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| 9/30/2011 12:00:00 AM

Gustavo Páez Merchán, el sueño de un apóstol

El candidato del Partido de Integración Nacional (PIN) que cree en la salvación eterna: “En 1460 días recuperaré a Bogotá”.

Después de mucha controversia generada por sus nexos con la parapolítica y por sus orígenes como Convergencia Ciudadana, el PIN tiene una nueva cara, Gustavo Páez Merchán o ‘El Apóstol’, como lo llaman sus seguidores.
 
Cuando le digo a Páez que hay varias cosas de su campaña que me interesan, de inmediato me dice que la primera debe ser “cómo un Pastor Cristiano terminó en el PIN”. Habla un rato de sus 35 años como pastor, de sus estudios de posgrado en Teología y me explica que su unión con el PIN, como lo ha dicho en varios medios, representa una reforma del partido; un nuevo comienzo. Sin embargo, esa no era mi pregunta.
 
Mientras atiende una llamada -es el cumpleaños de su hijo de 11 años- miro con atención la sede, en plenas torres Teleport, y noto que todo está perfectamente ordenado y cuenta con tecnología de punta. Cuando termina la llamada le pregunto por la financiación de su campaña y responde que todo es gracias a las distintas comunidades cristianas que lo apoyan; tan solo el Centro de Alabanza Oasis, del que es pastor, cuenta con 3.000 integrantes que, cada día, están pendientes de las palabras de su líder.
 
Diariamente, Páez tuitea frases como “Escribe la visión, a veces mejor un lápiz corto que una idea larga. OREMOS 6,9,12,3,6p.sólo 3'xflia,iglesia,cdad.HECHO ESTÁ”. Estas frases, como me explica él, buscan reunir a todos sus seguidores a ciertas horas en una oración que repita este pensamiento, con el fin de mostrar que “la fuerza de la palabra unida en muchos, hace más que la fuerza de las cifras entendida por pocos”.
 
De esta idea de unidad, nace uno de los logos de su campaña: “Bogotá capital espiritual de América”. En Bogotá, dice Páez, ya no cree nadie. Por eso sus propuestas de créditos libres de interés para la gente de bajos recursos, y la creación de una Secretaría de Seguridad, en la que los líderes comunitarios tendrán gran importancia, juegan con esa idea de volver a creer en la palabra de la gente antes que en “papeles firmados”.
 
En este punto siento que tengo que intervenir y le pregunto si no le parece ingenuo pensar que sin firma de documentos la gente va a pagar los créditos; responde que no, que van a pagar porque la palabra que alguien le da a otra persona es sagrada. Le pregunto que qué tan sagrada es, entonces, la palabra de Juan Carlos Martínez o Luis Alberto Gil, creadores intelectuales y materiales del PIN. La pregunta claramente lo incomoda y me dice que, hasta donde entiende, Martínez no fue sentenciado. Le cuento que sí que, aparte de la sentencia de siete años y más 400 millones de pesos de multa, hasta hubo un escándalo en La Picota por la fiesta de cumpleaños que hizo mientras estaba allí.
 
Me mira y hace un silencio tras el cual afirma que una comunidad o partido político no puede ser juzgado por acciones individuales, sino por sus propuestas. Parece haber recobrado su seguridad habitual formada por años de difundir la palabra, y prosigue diciendo que frente a señalamientos como los que se les hacen a los integrantes del PIN se pueden tomar dos caminos “perdonar, o emigrar”. Le digo que, en cuestiones como esta, el riesgo que corre es que muchos prefieran emigrar.

Recuperando Bogotá
 
Después de una pausa en la que responde a una entrevista en vivo por su celular, le menciono su propuesta de recuperar Bogotá en 1460 días, de los cuales los primeros 99 cumplirán con el objetivo de erradicar la corrupción administrativa. Se entusiasma y me dice que esa es la idea, que si se le da un puesto en la administración a la Contraloría, Fiscalía y Procuraduría, no va a haber quién logre saltarse las leyes en la ciudad. Aparte de esto, menciona que con un plan de “cámaras monitoreadas por observatorios de seguridad, a su vez descentralizados por localidades”, la delincuencia se va a acabar.
 
