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| 3/1/2008 12:00:00 AM

Golpe Mortal

¿Es la muerte de Raúl Reyes un punto de quiebre para la guerra contra las Farc?

El viernes pasado todos en Casa de Nariño, menos el Presidente, estaban preocupados. Y no era para menos. En todos los titulares de prensa había cuestionamientos a la Política de Seguridad Democrática hechos por los cuatro ex senadores liberados horas antes por las Farc. "A mí me hicieron caminar 250 kilómetros y no vi un soldado", "Me llevaron a pie por tres departamentos", "Las Farc se mueven en la selva como pez en el agua", "Me trasladaron a Ecuador sin que nadie hiciera nada", eran algunas de las frases destacadas.

El presidente Álvaro Uribe, sin embargo, parecía más tranquilo que nunca. Con voz tranquila a sus asesores más cercanos: "Nadie puede salir a contradecir, ni a debatir las opiniones de los liberados por las Farc". La orden era de vieja data. El Jefe del Estado la reiteró ante el impredecible impacto con el que ese día terminaba otra intensa semana marcada, otra vez, por el protagonismo de las Farc:

"Por favor, que nadie entre en una confrontación con esa pobre gente que ha estado amarrada desde hace seis años a un árbol y no tiene la visión que nosotros tenemos del país", dijo con calma antes de salir hacia el aeropuerto para viajar, al final de la noche, a Rionegro, cerca a Medellín, donde por teléfono continuaría dirigiendo su ofensiva contra su más acérrimo enemigo: las Farc.

En el avión el Presidente se mostró particularmente efusivo. Como en sus mejores ratos, cantó algunas canciones y se mostró muy sonriente. "Muchachos, no les puedo adelantar nada, pero en las próximas horas se va a producir una noticia muy buena para la paz de Colombia", le dijo a su pequeña comitiva.

Por su cabeza pasaba la operación que buscaba dar con el paradero de Raúl Reyes, uno de los hombres más importantes en la historia de las Farc, al punto de que se le consideraba el número dos, después de Manuel Marulanda Vélez; era quien manejaba la política de relaciones exteriores de ese grupo y quien, se sabía, se pasaba con frecuencia a Ecuador aprovechando los numerosos ríos y la espesura de la selva.

El presidente Uribe tomó el teléfono y se comunicó con su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, con quien había conversado del operativo que se había iniciado el miércoles 27. Ese día un grupo de oficiales de la Dirección de Inteligencia de la Policía (Dipol), que desde hace varios años había recibido la misión de 'cazar' al jefe guerrillero, les confirmó a sus superiores, al ministro de Defensa y al comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León, que tenían plenamente ubicado a Reyes. "Muchachos, ¿están seguros cien por cien?", les inquirió el oficial. "No tenemos dudas, mi general", respondió uno de los oficiales.

Entonces el experimentado oficial le contó que desde hacía varias semanas las labores de inteligencia le habían permitido detectar la presencia del Reyes en Ecuador. El guerrillero estaba refugiado en un pequeño campamento móvil localizado en territorio ecuatoriano, a escasos 1.850 metros de la línea fronteriza. Desde hacia tiempo, la Fuerza Pública sabía más o menos la ruta de este hombre que durante los años de negociación en el Caguán -durante la administración Pastrana- se convirtió en el rostro más visible. Sin embargo, aunque le seguían de cerca las huellas, la espesura de la selva les cerraba el paso a pesar de que en alguna que otra ocasión habían llegado tarde hasta su improvisado cambuche donde quedaban botellas de vodka danés Danskaya y las colillas de cigarrillos President, que eran de su predilección.

Pero en esta ocasión la certeza era absoluta. El director del la Policía Nacional, general Óscar Naranjo; el ministro Santos, y la cúpula de las Fuerzas Militares tenían una fe ciega en que ahora sí caería un pez gordo, como lo exigía una opinión pública que reclamaba, a pesar de los exitosos resultados en la lucha contra las Farc, la baja de un peso pesado.

Entonces organizaron una reunión de la Junta de Operaciones Especiales Conjunta (Joec) en el Ministerio de Defensa. Ese miércoles justamente, a la misma hora, todo el país observaba por televisión la salida de la espesura de la selva de los senadores Luis Eladio Pérez, Gloria Polanco, Jorge Eduardo Géchem y Orlando Beltrán a abrazarse en libertad con la senadora Piedad Córdoba, precisamente la última figura pública a quien Raúl Reyes había recibido en su campamento varios meses atrás.

