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| 1/8/2001 12:00:00 AM

Grito de independencia

Por primera vez un grupo de dirigentes políticos independientes se organizan para disputarle la Presidencia a los partidos tradicionales.

Por cuenta del número de muertos en las recientes masacres de paramilitares y guerrilleros, de escándalos de corrupción y de la pelea del coronel Hugo Chávez con la oligarquía bogotana, pasó casi inadvertido uno de los eventos más importantes de la política nacional. En efecto, el lunes de la semana pasada en el Hotel Tequendama de Bogotá se reunieron cerca de 50 dirigentes de 17 organizaciones políticas y sociales del país, entre parlamentarios, gobernadores y alcaldes electos, y futuros candidatos presidenciales, para proclamar el surgimiento de Alternativa Independiente, que no es otra cosa que una organización política encaminada a acceder al poder nacional y regional en los próximos años mediante la elección popular de sus candidatos.

Entre los asistentes se encontraban, entre otros, Antanas Mockus, Gustavo Petro, Luis Eduardo Garzón, Antonio Navarro, Ana Teresa Bernal, Daniel Castellanos en representación de Noemí Sanín, los recién elegidos gobernadores Floro Tunubalá, Parmenio Cuéllar, Guillermo Alfonso Jaramillo, Juan Cárdenas y varios candidatos a gobernaciones y alcaldías del país. La capacidad de convocatoria de los asistentes no es de poca monta si se tiene en cuenta que entre todos suman cerca de 2.500.000 votos.

Pero el número de votos no es lo más importante. En realidad se trata del primer intento serio por sumar y sacrificar intereses individuales para lograr metas colectivas. Llama la atención de la declaración final de los independientes el contenido programático. En ella todos los asistentes al encuentro se comprometieron a buscar una solución negociada del conflicto armado, promover la solución multilateral del narcotráfico y buscar mecanismos que permitan, entre otras cosas, hacer más transparente y eficaz la gestión pública y los procesos de descentralización.

Esas aspiraciones de los miembros de Alternativa Independiente, muy generales y bien intencionadas si se quiere, están amarradas a un hecho concreto que se convertirá, sin duda, en uno de sus mayores retos políticos: las elecciones presidenciales de 2002. De hecho, el punto 7 de su declaración de principios sostiene que “quienes no hemos sido elegidos para cargos de la rama ejecutiva, proclamamos nuestra decisión de respaldar una candidatura presidencial independiente en el año 2002, la cual debe ser el fruto de unas reglas de juego que se acuerden colectivamente. Manifestamos que actualmente no apoyamos a ningún candidato presidencial”.

Esa será la gran prueba de fuego de este grupo de independientes. Es claro que entre los firmantes hay más de uno con enormes deseos de ser candidato o candidata presidencial dentro de dos años. De qué tanto logren unificar sus criterios, limar algunas asperezas, dejar a un lado sus vanidades personales y afianzar todos sus propósitos comunes dependerá el éxito o el fracaso del ambicioso y refrescante proyecto.

De no ser así, Alternativa Independiente no pasará de ser uno más de los múltiples movimientos políticos que se inflan y se lanzan como globos, los cuales, pese a sus nobles propósitos y, a las grandes capacidades intelectuales de sus miembros, terminan perdiendo la batalla contra los partidos tradicionales. No obstante, todo hace pensar que en esta oportunidad las cosas pueden ser distintas.
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