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| 6/24/1985 12:00:00 AM

GRANADAS CONTRA LA PAZ

Según el M-19 el atentado contra Navarro Wolff lo hicieron los servicios secretos

El jueves 23 de mayo fue uno de los días más tensos desde que empezó el tortuoso y accidentado proceso de la paz. A las siete de la mañana, en Cali--que ha sido el epicentro de los acontecimientos relacionados con la paz y la guerra en las últimas semanas-un comando de seis desconocidos atacó con granadas y metralletas a un bus del Ejército.
Resultó muerto el chofer, Jaime Eduardo Paredes, y los otros nueve ocupantes quedaron heridos a bala, cuatro de ellos gravemente: el contador de la Brigada Luis Mesa Torres, los sargentos Jorge Zúñiga y Pablo Jiménez Zapata y el soldado Nazario Millán. Y tres horas más tarde (¿en represalias?) otro desconocido arrojó una granada contra seis miembros del M-19 que desayunaban en una cafetería del barrio el Peñón, a la vuelta de la sede política que el movimiento tiene en Cali. Fue gravemente herido Antonio Navarro Wolff, miembro del Estado Mayor y el más importante representante del M-19 en la legalidad. Al cierre de esta revista, tanto él como Carlos Alonso Lucio, representante del movimiento en Cali, seguían en la unidad de cuidados intensivos del hospital departamental Evaristol Garcia, mientras que los otros; cuatro --Alberto Caicedo, Alvaro Alvarado, Eduardo Chávez y Maria Eugenia Vásquez, quien se halla embarazada--habían sido ya dados de alta. A Navarro le amputaron dos dedos de un pie, y los médicos esperaban una estabilización de su situación para operarle una esquirla de granada clavada en la carótida, pues temían que un posible coágulo de sangre penetrara en el cerebro causando una trombosis. Lucio sufrió graves heridas en el higado y el diafragma.
Se trata sin duda del más grave atentado contra el proceso de paz desde el que le costó la vida al comandante del M-19 Carlos Toledo Plata en agosto pasado, en visperas de la firma de los acuerdos de tregua. Sin embargo, curiosamente, las reacciones oficiales han sido parcas. La Tercera Brigada expidió un comunicado atribuyendo los dos atentados a, "delincuentes desconocidos". El ministro de Defensa encargado, general Augusto Moreno Guerrero, interro gado por una emisora sobre "los hechos de Cali" se limitó a comentar el del bus: "Un ataque miserable condenable desde todo punto de vista, que yo no creo que quede cobijado por el indulto". Ni el presidente Betancur, que al día siguiente clausuraba las sesiones extras del Congreso, ni el ministro de Gobierno Jaime Castro, emitieron comentarios.
Por el lado del M-19 la reacción fue de una moderación sorprendente. Si cuando "desconocidos" asesinaron a Toledo hace diez meses la respuesta inmediata fue de indole militar, y consistió en tomarse a Yumbo, esta vez la réplica fue política. Los representantes legales del movimiento anunciaron que no responderían con las armas, pese a considerar rota la tregua, y que no pensaban tampoco esconderse ni volver a la clandestinidad. "Seguimos dando la cara, con el riesgo de que se repitan atentados como el de Cali, porque no podemos abandonar la arena política en el momento en que el país más necesita que estemos ahí", dijeron a SEMANA Gerardo Ardila y Andrés Almarales. Por otra parte, un comanao desarmado pero encapuchado del movimiento, al mando del "comandante Simón", se tomó las instalaciones de la Cruz Roja en Bogotá, donde piensa permanecer "hasta que el gobierno se dirija al país, hasta que dé la cara como la estamos dando nosotros. Que explique quiénes fueron los autores del atentado. Nosotros decimos que fueron los altos mandos militares. Que el Presidente le diga al país si eso es así, o si nosotros somos unos mentirosos" dice Ardila. Y, finalmente, el jefe del M-19, Alvaro Fayad, dio declaraciones a Colprensa y al Noticiero de las Siete (ver recuadro) diciendo que "la paz no ha empezado, porque la paz son las reformas sociales".
El M-19 insiste en que el problema no es exclusivamente con ellos, sino con el país en general, y por consiguiente anuncia unas propuestas y unas exigencias de tipo político que hagan posible la paz. Se retira del Diálogo Nacional porque, dice Almarales a SEMANA, "las comisiones las subcomisiones y el diálogo ya tocaron fondo". Anuncia que a mediados de esta semana presentará un "plan de emergencia nacional" --prometido desde hace un par de meses--con la propuesta de un "gabinete de la paz" que pueda garantizarle al país pasos en ese sentido. Porque, afirma, con el actual gabinete la paz es imposible: "Un ministro de Gobierno que está ahogando la paz, un ministro de Defensa que está ahí para hacer la guerra" Y exige en consecuencia el retiro de Jaime Castro y el reemplazo del general Vega Uribe por un ministro civil.