La reunión del Joec -allí es donde se planifica y coordina de manera unificada entre Policía y fuerzas militares las operaciones más delicadas y secretas de la fuerza pública- fue rica en detalles y precisa en los movimientos a seguir.

Las primeras órdenes indicaron que mientras los altos mandos militares y policiales continuarían desde allí los pasos a dar, dos grupos especiales de la Policía fueran enviados a la zona. En el primero, conocido con el remoquete de "Lobo", iban seis hombres del Comando de Operaciones Especiales de la Policía (Copes). El segundo grupo estaba conformado por 53 integrantes de los Comandos Jungla.

Los miembros del comando abordaron varios Black Hawk. Llegaron hasta Granada, Putumayo, con la misión específica de verificar sobre el terreno detalles adicionales sobre el campamento en donde, tenían el convencimiento, se encontraba Reyes. Los informes de inteligencia obtenidos en la zona les dieron la garantía casi infalible de la presencia de Reyes, por lo que llamaron para pedir ayuda. De inmediato, miembros del Ejército fueron enviados a respaldar a los policías. Todos estos movimientos se realizaron durante el miércoles y parte del jueves. Desde la selva en la frontera colombo ecuatoriana se enviaban reportes permanentes al Ministerio de Defensa sobre todas las novedades, aunque fueran mínimas, de lo que ocurría en el campamento.

Con los datos en la mano y plenamente confirmados, los oficiales en Bogotá decidieron que el ataque final sería llevado a cabo por aviones Súpertucano de la Fuerza Aérea Colombiana. Los altos mandos se trasladaron a la base militar de Larandia, en Caquetá, para coordinar los detalles del bombardeo. La escogencia de Larandia se debió a una posición estratégica, aunque algún oficial acotó que si todo salía bien, le iban a dar al nombre que precisamente convirtió durante muchos años su terreno en predilecto para consolidar su poder, al punto de que se ganó su ascenso hasta llegar al Secretariado.

En Caquetá, durante años, Reyes fue el amo y señor de la guerra. Ahora las cosas habían cambiando y todo estaba listo para lanzar el ataque rigurosamente planificado para el jueves 28. Sin embargo, desde una de las salas de inteligencia se observó a través del satélite los tremendos aguaceros que caerían ese día. "Con ese diluvio podemos tener una falla", dijo uno de los pilotos. La acción entonces se pospuso para el viernes 29.

Ese día los policías y los militares que se encontraban en tierra continuaron controlando y vigilando el campamento para informar a sus superiores ante la eventualidad de algún movimiento de los miembros de las Farc. "San Pedro nos va ayudar", dijo uno de los oficiales al señalar que las condiciones del clima serían favorables para ese viernes. En la noche del viernes el clima mejoró y, de acuerdo con la información que se tenía en el Ministerio de Defensa, se determinó que la mejor hora para el ataque sería en la madrugada del sábado.

A esa hora la comunicación entre el presidente Uribe, en Rionegro, y su ministro de Defensa, Santos, en Bogotá, era fluida y permanente.

Fue entonces cuando se determinó con precisión que había una circunstancia que los militares no podían decidir. Y era que Reyes estaba a 1.850 metros de Colombia, es decir, en territorio ecuatoriano.

El Presidente le dio luz verde a la operación. Uribe llamó a Santos quien, a su vez, transmitió la información a sus generales.

Con las coordenadas exactas, a la 1:30 de la mañana dos aviones bombardearon el campamento. En el lugar quedaron los cuerpos de Reyes; 'Julián Conrado', otro comandante guerrillero conocido también con los alias de el 'Cantante', y otros 15 subversivos. Tras el bombardeo, las tropas que se encontraban en tierra llegaron hasta el campamento atacado para verificar los resultados. Durante la incursión, los militares y los policías colombianos fueron atacados por otros guerrilleros que intentaban rescatar el cuerpo de Reyes y sus otros camaradas. Durante el combate murió el soldado profesional Edilso Hernández León.

Cuando el presidente Uribe se enteró de que el ataque estaba consumado, tomó el teléfono y llamó al presidente Rafael Correa para informarlo de lo que ocurría. Entonces se coordinó lo necesario para que las autoridades de ambos países llegaran hasta el sitio de los hechos.

Cuando finalmente llegaron las tropas hasta el destruido campamento, tomaron las huellas dactilares de Reyes y los demás guerrilleros y las enviaron a Bogotá para verificarlas y establecer plenamente las identidades de los subversivos muertos. Hacia las 7 de la mañana del sábado se confirmó plenamente la identidad de Reyes y tres horas más tarde, el Ministro de Defensa, junto con el director de la Policía y la cúpula de las Fuerzas Militares, dio una rueda de prensa para informarle al país el más duro golpe que han recibido las Farc.

