Viernes, 20 de enero de 2017

| 1986/01/06 00:00

GUERRA TOTAL Y GUERRA SUCIA

Mientras aumenta el número de muertos, la opinión pública sigue perdiendo la guerra de la desinformación.

GUERRA TOTAL Y GUERRA SUCIA


En donde no hay matanzas y batallas campales -Cali, Urabá, el Meta- se vive un ambiente de guerra soterrada, hecho de amenazas e histeria. El ataque en Bogotá a un bus del Ejército, en la mañana del viernes 6 de diciembre, con saldo de dos muertos y catorce heridos, por parte de la llamada Coordinadora Guerrillera y en desarrollo de un "plan de Navidad", según el comunicado firmado por el general Samudio que citaba llamadas a medios de información, fue sólo la culminación de una semana sangrienta que empezó el 30 de noviembre con el asesinato de veinte sindicalistas del banano en Currulao, Urabá; continuó con la toma del sector caleño de Siloé por tropas del Ejército en busca de una célula del M-19, con un resultado (oficial) de 17 muertos y 40 heridos, en su mayoría civiles, se complicó con las informaciones sobre batallas entre guerrilleros en Lejanías, en el Meta, con cien muertos; y estuvo sazonada con llamadas telefónicas de amenazas a nombre de la guerrilla a diversos colegios privados y clubes sociales de Bogotá, que hicieron sentir a la gran burguesía que el clima de guerra no azota solamente barrios marginados y veredas de remotos municipios, para el caso de que la batalla del Palacio de Justicia no hubiera sido advertencia suficiente .
La matanza de Urabá vino a poner en primer plano un tema de violencia que no es nuevo, pero que en los últimos tiempos amenaza con superar a lo que ha sido el Magdalena Medio en sus peores épocas. En esa zona del noroeste antioqueño las tensiones sociales son agudas desde hace mucho tiempo, en particular en la industria del banano, en la cual 25 mil trabajadores agrupados en Sintagro (del Comité Pro Central Sindical Revolucionario, dominado por el EPL), Sintrabanano (de la CSTC, comunista) y SNIF (de la CTC), se enfrentan a los propietarios agrupados en la Asociación de Bananeros de Urabá (Augura). El enfrentamiento, provocado por las pésimas condiciones laborales y agravado por la presencia guerrillera del EPL y las FARC en la región, ha cobrado en el último año docenas de muertos. El Tiempo señalaba desde el mes de marzo que "se eleva ya a dieciocho el número de hacendados muertos violentamenle (en Urabá) en poco más de un año", y por su parte los síndicatos de trabajadores denuncian desde hace tiempo el asesinato sistemático de sus dirigentes y afiliados por grupos paramilitares, o por el propio Batallón Voltígeros que controla la región. El presidente de Sintagro, Argemiro Correa, cuenta a SEMANA el episodio más reciente y sangriento de esa guerra:
"Nos encontrábamos reunidos en la sede del sindicato en Currulao, yo había salido a tomar un fresco, cuando treinta hombres de civil armados con metralletas y granadas irrumpieron en el local, asesinaron a los cinco compañeros que se hallaban en la puerta, dinamitaron la oficina y entraron disparando al salón de conferencias. Tres minutos más tarde llegaron el Ejército y la Policía -pero hay que tener presente que el puesto de policía más cercano está en Apartadó, a cuarenta minutos en carro, y el Batallón Voltígeros está a una hora y cuarenta minutos de Currulao. Los uniformados llegaron y terminaron de destruir la sede del sindicato, sacaron los documentos de los archivos y se llevaron dinero y cheques de cuotas sindicales por valor de dos millones de pesos. Detuvieron a muchos que no habían alcanzado a salir (70 en total) y los tuvieron presos hasta la noche del sábado. Hubo veinte víctimas, pero como todavía algunos compañeros no aparecen, presumimos que pueden estar muertos. Un teniente del Batallón Voltígeros nos había prevenido hacía ocho días, diciendo que dentro de poco el sindicato se iba a acabar".
La matanza de Currulao dio origen a un paro general en la región, que empezó el lunes 2 de diciembre y se prolongó hasta el jueves, terminando con la firma de un acuerdo por el cual se integra una comisión con el Gobernador de Antioquia y los ministros de Trabajo y Gobierno para buscar soluciones al largo conflicto laboral y social.
Y entretanto la violencia se trasladaba a Cali, que el 3 de diciembre amaneció sucia de letreros murales que anunciaban "limpieza": "Ladrón, prostituta, homosexual: únete al M-19", "Si eres marica o cacorro, únete al M-19"; "Cali limpia sin M-19". Eran el preludio de un operativo militar que bajo el lema, "Cali: Navidad limpia", iniciaron las Fuerzas Armadas en la madrugada del sábado para desalojar de Siloé, uno de los sectores más populosos de la ciudad, al grupo subversivo que había echado allí raíces. Tres mil quinientos hombres de los batallones Rifles, Pichincha, Colombia, Mecanizado Cabal, y del GOES y de la Policía Metropolitana, apoyados por tanques, llegaron a Siloé en busca de la columna guerrillera del M-19 que dirige Afranio Parra y, según los pobladores, "arrasaron con todo". "Entraron casa por casa tumbando puertas y disparando a todo lo que se moviera", dijo uno de los habitantes al reportero de SEMANA. Los periodistas de los diferentes medios de comunicación de la ciudad afirman que los militares llegaron "a barrer" y que "cometieron muchos atropellos en los allanamientos". Provistos de planos exactos y completas informaciones, las Fuerzas Armadas fueron llegando a cada uno de los puntos señalados y capturando a las personas previamente indicadas. "Aquí hay armas, tumbar casa", "debajo carro hay armas" y "capturar a... sabe dónde está la caleta", eran algunas de las leyendas de uno de los planos que guiaban a los militares.
