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| 3/16/1998 12:00:00 AM

GUERRA EN EL FIN DEL MUNDO

Qué hay detrás de las recientes denuncias sobre las matanzas en el Putumayo. Semana revela cómo llegaron los paramilitares al patio trasero de la guerrilla.

EL pasado viernes los habitantes de Puerto Asís, Putumayo, marcharon por las calles de su pueblo para respaldar las denuncias que había hecho su alcalde Néstor Hernández en Bogotá. Con este acto terminó una semana de discusiones sobre lo que está ocurriendo en este departamento del sur del país. Los putumayenses dicen que los paramilitares llegaron a su región y que los están masacrando. Las autoridades, en especial los militares, dicen que no saben nada y que todo lo que se ha dicho hasta ahora al respecto es mentira. Lo cierto del caso es que algo está pasando y es un fenómeno que no comenzó ayer.
En noviembre de 1996 el Movimiento de Autodefensas de Colombia celebró su tercera cumbre nacional. El documento que reunió las conclusiones del encuentro planteó, en el capítulo titulado 'Discriminación de áreas críticas', la necesidad de reconquistar con urgencia zonas que la guerrilla les había arrebatado como el eje cafetero, el noroccidente antioqueño y del Tolima, el norte del Valle y del Cesar, el bajo Magdalena, los Llanos Orientales, y los departamentos de La Guajira y Putumayo. Sobre este último hicieron la siguiente precisión: "Es urgente desplazar hombres y recursos para esta misión. Es allí donde la subversión ha logrado crear un gobierno paralelo altamente peligroso para la Nación". El anuncio sorprendió a los analistas que habían seguido de cerca el proceso de creación y expansión de estos grupos. Lo que pretendían era nada más y nada menos que meterse en el área de operaciones de los Frentes 13, 32 y 48 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y en la zona de influencia del poderoso bloque sur, el orgullo militar del mismo grupo guerrillero, que ha dado su golpes más audaces y recientes en esta área selvática.
Los paramilitares no han sido ajenos a la historia del Putumayo. A finales de la década pasada se hizo famosa en la región, por el terror que sembró, la base de El Azul, propiedad del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha, 'El Mexicano'. Luego de la muerte de éste, el grupo perdió fuerza y algunos de los sicarios que lo conformaban se instalaron en Puerto Asís, donde continuaron asesinando gente hasta que la guerrilla los derrotó o los expulsó del departamento hacia mediados de 1990.
Desde entonces no se tenía conocimiento de actividad paramilitar en este departamento limítrofe con Ecuador y Perú, que por cuenta del abandono en que se encuentra es conocido por algunas autoridades como 'la frontera muerta'. Lo cual, sin embargo, no ha impedido que se levante cada cierto tiempo por la fumigación de cultivos ilícitos y las marchas campesinas. Pero hace 10 meses la situación comenzó a cambiar. Primero de manera sutil y ahora de manera brutal, de acuerdo con las denuncias que hizo la semana pasada Néstor Hernández, alcalde de Puerto Asís.

