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| 1/10/2000 12:00:00 AM

GUERRA FLUVIAL

El golpe a las FARC en Puerto Inírida fue la prueba de fuego para la Brigada Fluvial de Infantería <BR>de Marina. Su labor será vital para enfrentar la guerra contra la subversión, las autodefensas y el narcotráfico.

Los hombres de las Farc todavía merodean por Puerto Inírida. La semana pasada
miembros de las Fuerzas Especiales de la Brigada Fluvial de Infantería de Marina, enviados a reforzar el
Batallón Fluvial de la capital del Guainía, tuvieron escaramuzas con guerrilleros de dicha organización
subversiva. Todavía no se resignan a que el ataque contra esta población, que habían planeado durante más
de un año y que llevaron a cabo a mediados de noviembre comandados por el 'Negro Acacio', un profesor que
se convirtió en uno de los hombres de confianza del 'Mono Jojoy', haya fracasado gracias a la intervención
de los Elementos de Combate Fluvial, el as bajo la manga que sacó este año la Infantería de Marina.
El año pasado la Armada Nacional comenzó el proceso de reorganización y modernización de la
Infantería de Marina, que hasta ese momento tenía grupos dispersos por todo el país, agregados a las
unidades del Ejército. El objetivo era optimizar su funcionamiento y el manejo de sus recursos, de tal manera
que su aporte a la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla fuera mayor. El cambio se hizo con apoyo del
gobierno estadounidense y el resultado final fue presentado al público el pasado 4 de agosto. Ese día las
autoridades activaron la primera Brigada Fluvial de Infantería de Marina, conformada por 2.600 hombres,
agrupados en cinco Batallones Fluviales con sede en Turbo (Antioquia), Yatí (Bolívar), Puerto Carreño
(Vichada), Puerto Leguízamo (Putumayo) y Puerto Inírida (Guainía).
La Brigada no sólo hace presencia estatal en alejadas regiones fronterizas, también es responsable del
control y la seguridad de la mitad, 8.020 kilómetros, de ríos y caños navegables que hay en Colombia. No
todas las vías fluviales facilitan el desempeño de estos militares. En el Catatumbo (Norte de Santander), por
ejemplo, se hizo un estudio que demostró la imposibilidad de instalar un batallón en dicha área porque las
condiciones de navegabilidad no eran las ideales. Lo mismo ocurrió en Mitú, capital del Vaupés. En el
tiempo que llevan operando sus hombres han abordado 10.052 embarcaciones y requisado a 77.610
personas en busca de armas, insumos para la producción de drogas ilícitas y cocaína (ver recuadro de
resultados). El éxito de su labor hasta ahora, tanto en la lucha antinarcóticos como en el combate contra
la guerrilla y las autodefensas, han sido los 33 Elementos de Combate Fluvial que hay en el país.

Velocidad, la clave
Elemento de Combate Fluvial es el nombre técnico con el que la Infantería de Marina designa un grupo de
cuatro lanchas rápidas que operan de manera conjunta al mando de un oficial, dotadas con un gran poder de
fuego, que gracias a la combinación de estas características consiguen una superioridad casi que absoluta
en el combate fluvial. Los botes son de tres tipos: Piraña, utilizado por el Ejército de Estados Unidos;
Anguila, perteneciente a la Armada del mismo país; y Caribe, elaborado con tecnología y mano de obra
nacional en Medellín. Estos últimos están siendo utilizados desde el mes de mayo. Todos están equipados
con dos motores fuera de borda de 150 caballos de fuerza, que les permiten alcanzar velocidades de hasta 65
kilómetros por hora. Cada lancha puede llevar hasta 180 galones de gasolina, lo que les da una autonomía de
viaje de hasta tres horas.
Su rapidez y su gran maniobrabilidad las convierte en un blanco muy difícil para cualquier atacante. Además
cuentan para defenderse con una ametralladora punto 50 con 2.000 proyectiles, dos ametralladoras M-60,
cada una con igual número de proyectiles, y un lanzagranadas con 48 unidades. Este equipo logra lo que en
el argot militar se conoce como una gran cadencia de fuego, es decir, el número de disparos que un arma
hace en un determinado tiempo. Cada ametralladora de las mencionadas puede disparar hasta 200
proyectiles por minuto y cubrir una distancia de entre 200 y 1.200 metros. "Cuando nos emboscan
siempre tratan de darle al piloto de la lancha, al apuntador de la punto 50 o a los motores para dejarnos a la
deriva. Pero estos botes están hechos de tal forma que no es fácil hundirlos o voltearlos. Además, si le dan al
piloto cualquiera de los infantes está en capacidad de maniobrar la lancha y sacarla de la emboscada", dice el
cabo Víctor Sánchez, piloto comandante de una Piraña en el Batallón Fluvial No. 90, de Puerto Leguízamo.
Todo lo anterior explica porqué los Elementos de Combate Fluvial lograron la superioridad en Puerto Inírida.
"Allí los combates comenzaron casi que desde el puerto y de entrada le hundimos varios botes a la guerrilla.
Luego los sacamos de los sitios donde se habían instalado. Tenían trincheras dobles y en algunas
encontramos hasta 80 granadas", le dijo a SEMANA el coronel Fernando Villamizar, jefe de operaciones de
Infantería de Marina. Esta técnica de combate fluvial, que demostró ser tan efectiva en el Guainía, ya fue
aprendida por miembros del Ejército y militares de Perú y Ecuador.