Estos,aunque niegan enfáticamente que hayan existido abusos, justifican la actitud que asumieron. Un alto oficial de la Tercera Brigada afirma: "Nosotros fuimos allá porque la gente nos pidió que hiciéramos algo para que no se llevaran a sus hijos a la cordillera". Y agrega: "Los mismos guerrilleros son los que llaman a las emisoras a decir que los militares están haciendo y deshaciendo, pero la gente de bien nos ha dado las gracias por lo que hemos hecho. Claro que en ese momento de fuego cruzado es muy difícil controlarlo todo y aisladamente se pueden presentar excesos, pero en general la gente colaboró y nos ayudó a ubicar a los guerrilleros".
El reportero de SEMANA hizo un recorrido por los barrios Pueblo Viejo, El Cortijo, Lleras Camargo, Tres de Mayo, Brisas del Valle y Urbanización Mónaco, todos pertenecientes al sector de Siloé, y habló con varias personas que dan testimonios encontrados. Mientras algunos afirman que "el Ejército disparaba y después preguntaba", otros insisten en que "era la única forma de actuar para acabar de una vez por todas con la violencia subversiva aquí en Siloé". En relación con los muertos civiles hay quienes sostienen que fueron asesinados a mansalva por el Ejército. "A las dos viejitas que mataron fue porque se negaron a dar información y todo el mundo sabía que ellas eran colaboradoras del Eme", dice un joven que quedó levemente herido. Doña Inés, una señora a quien le mataron a su hija de un disparo en un ojo, dice: "En medio de esa balacera era muy difícil saber quién le disparó a mi hija".
Lo cierto, para los habitantes de Siloé, fue que se vivió una verdadera batalla campal. Y no puede haber sido de otra forma si se juzga por el tiempo que duró la balacera (de las 4 a.m. a las 10 p.m.) y por el estado en que quedaron sus ranchos. Difícilmente se puede encontrar una puerta que no esté rota ni una pared (la mayoría de bareque) que no presente un buen número de agujeros. La cifra de muertos y heridos no se ha podido establecer a cabalidad. Aunque oficialmente se ha dado un número de 17 muertos y 40 heridos, algunos pobladores de la región hablan de medio centenar de muertos y por lo menos cien heridos. Otros hablaron de la existencia de un arrume de cadáveres en el sector de la escuela de Guayas pero no pudo ser confirmado por el reportero, debido a que hasta allá no era permitido el paso.
En un boletín de los milicianos del M-19 fechado el 4 de diciembre, se retoma esta versión y se habla de algunos fusilamientos, de los cuales se acusa directamente al coronel de la Tercera Brigada, Guillermo de la Cruz Sanclemente. La Gobernación del departamento, en un comunicado imponiendo el toque de queda en los 7 barrios del sector, afirma por su parte que "la imprudencia de las gentes durante el desarrollo de las acciones militares y policivas ha sido la causa para que numerosas personas hayan resultado heridas".
Pues lo que ha continuado, y se ha agravado con los enfrentamientos militares de los últimos días, es la guerra de la desinformación. Así, al principio fuentes militares dijeron que los jefes guerrilleros Afranio Parra y Luciano Cifuentes, habían sido capturados en Siloé; luego otras lo negaron, y finalmente un comunicado del M-19 afirmó que sus hombres habían conseguido rescatarlos de manos del Ejército. ¿Qué hay de cierto en tantas versiones contradictorias? Ya nadie cree nada, ni a nadie, y todos los rumores son posibles. ¿Hay guerrilleros detenidos desde la toma del Palacio de Justicia, como se ha afirmado y acaba de reiterarlo en el Congreso el senador Nacho Vives? ¿Ha habido amenazas guerrilleras a colegios y clubes, como se ha dicho repetidamente en las reuniones sociales? SEMANA intentó comprobar este punto, sin éxito. Los directores de los colegios -Nueva Granada, Mary Mount, Anglo Colombiano, Liceo Francés Andino, San Carlos- empiezan por negar todo en redondo. Luego aceptan que se han recibido amenazas, pero únicamente telefónicas, y acaban reconociendo que en algunos casos han llegado a evacuarse los colegios y a cerrarse en otros, pero como simple medida de precaución. En cuanto a los clubes -Jockey, Gun, Country, después de que sus socios se han encargado de regar por todas partes la versión de las cartas de amenazas recibidas por sus juntas directivas, los administradores, consultados por SEMANA, afirman que eso es falso.
Entretanto, la tensión sigue creciendo. A causa de la desinformación nada queda claro -ni lo de Siloé, donde las víctimas fueron sobre todo mujeres y niños, ni lo de Urabá, donde fueron sindicalistas desarmados, ni lo de Bogotá, donde fueron militares desprevenidos que viajaban en bus. Nadie entiende nada, pero aumentan los muertos. Y las únicas guerrillas que continúan en tregua, las FARC, siguen denunciando hostigamientos militares, mientras los militares aseguran que son ellas quienes violan la tregua, y la Comisión de Paz corre de un lado para otro, desbordada. A todo el país le cuadra la frase de uno de los heridos de Siloé: "Lo que quieren es limpiar a Cali con una guerra sucia".

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