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| 4/9/2001 12:00:00 AM

Golpe maestro

La operación Gato Negro dejó al descubierto los vínculos entre las Farc y uno de los capos más importantes del narcotráfico internacional.

El pasado 11 de febrero un pequeño corregimiento, en las entrañas de la selva en los límites entre los departamentos de Guainía y Vichada, se volvió noticia mundial. Ese día 3.800 hombres del Ejército, en uno de los más grandes operativos militares en la historia del país, se tomaron por sorpresa a Barranco Minas, epicentro financiero y logístico de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Este lugar se había convertido en la caja mayor de la organización guerrillera pues de ahí salía el 80 por ciento de sus ingresos, producto de la comercialización de base de coca. Además era el eje de lo que los expertos denominan el ‘corredor Orinoco’, la principal área para el ingreso de armas para la organización. Estos dos hechos permitieron que el denominado Bloque Oriental creciera y desbancara al Bloque Sur como el más importante y poderoso de las Farc.

El despliegue militar lleva más de 20 días y, hasta el viernes de la semana pasada, deja como saldo la destrucción de 55 laboratorios para el procesamiento de cocaína, el desmantelamiento de 16 campamentos guerrilleros y la incautación de más de 18 toneladas de base de coca. Más allá de estos resultados la operación Gato Negro, como la denominaron los militares, dejó en evidencia algo que hasta ahora era muy difícil de comprobar: la vinculación directa de las Farc con el negocio del narcotráfico.

Luego de dominar una zona que durante años fue un santuario para tres frentes guerrilleros (ver recuadro) las tropas de la Cuarta División del Ejército, dirigidas por su comandante, el general Arcesio Barrero, están tras los pasos de dos hombres de vital importancia para las Farc: el ‘Negro Acacio’ y Luis Da Costa, alias ‘Fernandinho’. El primero, cuyo verdadero nombre es Tomás Medina Caracas, adquirió hace tres años una inusitada importancia para los organismos de inteligencia de Colombia y Estados Unidos. Y no era para menos. Este corpulento combatiente, originario de Santander de Quilichao (Cauca), se había convertido en la caja registradora del grupo guerrillero y en el hombre encargado de manejar el negocio del narcotráfico. Según las autoridades, el año pasado ‘Acacio’ generó ingresos cercanos a los 15 millones de dólares.

El segundo personaje, ‘Fernandinho’, es nada menos que uno de los capos más buscados en Brasil. En el vecino país es considerado una especie de Pablo Escobar y desde hace dos años es el hombre encargado de suministrar armamento a las Farc. El negocio es simple: trueque de armas por droga. El 90 por ciento de la cocaína producida en los departamentos de Vichada, Guainía y Guaviare era intercambiada por armas que llegaban en vuelos ilegales que entraban por Paraguay, Brasil y Surinam. Las autoridades saben que el brasileño está herido y piensan que no ha podido salir del país. Días antes de la operación Gato Negro el narcotraficante había escapado también a un operativo de la Policía Antinarcóticos en Arauca. En su país lo buscan por homicidio agravado y Estados Unidos quiere su extradición.



Hombres clave

Hasta hace unos años esta zona oriental del país no tenía mayor importancia para las Farc. Para los frentes que operaban allí era muy difícil reunir los fondos que les exigía el Secretariado pues en ese vasto territorio no había a quién secuestrar o extorsionar. Al comandante ‘Esteban González’ se le ocurrió aprovechar esa soledad para montar en Barranco Minas una base segura para el negocio de la droga. Con la asesoría y la ayuda de narcotraficantes de poca monta del Valle del Cauca aprendió la dinámica del negocio y, especialmente, a utilizar los contactos internacionales que estos pequeños capos tenían. ‘Esteban’ murió en un enfrentamiento con el Ejército cerca de la frontera con Venezuela y su labor pasó a manos del ‘Negro Acacio’.

Pocos meses después de asumir la comandancia del frente 16 ‘Acacio’ le abrió las puertas a ‘Fernandinho’. Con la ayuda de éste logró consolidar en 1997, el mismo año en que el brasileño se escapó de una cárcel del estado de Minas Gerais, la misión que le había encomendado en forma directa el ‘Mono Jojoy’: establecer contactos internacionales para el intercambio de droga por dinero, armas, municiones y material de apoyo logístico. A los 35 años de edad el ‘Negro Acacio’ se convirtió en el mayor proveedor de base de coca para los carteles de la droga paraguayos, mexicanos y, especialmente, brasileños. ‘Fernandinho’ se encargaba de llevar hasta la pista aérea de Barranco Minas a sus socios, quienes aterrizaban en aviones cargados con armas y se iban con las naves llenas de droga. Cada semana los laboratorios de esta región producían dos toneladas de base de coca, que en el mercado internacional podían costar más de 250 millones de dólares.

Uno de los capturados tenía un comprobante en el que se relacionaba la entrega de 560 fusiles AK-47 y 2.252 armas cortas a cambio de una cantidad de droga no determinada. Las autoridades lograron establecer que mensualmente se registraban en la zona 80 vuelos de aeronaves ilegales provenientes de Surinam, Venezuela, Brasil y Paraguay. Aunque la operación fue un éxito las autoridades confían en que el análisis de los documentos encontrados en el área y de los teléfonos satelitales, sumado a la información proporcionada por los capturados (siete brasileños y 22 colombianos) permitirán la captura de ‘Fernandinho’ y del ‘Negro Acacio’ quienes esta vez, como ocurrió en la época de la persecución a Pablo Escobar, dejaron el tinto humeante antes de huir.
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