Pero entre tanto en el Valle, y también en el Cauca, las acciones militares se intensifican . "Si eso continúa, vamos a llegar a un punto irreversible", advierte Ardila. Y simultáneamente, han recomenzado los allanamientos a los "campamentos" del M-19 en las ciudades: ocho de sus militantes fueron detenidos en el campamento de Las Guacamayas en el suroriente de Bogotá, y otros cuatro en Zipaquirá. En Cali, 40 miembros del M-19 que se tomaron pacíficamente la Secretaría de Salud fueron detenidos por 72 horas. Y, finalmente, el M-19 considera particularmente grave la aventura corrida el día anterior al atentado por dos de los que luego resultaron heridos, Navarro y Caicedo, y su compañero Lucio Cifuentes.
Cuando se adentraban en la zona montañosa de La Magdalena, detrás de Buga, acompañados por algunos periodistas para entregar al soldado prisionero del M-19 desde hace dos semanas (ver SEMANA, N° 154) fueron detenidos por fuerzas de la Tercera Brigada en el sitio de Las Juntas. Desde las doce del día del miércoles hasta las siete de la mañana del jueves--día del atentado--estuvieron retenidos en el Batallón Codazzi, donde fueron vendados e interrogados por turnos en una placita de toros, mientras el Ejército negaba que estuvieran en su poder. Hasta el cjerre de esta revista, Cifuentes seguia detenido "por haber confesado que era guerrillero", según el general Molano, comandante de la Tercera Brigada.
No es sólo eso, sin embargo, lo que conduce al M-19 a pensar que las fuerzas militares tienen responsabilidad en el atentado contra Navarro y sus compañeros. Dos de los heridos, Alberto Caicedo y Fernando Chávez, afirman haber reconocido en el "desconocido" que les tiró la granada al mismo agente secreto que desde dias atrás vigilaba la sede del movimiento en el edificio "Rayda", en Cali. Lo llamaban familiarmente "el tira", sabían que era agente del B-2, y había charlado tanto en los últimos tiempos con miembros del grupo guerrillero que un militante dice: "Ya créíamos que iba a terminar militando con nosotros". Caicedo narra a SEMANA: "Cuando nos soltó la Brigada y después de una reunión para evaluar la situación, fuimos a desayunar donde siempre, a un restaurante popular llamado "El Oeste" . Allá fue a vernos un "campesino" que dijo que pertenecía a un sindicato agrario y que quería militar en el M-19. Estaba muy nervioso. Preguntó si Navarro era Navarro y si Lucio era Lucio.
Cuando salió, entró "el tira", también muy nervioso y sudando, y Eduardo Chávez (otro de los heridos) que lo ha visto tantas veces, lo saludó con un movimiento de cabeza. Esta vez "el tira" no contestó, como hacía siempre. Chávez se paró entonces y le dijo: "No la vas a cagar aquí" . "El tira" soltó entonces la gaseosa que había pedido, y nos tiró la granada".
Alvaro Alvarado, otro de los heridos, dice a SEMANA: "La tiró rodada, como una bola de bolos, y los seis que estábamos ahi sentados éramos los boliches".
La granada cayó entre las piernas de Antonio Navarro, que de inmediato se arrojó al piso y recibió la mayor parte de las esquirlas en las piernas y algunas en el cuello. Lucio fue alcanzado en el vientre y el tórax. Alvarado y Caicedo, que no sufrieron graves heridas, salieron a la calle y le gritaron al chofer de un taxi: "Prendé eso y nos llevás al hospital". Pero el taxista arrancó con "el tira" a bordo.
Coincidencialmente pasaba por allí en ese momento una ambulancia oficial, que llevó a los heridos al hospital departamental el cual fue inmediatamente militarizado. Allí, dicen Caicedo, fueron recibidos a las patadas por la guardia militar. Una enfermera cuenta que un soldado le gritó a uno de los heridos: "¡Al fin caíste, hijuep. . . !" Un miembro del GOES pateó a Chávez, herido en las piernas, cuando éste dijo que dejaran entrar a los periodistas para que vieran el trato que estaba recibiendo. Los periodistas fueron mantenidos a raya por los soldados, mientras un capitán del B-2 les explicaba que se trataba de "una medida de seguridad, pues tememos por la vida de los dirigentes del M-19, ya que tenemos información de que una célula disidente del grupo "Democracia, que a su vez es un grupo disidente del M-19 y fue el mismo que les puso la bomba, quiere venir al hospital a rematarlos".
En las primeras horas, con el hospital completamente cercado, las únicas informaciones se obtuvieron gracias a las enfermeras que introdujeron subrepticiamente las grabadoras de los periodistas. La prensa no pudo entrar sino el viernes por la tarde, después de que una Comisión de Verificación integrada por el ex ministro Guillermo Alberto González, la periodista Laura Restrepo y el arquitec to Carlos Morales viajara de Bogotá a Cali para negociar con el gobernador y las autoridades militares las condiciones de la hospitalización.
¿Quién fue el autor de los atentados? En el primer momento se habló para los dos, del grupo Ricardo Franco, que lo negó enfáticamente.