Narcotráfico en la mira
Nadie duda que la ayuda que le ha proporcionado el gobierno de Estados Unidos a las Fuerzas Militares
colombianas tiene como fin primordial darle un golpe de gracia al narcotráfico. El fortalecimiento de la red de
Inteligencia de la Armada y la ayuda que ha recibido la Infantería de Marina, material y entrenamiento por parte
de miembros de las fuerzas especiales de la Armada estadounidense, apuntan a este objetivo. La prueba de
fuego la tendrá el Batallón Fluvial No. 90 de Puerto Leguízamo, en el Putumayo. En este departamento
existen, según denunció a mediados del año el gobernador Jorge Devia, unas 40.000 hectáreas cultivadas con
coca, de las que obtienen su sustento 135.000 de sus 230.000 habitantes.
Tal cantidad de cultivos alienta la aparición de laboratorios rústicos de procesamiento clandestinos y el
tráfico ilícito de insumos para la producción de pasta de coca. El recién creado Batallón Antinarcóticos del
Ejército, destacado en la base de Tres Esquinas (Caquetá), cumplirá una importante labor en la
erradicación de cultivos a partir del año entrante. Sin embargo la labor de control de los ríos y caños, las
autopistas por donde se mueven la droga y los insumos, continuará en manos del Batallón Fluvial de Puerto
Leguízamo.
Para poder llegar hasta regiones selváticas alejadas la Armada y la Infantería de Marina unen fuerzas y
realizan dos o tres grandes operaciones mensuales. Son misiones respaldadas por labores de inteligencia
previa que garantizan su eficacia y justifican el inmenso costo que representan en mantenimiento de
equipos y gasolina. En cañoneras de la Armada, como la ARC Riohacha o la ARC Leticia, es embarcada
una compañía completa de contraguerrilla de Infantería de Marina, más de 100 soldados, y los pertrechos
necesarios para cubrir por varios días las necesidades de la tropa y las lanchas de los Elementos de
Combate Fluvial. De esta manera pueden cubrir grandes distancias por el río Putumayo o sus afluentes.
"Hace 15 días más o menos estuvimos en el área de Tolosa, unos 150 ó 180 kilómetros Putumayo abajo.
Destruimos tres laboratorios, incautamos gran cantidad de material para el procesamiento de pasta y
detectamos 150 hectáreas cultivadas con coca. Los resultados son mayores en comparación con los del año
pasado porque vamos cuando están en cosecha, tienen la hoja recogida, los insumos y la gasolina listos. Ahí
les damos duro porque acabamos con todo de una vez", cuenta el mayor Carlos Serna, comandante
encargado del Batallón Fluvial de Puerto Leguízamo.
Hasta ahora todas las misiones que han llevado a cabo en este departamento fronterizo han sido exitosas.
El único percance que han sufrido tuvo lugar en septiembre, en desarrollo de la denominada operación
Combustible, que dura cinco días y es la más ambiciosa de cuantas realizan en el semestre. Luego de
incautar varios botes al frente 48 de las Farc, destruir dos o tres laboratorios y decomisar armamento, la
guerrilla atacó con un rocket en Puerto Asís a una de las cañoneras de la Armada. Este proyectil, que puede
atravesar superficies blindadas de hasta 300 milímetros, dejó cinco heridos.
El año entrante la Brigada Fluvial será reforzada con cinco nuevos Elementos de Combate Fluvial y uno de los
batallones será dotado con un hidroavión para que la seguridad en los ríos colombianos sea completa. De
lograrse este control se le estaría cortando a la guerrilla uno de sus cordones umbilicales en cuanto a su
comunicación.

Jaque aéreo al narcotráfico
En la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) también ha jugado un
papel importante durante este año. Su rol fue reconocido incluso por el coronel Barry Chisholm, de la
Fuerza Aérea de Estados Unidos, quien en una carta que le envió al embajador Curtis Kamman escribió:
"Esta ha incrementado sustancialmente el control del espacio aéreo negándoles a los narcotraficantes el uso
de muchas rutas que antes empleaban con extrema facilidad y sin el riesgo de ser interceptados". Es por
eso que el general Héctor Fabio Velasco, comandante de la FAC, no vacila al decir: "Hemos cerrado
prácticamente el espacio aéreo en el norte del país. Por ahí no entran los aviones ya. Eso los ha obligado
a buscar otras rutas más hacia el oriente del país y también están buscando el Pacífico. Por ese lado también
estamos atentos y vigilantes".
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