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| 11/23/2013 10:00:00 AM

Los rastros de la peor guerra 'para'

Entre 2002 y 2004, la guerra entre dos grupos de los Llanos les costó la vida de unas 2.000 personas, muchas de las cuales eran niños. Hoy se redescubre ese horror.

A pesar del conflicto armado que azota a Colombia, es una paradoja que el país no se caracterice por haber tenido batallas muy sangrientas en cuanto a número de muertos. En toda su historia, la batalla de Palonegro se considera la más cruenta de todas. Los historiadores Gonzalo Sánchez y Mario Aguilera en su libro sobre la Guerra de los Mil Días hablan de 2.000 combatientes muertos. Un número, sin duda significativo, si se tiene en cuenta que para la época de la batalla (del 11 al 26 de mayo de 1900) Colombia tenía unos 4 millones de habitantes.

El dato viene a cuento porque hace unos diez años tuvo lugar otra guerra igualmente sangrienta. Pero de esa, el país apenas si se enteró. Tuvo lugar entre abril de 2003 y octubre de 2005, en los Llanos Orientales. El paramilitar Martín Llanos, a punta de combates contra la guerrilla, se empezó a extender hacia Caño Jabón y Mapiripán, al suroriente de Meta, y hacia Guaviare, una ruta importante de la coca. 

Y a su turno, Miguel Arroyave, que le había comprado el bloque Centauros a Vicente Castaño, empezó a tratar de recortarle terreno. A Arroyave bajaron a ayudarle tropas de Carlos Castaño, de Macaco y de Don Berna y sacaron a Martín Llanos de Meta. Esa guerra tuvo batallas de hasta 200 muertos. Algunos de los niños que sobrevivieron a ella, han contado historias de horror. 

Ahora, varias petroleras que llegaron a la zona a explorar han encontrado los restos de lo que fue ese infierno. En un solo terreno de 290 kilómetros cuadrados en el suroriente de Meta, equivalente a la extensión de un municipio como Mariquita (Tolima), han encontrado abandonadas 144 municiones de alto poder, como granadas de mano, granadas de fusil, granadas de mortero de 60 milímetros y hasta un rocket (ver fotografías). 

La mayoría estaba sin explotar. También han encontrado restos de varios esqueletos al lado de fusiles. Nunca nadie los fue a recoger.

Las fotos que acompañan este texto, que son las de los hallazgos hechos por las petroleras, son tal vez el único testimonio gráfico de lo que fue esa guerra.
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