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| 3/12/2011 12:00:00 AM

Grito de protesta

Los godos y los furibistas bloquean el proyecto de facultades para expresar su descontento con Germán Vargas y el tratamiento que les da el gobierno.

Es difícil creer que el sombrero de Llorente que desató la revolución de la semana en el Capitolio fue precisamente el proyecto de facultades extraordinarias. Este fue el primero que radicó el Ejecutivo en agosto de 2010 y tuvo un tránsito exprés: en noviembre le faltaba solo un debate. Fue por iniciativa del gobierno que se aplazó, para poder preparar las reformas con calma.

Se pensaba que este año sería aprobado sin problemas y que el presidente Santos tendría vía libre para crear los ministerios de Ambiente, Trabajo y Justicia y reformar entidades como el DAS y el Inpec, entre otros. Pero no resultó tan fácil.

El último round sucedió el martes pasado, cuando los senadores se reunieron en el Capitolio para debatir el proyecto por quinta vez. Solo faltaba un artículo por aprobar, el número 17, cuando, de forma sorpresiva, lo que se consideraba automático comenzó a bloquearse. Voceros de varios partidos -incluso de la coalición- manifestaron que no estaban dispuestos a "firmar un cheque en blanco". Ante este impasse, el presidente del Senado, Armando Benedetti, disolvió la plenaria y las facultades quedaron colgando de un hilo.

Sin embargo, es bien sabido en los corrillos del Congreso que el proyecto de ley no es la verdadera manzana de la discordia entre los senadores y el gobierno. No por nada había sido aprobado en tres debates anteriores sin ningún problema. Las molestias van más allá y evidencian grietas profundas en la Unidad Nacional.

Lo que había en el fondo era un grito de protesta de los conservadores y un sector de La U contra el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras. Ese grupo de congresistas no le tienen confianza, no les gusta el trato que les da y ven con malos ojos que esté acumulando tanto poder y protagonismo. Roy Barreras, por ejemplo, lo acusa de no respetar el legado del presidente Uribe, y los godos lo llaman incluso "ministro candidato".

Además del evidente problema de personalidades, egos y química, la verdad es que los conservadores no están cómodos en el tren de la Unidad Nacional y a veces exteriorizan ese sentimiento. No se acostumbran a ser un partido más en la coalición después de haber sido los favoritos del presidente Uribe. Y, por si fuera poco, no tienen un interlocutor directo con Santos, a quien sienten lejano y ausente.

En el nuevo mapa de fuerzas políticas, son los que más terreno han perdido por el ingreso del Partido Liberal a la coalición de gobierno. Ya no tienen su botín más preciado: el Ministerio del Interior. Ni la Superintendencia de Sociedades, ni la Dirección Nacional de Estupefacientes.

Y para completar, el miércoles estalló la bomba de la investigación de la Corte Suprema a varios senadores conservadores por irregularidades con la Dirección Nacional de Estupefacientes. Para los acusados, el hombre detrás de estas denuncias no era otro que Vargas, quien destapó ese escándalo. Tanto es así que pidieron una cita directa con el presidente Santos, dando a entender que era el interlocutor que querían y no Vargas.

También trascendió que el expresidente Uribe estuvo detrás de la 'rebelión' del Congreso. Uribe nunca ha estado de acuerdo con el proyecto de facultades -él nunca las tuvo- y considera que el proyecto reversaría 'su obra de gobierno', en especial la fusión de los ministerios que él ejecutó en miras de crear un Estado más austero.

El proyecto de facultades ha aumentado la indignación que Uribe ha tenido con Vargas desde la campaña electoral. En los últimos días, Uribe ha atacado al ministro a través de su cuenta en Twitter, con frases como: "No puede ser que se pose de transparente y se actúe como redomado clientelista". Y mientras se discutía el proyecto en el Senado, el expresidente mandaba mensajes por chat a varios senadores amigos, que incluían frases como: "Preocupación por dictadura de Vargas".

Pero como dicen que después de la tormenta vuelve la calma, la Unidad Nacional logró capotear otra crisis. Mediante reuniones con el presidente Santos, quien prometió encargarse personalmente de la reforma del Estado, y los buenos oficios de Juan Carlos Pinzón para bajar la tensión política, los partidos se comprometieron, por escrito, a aprobar las facultades en la plenaria de este martes. Pero ¿qué queda de moraleja? Los conservadores perdieron frente a la opinión pública y el gobierno. Y por su parte, parece que el ministro Vargas aprendió que, a pesar de su popularidad a nivel nacional, no es monedita de oro para los furibistas.
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