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| 2/15/2004 12:00:00 AM

Golpe de realidad

Al Presidente le fue en Europa peor de lo que él cree y mejor de lo que dicen sus críticos.

Para Álvaro Uribe sí que debe ser cierto que lo mejor de un viaje es volver a casa. Como se anticipaba, su periplo por Europa la semana pasada provocó mucho estrés y pocos resultados concretos.

Más allá del desplante que le hizo el primer ministro italiano Silvio Berlusconi, que le canceló a última hora la cita que tenían, y del show de más de 50 diputados verdes y de izquierda que salieron del recinto del Parlamento Europeo cuando comenzó a hablar el Presidente colombiano, podría decirse que a Uribe le fue peor de lo que dice el gobierno pero mejor de lo que afirman sus críticos. Y que quizás el resultado más evidente de la gira fue un golpe de realidad sobre la exigua importancia que ocupa Colombia en el radar europeo.

El gobierno dijo que el viaje fue un éxito en términos comerciales, de cooperación y políticos. Que logró un acuerdo de cooperación en inteligencia con Europol, la policía europea. Y que consiguió casi 10 millones de euros de la Unión Europea para los programas de ayuda humanitaria a desplazados y reinsertados de los grupos armados y para un tercer laboratorio de paz, como el que actualmente maneja el padre Francisco de Roux en el Magdalena Medio.

Asesores de Uribe desestimaron el desplante de Berlusconi y rescataron en cambio su compromiso de aportar 1,5 millones de euros de Italia para la prevención del reclutamiento de niños combatientes y su reinserción, y de apoyar financieramente el programa de familias guardabosques, que busca ofrecerles alternativas productivas a los cocaleros que erradiquen sus cultivos.

En el campo comercial, el gobierno obtuvo el respaldo político de varios presidentes para prolongar el sistema de preferencias arancelarias 10 años. Toca ver ahora si traducen ese guiño en un acuerdo comercial en octubre.

Y en lo político, según Jaime Bermúdez, asesor del Presidente y su mano derecha en la gira, fuera del respaldo contundente de los gobiernos italiano y alemán a la política de seguridad democrática, el canciller alemán Gerhard Shroeder le recomendó a Uribe solicitarle a la Unión Europea que incluya al ELN en la lista de terroristas, en la que ya aparecen las Farc y las AUC. "Hay unos sectores del Parlamento Europeo que se oponen a las políticas del Presidente. Pero en las relaciones bilaterales, el apoyo fue total", dijo Bermúdez a SEMANA.

Los reveses

Sin embargo, este apoyo no fue suficiente para lograr uno de los principales objetivos de la gira: concertar una fecha para la segunda mesa de donantes que quería convocar el gobierno colombiano este semestre. Además, la cancillería tuvo que aceptar que cuando ésta se realice en octubre, si es que se realiza, sea en Bogotá y no en Europa, como inicialmente había manifestado el gobierno que era su interés.

Pese a sus esfuerzos, el gobierno no logró convencer a los gobiernos europeos de que sus avances en el cumplimiento del acuerdo de Londres, firmado en julio del año pasado como una etapa preparatoria para la mesa de donantes, eran suficientes.

A los diputados europeos no les pareció suficiente que la situación de derechos humanos en el país en general hubiera mejorado sustancialmente, como lo demostró el Presidente con las cifras sobre reducción de homicidios, desplazamiento y ataques a sindicalistas. Ellos se concentraron en dos puntos: en que Uribe hubiera solicitado en el estatuto antiterrorista facultades de policía judicial para las Fuerzas Militares, en contravía de las recomendaciones de la Oficina de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Y en que la ley de alternatividad penal es una amnistía de facto para los crímenes atroces de los paramilitares que dejen las armas.

Sobre estos dos puntos, que son los mismos en los que hizo énfasis el comisario de la Unión Europea en su reciente visita a Colombia, los europeos no se ven muy dispuestos a ceder. Tampoco Uribe, que no tuvo reparos en hacérselo saber a los diputados y al público en general en todas las ruedas de prensa que concedió.

Porque quedó claro una vez más que al presidente Alvaro Uribe no le faltan agallas para dar la cara. Sin embargo, su virtud de ser franco en extremo y manejar un solo discurso a veces puede ser contraproducente.

Una cosa es decir en un consejo comunitario que las Farc tienen campos de concentración y otra muy diferente compararlas con Hitler en un recinto europeo, donde el tema es leído bajo otro contexto.

A juzgar por el escaso cubrimiento que hicieron los medios europeos de su visita, su discurso recio contra las Farc muy en el tono de la cruzada antiterrorista de George W. Bush, a quien poco quieren en Europa, no caló en la opinión pública. El influyente diario francés Le Monde reprodujo únicamente las duras críticas que le formuló Fabrice Delloye, ex marido de Ingrid Betancourt. L' Express se inclinó por darles vitrina a los temas que agitarían los grupos de izquierda y los verdes contra Uribe. Y Le Figaro, Libération y Le Nouvel Observateur, así como el importante diario italiano El Corriere de la Sera, simplemente ignoraron la visita.

La BBC fue quizás la que mejor cubrimiento le dio a la gira, aunque su competencia The Guardian tituló uno de sus dos críticos artículos Uribe pide licencia para matar. El diario Le Soir de Bruselas publicó una entrevista con el Presidente y otra con Yolanda Pulecio, la mamá de Ingrid, que responsabilizó al gobierno de la vida de su hija. Total, en términos de imagen pública fue más lo que se perdió de lo que se ganó.

Quedan varias lecciones. La primera es que Colombia no les importa mucho a los europeos. Y que el secuestro de Ingrid, que se esperaría los hubiera sensibilizado sobre las atrocidades de las Farc, se ha devuelto como un bumerán contra el gobierno por no haber concretado el intercambio de guerrilleros presos por secuestrados.

La segunda es que al país le deberían importar más los europeos porque la solución del conflicto colombiano está internacionalizada. El proceso con los paramilitares, para citar un solo ejemplo, no podrá prosperar si Estados Unidos no acepta una alternativa a la extradición de los jefes paras y los europeos una salida para los crímenes de lesa humanidad que no implique cárcel de por vida. Y lo cierto es que la diplomacia del Estado colombiano ha sido, con honrosas excepciones, deplorable en Europa. Tradicionalmente, y este gobierno desafortunadamente no ha sido la excepción a la regla, los embajadores colombianos en el Viejo Continente han sido nombrados más por amistad con el Presidente de la República que por sus habilidades diplomáticas. Y el resultado es que mientras las Farc ganaron durante décadas un espacio en la opinión pública frente a Colombia, el Estado colombiano se ve todavía a gatas para convencerlos de que los malos de la película son los guerrilleros.
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