamaron Faraón, fueron muy parecidos a los de Armagedón. El 21 de marzo, a la una de la mañana, cinco aviones Super Tucano descargaron tres toneladas de bombas sobre el campamento donde dormían los integrantes de una columna móvil que, según las fuentes, era parte del anillo de seguridad del comandante del Frente. Diez minutos después, 75 hombres de la Fuerza de Tarea, divididos en seis "unidades de acción directa", como llaman los militares a estos grupos especiales, desembarcaron desde helicópteros. Encontraron 33 guerrilleros muertos -cerca de la octava parte de los efectivos del Frente, de acuerdo con los cálculos oficiales- y capturaron a otros dos, entre ellos a Misael, su jefe militar, herido por esquirlas en los glúteos. Según cuentan sus captores, el hombre gritó con las manos en alto: "Soy el jefe militar de esta estructura. Mátenme", y al comienzo se negó a dejarse administrar la dextrosa por los enfermeros de combate. Finalmente fue evacuado. Entre los muertos se cree que hay tres muchachos de entre 15 y 17 años. Se recobraron cinco fusiles, pertenecientes al grupo de 11 soldados que murieron en un ataque de las Farc cuatro días antes, en Arauca.

Nunca las Farc, desde la desbandada de la columna de 500 hombres liderada por Ciro Trujillo, en 1966, en el Quindío, a manos del Ejército, habían perdido más de 30 hombres en una sola operación, y menos casi 70 en dos, separadas por apenas cinco días. El antecedente más notable es la muerte de 27 guerrilleros, entre ellos Domingo Biojó, en un bombardeo en el Putumayo, en septiembre de 2010.

La comandancia del Bloque Oriental pagó un elevado precio por el riesgo que asumió al reunir a tantos mandos. Nunca en su historia las Farc habían perdido tantos líderes de un golpe (según Inteligencia, el desmovilizado en la operación del Meta contó que, en una reunión meses antes, Mauricio, jefe del Bloque, habría reconocido el riesgo pero lo habría declarado necesario para enfrentar las dificultades de mando y control dejadas por la muerte del mono Jojoy, en septiembre de 2010). El Estado Mayor, que había logrado reorganizarse, con este golpe sufre un daño irreparable. Como dice uno de los militares involucrados en la operación Armagedón: "Para mí es más importante este golpe que el del Mono Jojoy. A él fácilmente lo reemplazó Mauricio; pero a estos 36, ¿quién los reemplaza?". Según altos oficiales, los que cayeron eran la estructura de reemplazo del Estado Mayor del Bloque Oriental, "el que más dolores de cabeza nos ha traído".

Una sola de estas operaciones ya sería de alto impacto, por el número de guerrilleros y de mandos caídos. Pero estas dos introducen en la ecuación de la guerra nuevas variables, producto de los cambios estratégicos que los militares han puesto en marcha para adaptarse a las cambiantes condiciones del conflicto y al nuevo modo de operar de las Farc, que rehúyen la confrontación y actúan en pequeños grupos.

Una de las piedras en el zapato de las Fuerzas Militares ha sido la coordinación de inteligencia, un área en la que han imperado tradicionalmente celos y rivalidades; pero, como lo señalan todos los participantes, estas dos operaciones son producto de inteligencia conjunta. Armagedón empezó, en realidad, dos años antes, con el seguimiento que la Dirección deInteligencia de la Policía (Dipol) le montó a Arcesio, entonces segundo jefe del Frente 10, en Arauca. Meses antes del bombardeo se supo que Arcesio cambiaría de frente y se lo siguió en el viaje que emprendió con ese fin por Arauca, pasando por Venezuela, hasta el campamento del Meta, adonde había llegado con su compañera para participar en el curso de mando y tomar el del Frente 27. Según sus participantes, la operación Faraón, en Arauca, igualmente integró la inteligencia de Policía y Ejército para seguir a la columna del Frente 10 en su recorrido por el departamento. "Este es el mejor momento de la Inteligencia en la historia", dice un alto oficial del ramo.

De acuerdo con la Policía y los militares, en ambos casos fueron determinantes los informantes y las jugosas recompensas que se les pagan. "Las recompensas, ese es el éxito de esto, y se las están ganando los guerrilleros", dice un alto oficial de Inteligencia. En Armagedón un guerrillero fue quien finalmente habría indicado el punto de reunión de los cursantes (y habría salido de allí una hora antes del bombardeo). En Arauca, según los militares, un infiltrado informó sobre los movimientos de la columna del Frente 10 y ayudó a confirmar, horas antes del ataque, el lugar del campamento.

Ambas operaciones fueron planeadas y ejecutadas conjuntamente por las Fuerzas Militares, la Policía, las fuerzas de tarea que operan en cada región -Quirón, en Arauca, y Omega, en el Meta- y tropas especiales del Ejército, lanzadas por el Comando General de las Fuerzas Armadas, que encabeza el general Alejandro Navas. Las Fuerzas de Tarea Conjunta (hay nueve en funcionamiento, ver mapa) son una de las creaciones de la nueva estrategia para atacar a los frentes de las Farc en sus áreas base. Aunque se mantiene la búsqueda de "objetivos de alto valor", como los militares denominan a los miembros del Secretariado de las Farc (había indicios de que Carlos Antonio Losada, ideólogo de la nueva generación de esa guerrilla, y otros jefes estarían en el campamento en el Meta), el énfasis, ahora, es en los 15 frentes más importantes de esta guerrilla y en sus mandos. Esos fueron, justamente, los blancos de estas dos operaciones. La estrategia, además, es diferencial y busca responder a las condiciones específicas en las que opera cada frente.

Otro elemento nuevo es la rápida llegada de la Policía Judicial al teatro de las operaciones. La Fuerza de Tarea Quirón tiene adscrito un equipo de investigación judicial de diez investigadores, que llegaron al cabo de pocas horas. En el Meta sucedió lo mismo. En total, 565 investigadores de Policía Judicial trabajan con las Fuerzas de Tarea y pronto llegarán fiscales. Para los militares consultados por SEMANA, esto es "importantísimo", como dijo uno de ellos, tanto para el proceso judicial como para su propia seguridad jurídica.

"Estos golpes son los más trascendentes que se hayan dado a las Farc en muchos años. Es producto de la estrategia que estamos poniendo en ejecución", dijeron altos oficiales del Ejército, señalando que, además, en las últimas dos semanas, ha habido dos docenas de capturas y varias desmovilizaciones. Nunca antes, frentes de las Farc habían sufrido golpes de esa magnitud, tanto por el número de guerrilleros muertos como, en el caso del Meta, por su nivel de mando. Si bien la caída de jefes como Cano, Reyes o Jojoy es de elevado impacto moral y de liderazgo, las operaciones de Arauca y, en especial, la del Meta son golpes al corazón de las Farc, de los cuales no les será fácil reponerse. El ministro de Defensa las calificó como el "golpe más grande contra las estructuras de las Farc que se ha dado en la historia".

La guerra, por supuesto, tiene altibajos y las Farc han demostrado gran capacidad de adaptación. Pero, si los militares logran sostener el momentum y el gobierno hace realidad sus planes de intervención social en las regiones más críticas, este tipo de operaciones puede llevar el conflicto a su punto de inflexión final y a la nueva jefatura de Timochenko a considerar seriamente que la guerra no solo está estratégicamente perdida, sino que es hora de hablar, en serio, de un arreglo negociado. Paradójicamente, la nueva estrategia militar del gobierno puede ser, en el fondo, no para la derrota, sino para la negociación.
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