No era la primera vez que las autoridades colombianas intentaban capturar o dar de baja a Reyes en territorio ecuatoriano. Hace cuatro años, miembros de la Policía, el Ejército y el DAS fueron enviados a Quito para arrestar, en coordinación con las autoridades ecuatorianas, a Reyes. Pero esa operación se frustró porque el entonces director del DAS, Jorge Noguera, a espaldas de los gobiernos colombiano y ecuatoriano, envió un equipo paralelo para realizar el arresto. Debido al acto irresponsable de Noguera, la cooperación entre las autoridades colombianas y las ecuatorianas se deterioró por un tiempo.

Desde hace poco más de dos años, la inteligencia de la Policía colombiana, junto con sus colegas ecuatorianos, empezó nuevamente a intercambiar fluidamente datos sobre presencia de guerrilleros nacionales en Ecuador. Por instrucciones del Ministerio de Defensa a la Policía colombiana, se le había asignado como blancos prioritarios la captura de Reyes y de Iván Márquez. Esto debido a que eran quienes tenían más y mejor información sobre estos subversivos.

Durante el último año, las labores de inteligencia de la Policía para dar con Reyes se incrementaron. Agentes encubiertos, decenas de informantes y controles electrónicos hicieron parte de la 'cacería' desatada contra el jefe guerrillero?

Un tiro fijo

Raúl Reyes era quizás el hombre más cercano a 'Tirofijo' en todas las Farc. De origen comunista, se integró a la guerrilla hace más de 30 años, y desde muy temprano asumió responsabilidades de peso. Durante los años 80 era el encargado de las finanzas, y en los 90 actuó como una especie de canciller de esa organización. En el Caguán actuó como uno de los negociadores. Y después de rotos los diálogos, se replegó a Putumayo. Desde hace mucho tiempo se sabía de su presencia en territorio ecuatoriano. De hecho, por allí ingresaban con frecuencia periodistas del resto del continente a entrevistarlo. Sólo el año pasado, Reyes dio 30 entrevistas a diversos medios. También era visitado por quienes intentaban hacer mediación para la liberación de los secuestrados. Su captura o muerte estaba planeada hace tiempo. En más de una ocasión las fuerzas militares había estado cerca de dar con él, pero la falta de un acuerdo de cooperación efectiva con las autoridades de Ecuador, y entre las mismas fuerzas de seguridad colombianas, había frustrado las operaciones.

Su muerte se constituye en el más duro golpe que han recibido las Farc en su historia. Y tiene un enorme significado para el curso futuro de la guerra en el país.

En primer lugar, es una derrota política para la guerrilla. Uribe se había propuesto desde el primer día de su gobierno tener la cabeza de un miembro del secretariado, y el sábado la consiguió. Con la muerte de Reyes se rompe el mito de que el secretariado era invulnerable. Mito que nació en Marquetalia y se ratificó en la operación contra Casa Verde en los 90.

En el campo militar, este golpe le ratifica de nuevo a la guerrilla que la selva ya no es un lugar seguro. Las Farc han creído que el territorio inhóspito del sur y las fronteras les permitirán sobrevivir por siempre. Pero la alta tecnología militar que se está usando para ubicar coordenadas, y hacer ataques sorpresivos convirtió la manigua en un lugar accesible y donde se puede desarrollar operaciones rápidas y efectivas.

Obviamente, esto sólo ha sido posible por tres factores que se han convertido en la gran ventaja estratégica de las fuerzas militares y la Policía: la inteligencia, los recursos militares y la coordinación de operaciones entre diferentes fuerzas. La inteligencia ha tenido un cambio importante. Hay un salto tecnológico en interceptación de comunicaciones, apoyado sobre todo por Estados Unidos.

A eso hay que sumarle que se está trabajando con objetivos de largo plazo, al infiltrar personas que logran mucha cercanía con los jefes guerrilleros. Los recursos militares se han sofisticado. Hoy las Farc se enfrentan a unas fuerzas militares con más recursos que nunca (Plan Colombia más impuesto al patrimonio) y las más numerosas de toda la historia (hay 36 soldados por cada guerrillero). La aviación tiene mayor precisión y rapidez, y los comandos en tierra de soldados elite, muy al estilo Rambo, han sido definitivos.

