Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/05/28 00:00

El nuevo escándalo de algunos soldados de la guaca de las FARC

Algunos de los soldados que hace 13 años estuvieron en ese triste y célebre episodio vuelven a ser protagonistas de un escándalo. ¿De qué se trata ahora?

En esta imagen se observa al grupo de soldados dentro de su celda con botellas de licor.

En la historia reciente, pocos episodios quedaron tan grabados en la memoria de los colombianos como el conocido como la guaca de las Farc. El caso ocurrió en abril de 2003, cuando un grupo de 147 militares, que realizaba operaciones en las selvas del Caquetá, encontró enterradas varias canecas repletas de millones de pesos y dólares.

Aunque nunca se supo con exactitud el monto, se especuló que la cifra podría rondar los 40.000 millones de pesos. Los militares se repartieron el dinero y en ese momento comenzó una desgracia que, más de una década después, no termina. Libros, series de televisión y hasta una película recrearon el astronómico hallazgo y la forma como ellos revelaron, sin querer, lo ocurrido al derrochar el dinero en forma por demás escandalosa.

Las autoridades, efectivamente, detuvieron a los uniformados, luego los liberaron y por más de 10 años el proceso dio vueltas por tribunales militares, juzgados y cortes civiles. En ese tiempo varios de ellos terminaron asesinados, otros secuestrados e incluso dos de ellos gastaron el dinero en cambiar de sexo.

Después de múltiples apelaciones, a finales del año pasado la Corte Suprema de Justicia consideró que debían pagar en promedio 48 meses de cárcel por quedarse con la plata y no informar del hallazgo. El alto tribunal ordenó a las autoridades buscar y arrestar a los militares, retirados hace más de una década del servicio activo.

De ese grupo solo han capturado a 24, el último de ellos la semana pasada en Cali, y los demás se convirtieron en prófugos. El tema, sin embargo, se volvió un ‘chicharrón’ para el Ejército. Varios de los jueces ordenaron a esa institución recibir en cárceles o guarniciones a esos exuniformados detenidos.

Esta institución cuenta con nueve Centros de Reclusión Militar –CRM– en diferentes regiones del país. Después de los escándalos presentados en uno de ellos, el del Fuerte Militar de Tolemaida, revelado por SEMANA en 2011 y 2013, los militares reestructuraron por completo esos CRM y los problemas en esos lugares parecen ser cosa del pasado. Sin embargo, los jueces han ordenado al Ejército recluir en otras instalaciones a varios de los llamados soldados de la guaca.

En muchos de los batallones existen pequeñas instalaciones llamadas centros de reclusión militar de unidades tácticas. Conocidas por los uniformados como ‘salas de reflexión’, son celdas o cuartos destinados a albergar sindicados o condenados por delitos militares menores como deserción o evasión del servicio, entre otros. A diferencia de los CRM, el Inpec no los supervisa ni cuentan con la infraestructura, logística y el personal capacitado. Y allí ya se han presentado algunos problemas con los presos de la guaca.

Como parte de las revisiones periódicas que realiza la Inspección del Ejército en todas las unidades del país, la semana pasada el personal de esa área descubrió una situación bastante irregular en el Batallón número 39, ubicado cerca a Fusagasugá, Cundinamarca.

Hace dos meses, una juez ordenó recibir en esa instalación a tres de los exmilitares condenados por los famosos dólares. Quedaron recluidos en una pequeña celda junto con cuatro soldados regulares, quienes están allí por el delito de deserción, y un soldado profesional sindicado de un homicidio.

Los inspectores del Ejército se sorprendieron al descubrir que los militares de la guaca se ingeniaron la forma de ingresar bebidas alcohólicas. SEMANA tuvo acceso a varias fotografías en donde aparecen los detenidos bebiendo ron y aguardiente en el sitio de reclusión. En las imágenes también se ve a uno de los exsoldados posar con un fusil en sus manos. Y en otra, el grupo de detenidos figura por fuera de la celda también con un arma. Varios de ellos también tienen celulares, que, obviamente, en su calidad de detenidos no deberían usar.

Los hallazgos causaron una gran indignación. Si bien se trata de un grupo de solo ocho internos, claramente tener trago, celulares o portar un arma es una escandalosa violación de cualquier reglamento. Los encargados de la custodia de los detenidos fueron relevados inmediatamente. Varias investigaciones disciplinarias se adelantan desde finales de la semana anterior, y como parte de las medidas se ordenó el traslado de los detenidos a centros de reclusión más adecuados y con mayores controles. Lo cierto del caso es que 13 años después los soldados de la tristemente célebre guaca siguen dando de qué hablar. 

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