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| 9/3/2014 12:00:00 AM

La última batalla de Guillermo Gaviria

El padre del alcalde de Medellín afrontó a los 89 años graves acusaciones de las que fue absuelto.

Sin haber visto el mar, Guillermo Gaviria Echeverri sabía conducir barcos. Siendo adolescente, pasaba horas enteras escribiendo en un cuaderno apuntes sobre navegación, buques y vientos costeros, aún cuando a Frontino, Antioquia, el mar sólo llegaba a través de rumores y comentarios.

Pero el océano de verdad verdad sólo vino a ser una experiencia para Gaviria cuando cumplió 18 años y se ganó una beca para viajar a Francia. Luego se hizo marino y tiempo después, con los años, aviador, minero, bananero, ganadero, diputado, senador, director de periódico.

Es curioso que en los últimos días de su vida, Gaviria también supiera del mundo a oídas, pues había perdido completamente la vista. Permanecía conectado a un tanque de oxígeno las 24 horas del día, en un cuarto de su apartamento en la Loma del Campestre, de Medellín. El papá de Aníbal Gaviria, alcalde de esa ciudad, y de Sofía Gaviria, senadora de la República, no quería recibir visitas ni hablar con nadie.

Gaviria, un hombre que influyó en la vida política y empresarial de Antioquia durante la segunda mitad del siglo XX, sabía que no le quedaba mucho tiempo de vida. En una declaración ante la Fiscalía 51 Especializada de Medellín, la misma que emitió una resolución de acusación en su contra por financiación de grupos armados ilegales, declaró: “Soy una persona de 89 años y me encuentro en delicado estado de salud. Quiero que en vida se resuelva este proceso, pues no creo que sea justo tener que partir de este mundo con una tacha sobre mi comportamiento”.

El 10 de diciembre del 2012, la Fiscalía había dictado por segunda vez una medida de aseguramiento en contra de Gaviria, por el presunto delito de concierto para delinquir agravado. La decisión no sólo lo cobijaba a él, sino a Juan Esteban Álvarez, representante legal del Grupo 20, un conglomerado de empresas de propiedad de los Gaviria.

Los hechos que se investigaban en aquel momento estaban relacionados con declaraciones del exjefe paramilitar Raúl Emilio Hasbún, alias 'Pedro Bonito', quien ante un fiscal de Justicia y Paz dijo que Gaviria realizaba aportes voluntarios de seis millones de pesos anuales a las Autodefensas por sólo una de sus fincas.

Según Hasbún, Gaviria intermediaba para que el dinero de otros bananeros llegara a las arcas de la Convivir Papagayo, una fachada del paramilitarismo en Urabá cuya sede colindaba con la famosa Brigada XVII, de Carepa. 

Fue justamente a través de esa Convivir que Hasbún logró recaudar de la multinacional Chiquita Brands y de otras empresas de la región aportes de tres centavos de dólar por cada caja de fruta exportada. Directivos de Chiquita reconocieron en Estados Unidos que entre 1997 y el 2004 hicieron pagos a los paramilitares por 1,7 millones de dólares. Por cuenta de la Convivir Papagayo, que terminó agrupando 13 organizaciones similares, las Autodefensas de Carlos Castaño financiaron una máquina de guerra que dejó centenares de muertos en Urabá y en otras regiones del país. Era imposible que no hubiese actividad económica que no fuera extorsionada por el proyecto paramilitar.

Que el papá del alcalde de Medellín, director además del emérito del diario El Mundo, estuviera detenido bajo semejantes acusaciones era algo más que un escándalo. Gaviria Echeverri emitió en esa oportunidad un comunicado en el que decía que nunca se había reunido con Hasbún. “Él extorsionó a la empresa bananera que tengo en Urabá, y por ello me vi obligado a pagar, durante dos años y medio, un total de 15'300.000 pesos, como lo he reconocido a la opinión pública desde un inicio (…) Es decir, he sido víctima de múltiples agresiones y extorsiones de todo tipo por parte de los diferentes grupos al margen de la ley en este país”.

Y la Justicia se pronunció. Luego de tres años de proceso, Gaviria Echeverri fue absuelto. La Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Medellín precluyó la investigación en su contra, en una decisión equivalente a cosa juzgada. Las acusaciones de Hasbún y el asesinato de su hijo Guillermo en cautiverio a manos de las FARC, en el año 2003, fueron los tragos más amargos que probó, según su hija Irene.

Y hubo otros. El poeta Sergio Esteban Vélez dice que los editoriales de Guillermo Gaviria en El Mundo le valieron un bombazo de Pablo Escobar dirigido al diario y un petardo que llegó hasta su apartamento.

Sin embargo, en medio de las desavenencias, Gaviria logró limpiar judicialmente su nombre y ser coherente, hasta la testarudez, con sus ideas. Así como cuando aprendió del mar sin conocerlo, o como cuando su hijo Guillermo, como gobernador de Antioquia, le pidió su consejo antes de emprender la marcha por la No violencia hacia Caicedo, esa que terminó en secuestro. Aquella vez, Gaviria le dijo a su hijo que le respetaba la decisión, pero que era escéptico frente a la supuesta voluntad de paz de las FARC. El tiempo, por desgracia, dice Irene, también terminó dándole la razón.
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