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| 3/10/2003 12:00:00 AM

Guerra, mentiras y video

La polémica decisión del Alcalde Antanas Mockus de darles páginas editoriales a la guerrilla y a los paramilitares revive la tensa relación entre medios y terrorismo.

No habia acabado de abrir las páginas del periódico del Instituto Distrital de Cultura y Turismo a los grupos armados ilegales -Farc y autodefensas- cuando el alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, recibió una avalancha de críticas. Los comentarios oscilaron entre acusaciones de ingenuidad, uso inadecuado de dineros públicos e insensibilidad frente al dolor causado por los ataques terroristas.

Pero lo más interesante es comprobar que la polémica por la aparición de los planteamientos de guerrilleros y paramilitares en las páginas de un periódico local, con una circulación relativamente restringida, es apenas un signo de un problema mucho mayor, que además de candente se está tornando global: las relaciones entre terrorismo e información.

Hace meses, cuando comenzó la intervención de Estados Unidos en Afganistán, se revelaron presiones concretas del Departamento de Estado sobre la emisora Al-Jazeera de Qatar. La pequeña estación de televisión, entrenada por los profesionales de la BBC, había logrado llegar, con gran acogida, a las audiencias árabes. Junto a su calidad estaba algo aún más importante: la perspectiva con que presenta las realidades de la región, generalmente esquematizadas por las grandes cadenas internacionales. La figura de David tumbando con su honda al gigante Goliat es una metáfora que sirve perfectamente para dibujar la confrontación periodística entre Al-Jazeera y CNN. El motivo fundamental del disgusto estadounidense eran las apariciones de Osama Ben Laden, en videos pregrabados, que el canal de televisión árabe transmitía como primicia al mundo. Sin embargo, más allá del impacto producido por estas revelaciones -sin duda atemorizantes-, lo que preocupaba era la sintonía del medio de comunicación árabe con sus televidentes y, sobre todo, la forma con que abordaba unos problemas que los medios extranjeros estaban lejos de comprender e interpretar a cabalidad.

A las puertas de una guerra contra Irak, nuevamente se revive el fantasma que hace estragos en las relaciones entre medios, gobiernos y conflicto. La Casa Blanca reaccionó de manera airada frente a la entrevista que le hizo Dan Rather a Saddam Hussein. Además de ser una pieza periodística de indudable valor y actualidad (el gobernante iraquí no concedía entrevistas desde hace 13 años), fue una brizna en medio del océano de información oficial, que busca crear una atmósfera favorable a la intervención norteamericana. Una atmósfera progresivamente enrarecida, exultante de sentimientos patrióticos, pero llena de oposición mundial y especialmente de argumentos que contradicen las aparentes justificaciones esgrimidas por el gobierno del presidente Bush y sus países aliados.

Sin embargo el episodio tiene unas implicaciones que ponen en el calderero temas como la responsabilidad de los medios en épocas de guerra, la visibilidad de los actores, incluyendo aquellos a quienes se combate, la intervención de los gobiernos en campos resguardados por la independencia y la autonomía informativas, la necesidad de conciliar la protección de la seguridad nacional con la libertad de información y los derechos de los ciudadanos a conocer de primera mano lo que realmente está sucediendo, entre otros temas.

Pero si por Estados Unidos y Asia llueve, por Europa no escampa. El tema de las relaciones entre medios y terrorismo está que arde en España, en donde no se suelen publicar declaraciones ni entrevistas a los líderes de la ETA. Hace meses el juez Baltasar Garzón encausó al periódico vasco Egin y ordenó su cierre, señalando la existencia de relaciones entre el grupo terrorista y la estructura económica, administrativa e informativa del periódico. Otro juez de la Audiencia Nacional, Juan del Olmo, dictaminó el cierre del periódico nacionalista Euskaldunon Egunkaria, acusado de formar parte del entramado delictivo de ETA, de difundir en euskera el ideario terrorista y de transferir fondos provenientes de ETA o de su entorno para la adquisición de sociedades. Sin embargo en este caso no ha existido unanimidad en la sociedad vasca. Por lo menos tres organizaciones políticas destacadas, encabezadas por el Partido Nacionalista Vasco, se han opuesto a la acción del juez e incluso han apoyado la aparición de un nuevo periódico que ha reemplazado al clausurado, con pauta del propio gobierno vasco.

Finalmente está el caso del subcomandante Marcos que invitó a ETA a un debate público sobre la cuestión vasca, precedido de una tregua, que el grupo respondió con cajas destempladas.



Resquicios para la palabra

Todo este rosario de acontecimientos relativamente similares en diferentes lugares del planeta, lo que demuestra es que las relaciones entre medios y conflictos, información y terrorismo, están en un grado máximo de susceptibilidad y tensión.

El presunto artículo del proyecto de estatuto antiterrorista que se logró filtrar hace unos días, generando la repulsa de los medios de comunicación colombianos, y ahora el caso del alcalde Mockus, son apenas dos momentos de una misma polémica.

El ofrecimiento de las páginas del periódico del Idct a los grupos armados ilegales tiene varias aristas interesantes. Por una parte, no parece ser muy justificable que se 'bajen' indiscriminadamente de Internet planteamientos que los jefes de la Farc o de las autodefensas hacen en sus propios medios de comunicación, así como se ha criticado con razón la apertura indiscriminada de micrófonos que se ha convertido, en muchos casos, en una simple y criticable divulgación de proclamas sin contrapreguntas. Pero por otra, no deja de ser importante, aunque probablemente iluso, que el Alcalde intente hacer un nuevo gesto simbólico y pedagógico que resalta la importancia de la palabra en la política. Lo que muchos critican es precisamente que los grupos alzados en armas estén acudiendo cada vez más a las prácticas del terror y cada vez menos a las reglas de la política. Muy seguramente las páginas ofrecidas generosamente por el Alcalde se quedarán vacías. No es, por supuesto, la primera vez que sucede. Todo el país recuerda la silla vacía el día de la inauguración de los diálogos en el Caguán.

En todos estos episodios lo fundamental es la salvaguarda de una libertad civil que no es estática, ni que tampoco le pertenece exclusivamente a los medios o a los periodistas. En efecto, la libertad de información varía, se enriquece, se transforma. Su legitimidad está en la combinación -nada fácil- entre libertad y responsabilidad social. Pero el periodismo no puede renunciar a hacer su trabajo profesionalmente, con calidad y veracidad. Esa es la mejor garantía para contar los conflictos, sin participar de los estragos que ellos suelen producir no sólo en la información sino sobre todo en la verdad.

"Sólo la violencia es muda" escribió la pensadora alemana Hannah Arendt. Y aunque los violentos tratan de enmudecer a los demás a través de la fuerza, hay que dejar resquicios para apostarle a la palabra. Sobre todo a la de aquellos con los que no estamos de acuerdo. n
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