Todo ello con un paulatino abandono de los celos entre las instituciones de las fuerzas militares, de policía, que antes ponían su protagonismo por encima del éxito de las operaciones. Por un lado, el general Óscar Naranjo volcó la capacidad de inteligencia de la Policía sobre estos blancos, mientras las fuerzas militares pusieron toda su capacidad operativa en juego. Esta coordinación y esta conducción estratégica han constituido el esfuerzo principal del ministro Santos desde cuando llegó a ese cargo, y quien ha dirigido en persona este proceso es el general Padilla de León.

Sin embargo, el aspecto más importante que revela esta muerte es que el tiempo y el espacio de la guerra están cambiando. La reelección de Uribe hizo que las Farc se enfrentaran por primera vez en su historia a una ofensiva que no ha parado y que no ha tenido tregua en seis años.

Por eso, a pesar de la cantidad de dinero que acumularon los insurgentes durante los diálogos del Caguán, de que son un ejército organizado y numeroso y de que manejan muy bien los territorios que son su retaguardia, después de tanto tiempo en guerra, están agotados y muchas de sus fortalezas empiezan a resquebrajarse. Ya no tienen todo el tiempo del mundo, como se pensaba hasta hace poco. Una guerrilla puede replegarse y sobrevivir, pero no para siempre. Si la ofensiva del gobierno continúa como hasta el momento, las Farc se seguirán debilitando.

El espacio también está cambiando. Cuando se inició el Plan Patriota, el esfuerzo militar del gobierno se encontró con un grave problema: las fronteras. Las Farc pasaban a Ecuador, Panamá, Perú o Venezuela, sin problema. Pero los soldados no podían poner ni un pie en territorio extranjero. Por eso Reyes siempre estuvo en el borde de los dos países, confiado de que al otro lado nada le pasaría. Esta vez, sin embargo, las tropas atacaron en territorio ecuatoriano.


¿Punto de inflexión?

Militarmente, puede que este golpe no cambie el curso de la guerra. Pero indica que el gobierno está actuando, desde hace ya varios meses, con la estrategia correcta. Políticamente, sí puede tener un gran impacto. La percepción de que las Farc son inderrotables ha empezado a cambiar, y en ese sentido, Uribe tiene suficientes argumentos para ratificarse en su posición de no negociar con un grupo al que considera terrorista. La tesis de fondo del gobierno es que es necesario cercar militarmente a las Farc, y aislarlas políticamente, para que inicien una negociación muy diferente a las que el país ha conocido. Es decir, la posición del gobierno se endurece.

Las Farc, en cambio, no parecen tener conciencia de las fracturas que están viviendo en lo político y en lo militar. Si bien la entrega unilateral de secuestrados les ha abierto espacio político, este no borra sus crímenes de guerra. En el plano militar, las Farc no han podido hacerles frente a los cambios que ha habido en el campo de batalla. "Cada vez es más grande la brecha entre la realidad de las Farc sobre el terreno y la imagen que intentan proyectar, y Reyes era el principal productor de esa imagen en el nivel internacional", dice el viceministro de Defensa Sergio Jaramillo. Las Farc están disminuidas por las numerosas deserciones de guerrilleros de base y, más recientemente, de mandos medios.

La información que estos han brindado, más la profunda infiltración de las fuerzas militares en sus tropas, ha hecho posibles golpes como los del 'Negro Acacio', 'J.J.', 'Martín Caballero' y, más recientemente, la captura de 'Martín Sombra'.

Hay frentes literalmente resquebrajados como el 16, que opera en Vichada; el 37, de la Costa; el 47, del Eje Cafetero, entre otros. Los problemas de comunicación entre el secretariado y los frentes, y entre estos y sus hombres, se han convertido en uno de sus peores talones de Aquiles.

La pérdida de control territorial ha repercutido en una disminución de las finanzas. Han perdido el monopolio del negocio de la coca en muchas zonas y han regresado a métodos rudimentarios de financiación. Logísticamente, uno de sus renglones más afectados es la salud. Hoy las Farc tienen problemas para atender a sus enfermos y sus heridos, y eso se convierte en una talanquera para combatir. Aun así, las Farc intentan adaptarse con tácticas de movilidad y de actividad en interfrentes, que hasta ahora no les han servido más que para la defensa y para intentar sobrevivir. Quién sabe si las Farc logren hacer cambios en su estrategia, antes de que se produzca un quiebre en el conflicto que los lleve a un debilitamiento irreversible, como parece que podría estar ocurriendo.
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