El plan del que habla Páez responde al nombre de “Cámara, vigilancia y acción rápida”. Le pregunto que si no suena un poco a Gran Hermano y me dice que no, que es otra forma en la que los ciudadanos se unirán para reconstruir su ciudad. Aprovechando que entra el director de campaña, David Páez, cambió de tema y le pregunto por la ideología de su partido de origen, Pacto Nación, el Teísmo Bíblico.
 
El Teísmo Bíblico es una cosmovisión. Y una cosmovisión, según él y la RAE, es una manera de ver e interpretar el mundo. Le pido que ahonde un poco y explica que “todos los que tenemos una creencia, cabemos en el teísmo bíblico”, y más allá de eso, que “hay un ser por encima de todas las cosas que le dejó el planeta al ser humano para que lo gobernara con la palabra”.
 
Le digo que, según lo que me dice, su palabra sería casi como una revelación o una profecía. Me dice que no, que es un rol, un rol que, así como el del Apóstol, él cumple dentro de su comunidad y que otros, fuera de ella, no logran entender del todo.
 
Suena su celular de nuevo y es otra entrevista en vivo, ahora con una de las emisoras que forman parte de su comunidad. Me pide unos minutos y le digo que no hay problema. Sin embargo, pasan dos cosas que me llaman la atención; mientras empieza la entrevista nos traen una aromática y me sorprende que Páez no le agradezca a la persona que las trae. Luego, durante la entrevista, le piden un número de teléfono fijo y, al ver que su director de campaña no lo tiene a la mano le chasquea los dedos con impaciencia, y le dice que lo necesita “¡pero ya!”.
 
Al observar esto pienso que a veces la palabra, esa misma que, para el Teísmo Bíblico, nos permite gobernar, puede ser un poco dura.
 
El candidato ‘acomodado’
 
Dentro de todo lo que hablamos, me llama la atención que Páez me habla de su familia y me dice que viene de una familia “acomodada”; una familia de más de siete personas que, de alguna manera, logró acomodarse en una casa pequeña en Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá.
 
Se ríe y me dice que él se educó mientras era concejal y que, sin exagerar, en sus años de Universidad “usaba la suela del zapato para borrar”. Hay algo de esto que también juega con la figura que se ha creado; porque este hombre grande, de rasgos marcados y oralidad impecable, es un buen ejemplo de cómo se crean los personajes, o el personaje de alguien, de uno, tal vez.
 
Casi terminando la entrevista le pregunto por su lugar favorito de Bogotá. “El mirador, yendo hacia La Calera”, me dice. Desde que profesa la fe cristiana, porque no fue criado como cristiano, su encuentro con la iglesia fue a los 23, 24 años, ese ha sido su lugar para liberarse un rato y pensar, para observar Bogotá. Dice que cuando está ahí sus ideas se aclaran y sus sueños también. Me cuenta que, entre las frases que piensa, porque hay que aclararlo, las que tuitea son de su autoría, hay una que lo persigue, y es que los humanos pensamos como hombres, pero soñamos como dioses.
 
La frase me deja pensando, incluso después de haber terminado la entrevista.
 
Y es que si alguien quisiera condensar a este candidato en una frase, tal vez podría hacerlo mejor, pero no con más honestidad; Gustavo Páez, niño de Ciudad Bolívar, concejal de Bogotá, Pastor Cristiano y Candidato del PIN, piensa como un hombre, pero, como bien lo muestran sus propuestas, su idealismo y a veces, varias veces, su ingenuidad, sueña como un dios.
 
*Estudiante de la maestría en Periodismo de la Revista SEMANA y la Universidad del Rosario.

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