Primer Aviso
A finales de abril de 1997 llegó a los concejos de Puerto Asís y de Orito un sobre procedente de Carepa, Antioquia, con un comunicado del Movimiento de Autodefensas de Colombia en el que anunciaban que Alcibíades Enciso y Luis Alfredo Urbano, alcaldes de estos municipios, habían sido declarados objetivos militares por ser colaboradores de la guerrilla.
Ese fue el primer aviso de la gente de Carlos Castaño en la región. El pasado 30 de enero Enciso, quien entregó el cargo a comienzo de año, fue asesinado en Cali con tres disparos en la cabeza por un sicario que se movilizaba en moto. Las autoridades caleñas dicen que no tienen indicios de los móviles de este crimen pero Néstor Hernández, sucesor de Enciso, sostuvo en diferentes medios de comunicación que fue obra de los paramilitares.
En mayo de 1997 el Frente 48 de las Farc emitió un comunicado en el que decía: "Tenemos conocimiento que al departamento del Putumayo han venido jefes de grupos paramilitares de Urabá y el Magdalena Medio. El único propósito de esta visita fue reunirse con algunos mandatarios locales, comerciantes, ganaderos y mafiosos (_) Quien financie, organice o haga parte de estos grupos, más temprano que tarde, deberá responder ante la justicia popular". Pese a la amenaza de la guerrilla, sostienen los habitantes de la región, los planes de ingreso de los paramilitares continuaron adelante. El 30 de mayo, según lo denunciaron a las autoridades, Leguizamón y el alcalde Urbano fueron objeto de un atentado en Bogotá. Tres meses después, en agosto, comenzaron a circular por el correo de las brujas rumores sobre la llegada de los hombres de Castaño. Un funcionario departamental comentó en una borrachera que una avioneta con paramilitares había llegado al aeropuerto de Villa Garzón. Coincidencialmente en el mismo pueblo aparecieron los primeros grafitis de las autodefensas anunciando su llegada al Putumayo.
Al parecer _según cuentan un religioso de la zona y un líder regional que prefirieron mantener sus nombres en reserva_ hubo un hecho que precipitó la llegada de las autodefensas a la zona y que explica por qué razón Gustavo Gómez se puso a la cabeza de las mismas. El líder en mención dice que quien se presenta como Gustavo Gómez es un paisa con una larga trayectoria en el departamento. De acuerdo con este testimonio, Gómez trabajó con los paramilitares de El Azul en la época de 'El Mexicano' y cuando terminó el apogeo de esta base desapareció de la región.
Tiempo después reapareció en Puerto Asís y gracias a un comodato con la alcaldía manejó el estadio del pueblo. Luego volvió a desaparecer y a mediados de 1996 se supo, según la misma fuente, "que tenía un negocio por el río Putumayo". Esto quiere decir, en otras palabras, que manejaba un laboratorio de procesamiento de drogas o que estaba involucrado en este negocio ilícito. Lo cual no es difícil si se tiene en cuenta que sobre dicho río está ubicada Piñuña Negra, un puerto considerado por las autoridades como el 'Wall Street' de la coca en Colombia.
Comienza la ofensiva
En septiembre de 1997, de acuerdo con las mismas versiones, Gómez tuvo problemas con un grupo delincuencial denominado 'Los Champas'. Esta es una organización de origen peruano que opera en la zona fronteriza de Perú, Ecuador y Colombia. Toma su nombre del alias de su jefe, Willer Alvarado Linares, 'El Champa', quien se encuentra en prisión. En la actualidad, de acuerdo con el diario peruano El Comercio, la banda estaría integrada por más de 100 sicarios, bien armados, al mando de 'El Tato', el lugarteniente de Alvarado. En el Putumayo aseguran que 'Los Champas' se metieron con los negocios de Gómez y mataron a varios de sus pistoleros. Después de este golpe Gómez, sostiene el líder en mención, fue a Antioquia y trajo a los paramilitares para que le arreglaran este asunto. Si las versiones sobre las masacres en los alrededores de Puerto Asís son difíciles de confirmar _como lo han sostenido las autoridades_, las que cuentan los habitantes del bajo Putumayo sobre la lucha que hubo entre 'Los Champas' y los paramilitares son prácticamente imposibles de verificar. En esta región dicen que los hombres de Castaño mataron a por lo menos 50 'Champas' y corrieron a los sobrevivientes hasta el río Napo, más allá de la frontera colombiana. Una vez cumplieron esta misión se dedicaron a preparar su ingreso al valle del Guamuez y a Puerto Asís.
El 27 de octubre, luego de las elecciones departamentales, circuló en Puerto Asís un panfleto en el que se sindicaba de "enemigos de la paz y la democracia" a seis personas, entre las cuales estaban el asesinado alcalde Alcibíades Enciso y el padre Harold López, quien salió del país la semana pasada por amenazas contra su vida. En diciembre una persona que viaja frecuentemente a la zona del bajo Putumayo se encontró con 30 hombres que portaban brazaletes de las autodefensas. El comandante del grupo, según recuerda, "me trató bien y le dijo a los campesinos que se portaran bien si no querían tener problemas". Por la misma época, según el líder de Puerto Asís mencionado antes, se detectó la presencia de civiles armados que estaban quedándose en el pueblo.
El viernes de la semana pasada la Defensoría del Pueblo dijo que desde el primero de enero hasta ahora han muerto 26 personas de manera violenta en el Putumayo. Aunque no señaló de manera directa a los responsables de estos actos, la Defensoría dijo que hay indicios de que "grupos civiles armados sí han ocasionado muertes violentas y que efectivamente han realizado retenes en la zona rural y urbana". En la región la gente tiene miedo y nadie sabe qué va a pasar. La situación puede empeorar porque los militares están buscando en la zona a los soldados de Patascoy y porque ya se anunciaron fumigaciones de cultivos ilícitos de grandes proporciones. Los pronósticos son desalentadores tal y como se lo dijo un oficial del Ejército a un habitante de la zona: "En dos o tres años esto va a estar peor que en el Urabá".
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