La Brigada se refirió a "delincuentes desconocidos", y luego--como el capitán del hospital-citó como responsable de ambos actos al grupo "Democracia", calificándolo de "disidencia del M-19". El M-19 excluye esta posíbilidad. Según ellos, "Democracia" es un grupo guerrillero que no acepta la tregua y que actúa en estrecha relación con el ELN, pero aunque en él militan algunos antiguos miembros del M-19 no se trata de una disidencia de este movimiento. Un "comandante Omar" telefoneó a Radio Super a nombre de "Democracia" para atribuirse el atentado contra el bus, reclamó también la responsabilidad del petardo lanzado hace unas semanas contra el general (r) Lema Henao y dijo que el nombre de "Orlando Piedrahita" con el cual actúa el comando terrorista corresponde al de un miembro del M-19 asesinado por el F-2.

Para los dirigentes del M-19, no cabe duda de que el atentado contra sus hombres fue cometido por el B-2. Y esperan otros más. Exigieron y obtuvieron, la desmilitarización del piso del hospital donde están recluídos los heridos, porque --dice Alberto Caicedo--"consideramos que el Ejército y los organismos secretos del Estado no son garantía para la vida de nadie, y menos para la nuestra". La guardia fue reemplazada por agentes del DAS y milicianos sin armas del propio M-19. Pero, según afirma Chávez, una de las guardianas enviadas por el DAS había ido a la sede del movimiento un par de veces en compañía del "tira" que lanzó la granada contra ellos. Y han pedido al respecto una investigación de la Procuraduria regional.
Los dirigentes del M-19 quieren que de la investigación se encargue la Procuraduria, para evitar que--como en el caso reciente del padre Ulcué en el Cauca--"el tira" del B-2 al que sindican sea limpiado por el testimonio de sus colegas que, a lo mejor, lo vieron ese dia cobrando la nómina. Y temen, como ya se dijo, nuevos atentados. El padre de Carlos Alonso Lucio envió un telegrama en este sentido al presidente Belisario Betancur, pidiéndole que confiara la investigación del caso al procurador Jiménez Gómez. Porque los militares, dice el señor Lucio, "están enganando al Presidente". No le sorprendería que en el hospital, todavía custodiado por el Ejército, se produjeran nuevas tentativas contra la vida de su hijo y de Antonio Navarro. Y en ese caso dice por otra parte a SEMANA el padre de Antonio Navarro, "las consecuencias serían incalculables". -
"A NAVARRO LO AMETRALLARON POR DENUNCIAR"
Alvaro Fayad, comandante en jefe del M-19, hizo declaraciones a la prensa y la televisión a raíz de los atentados de Cali: publicamos algunos extractos: Hoy lo que esta en juego, no es solamente la paz, lo que esta en juego es el país, la nación entera. El destino de un país no puede estar pendiente de si 50 ó 100 guerrilleros se indultan. Colombia necesita un remezón político ya y de inmediato. Nosotros pusimos nuestro corazón y nuestra vida en esta tregua pero la verdad es que ni Belisario, ni los partidos políticos, ni las Fuerzas Armadas están comprometidas hoy con la paz. Se necesita un gobierno comprometido con la paz. No podemos aceptar que el Ejército intente asesinar a los hombres del M-19 como Antonio Navarro, que siga desmantelando campamentos de la paz desapareciendo gente.
Hace 48 horas sacamos un comunicado, el que llevaba Antonio Navarro, en el que deciamos al país "cambiemos ya". Hagamos la paz aqui y ahora, porque la paz no ha comenzado, porque la paz implica salario, techo, educación, y eso los colombianos no lo están viviendo. Por decir eso Antonio Navarro, y por denunciar con nombre propio a los que se oponen a la paz, recibió tiros y metralla de parte de las Fuerzas Armadas.
Hagamos siete reformas en Colombia. Coloquemos hombres en el gabinete dispuestos a aplicar esas reformas. Este es un problema de gobierno, de voluntad ejecutiva. Solamente un gobierno que haga la paz, que termine la guerra puede hablar de paz. Y nosotros vamos a hacer la paz, la paz de la justicia social, porque el pueblo quiere la justicia social, quiere reformas. Es que no es la paz el problema del indulto, la guerrilla nace en Colombia porque hay injusticia, no porque no hay indulto. Mientras no haya justicia la insubordinación social será cada vez más creciente y nacerán nuevas guerrillas.
Se necesita un gabinete de ministros que estén convencidos de que la reforma agraria, la reforma urbana, la reforma política y la reforma a los medios de comunicación son una reforma inmediata y urgente. La paz no se consigue con buenas intenciones.
Que respondan, el Gobierno y la Fuerzas Armadas y los partidos políticos qué es lo que está pasando en e país. La única manera de que Belisario deje de permanecer en la soledad lavándose las manos cada vez, es apoyándose en las fuerzas democráticas nuevas de este país. La gente que quiere los cambios, la gente de lo gremios, la gente nueva de los partidos políticos, los militares nacionalistas, la Iglesia.
No más reuniones. No estamos pidiendo garantías para nosotros. Estamos diciendo dónde están las reformas. O hay reformas ya y aquí con fuerzas nuevas, con pueblo en movimiento, o esta paz que estamos intentando construir se va a convertir simplemente en la excusa para acelerar la rebelión de un pueblo.
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