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| 5/17/2014 12:00:00 AM

Petro: "Colombia puede construir una democracia sólida y un camino a la paz"

En entrevista con canal de televisión Euronews, el mandatario habló de su proceso de destitución.

En una entrevista de varias horas, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, fue entrevistado por el canal internacional Televisión Euronews y por el periodista Alberto de Filippis, sobre su caso con la Procuraduría, su pasado y lo que implica ser un mandatario de izquierda en Colombia.

ALBERTO DE FILIPPIS: Me explica, por favor, como si yo fuese un niño de seis años, ¿cuáles han sido las acusaciones y qué es lo que ha pasado?

GUSTAVO PETRO:
Soy excombatiente de la insurgencia colombiana. Hice, hace 25 años, un proceso de paz y dejé las armas. A raíz de él, cambió la institucionalidad y nos dio derechos políticos, democratizando el país y, después de 25 años y habiendo ganado por elección popular la Alcaldía más importante de Colombia, su capital, hemos sufrido una destitución por parte de una autoridad administrativa que le quita el poder del voto a la ciudadanía bogotana y los derechos políticos hasta por 15 años al alcalde. Este funcionario es de extrema derecha.

A.F.: ¿Cuáles eran las acusaciones?

G.P.:
Nosotros aquí tomamos una decisión política, administrativa, incluso ordenada por la Corte Constitucional, de cambiar el modelo del aseo de la ciudad completamente privatizado; lo volvimos mixto, formamos una empresa pública que compite con las otras, e incluimos -que esa era la orden de la Corte Constitucional- a cerca de 14.000 muy humildes mujeres y hombres recicladores. Yo expedí un decreto generando esta nueva tendencia mundial, pero implicaba reducir las ganancias de los grandes empresarios particulares privados. Estos salieron a sabotear el servicio, nos dejaron tres días las basuras en la calle y a partir de entonces, iniciaron las demandas contra el alcalde tratando de recuperar sus privilegios, una de ellas a la Procuraduría, y la Procuraduría la usó para destituir el voto popular en la ciudad de Bogotá.

A.F.: ¿Por qué, según usted, el Tribunal Superior de Bogotá cambió de idea, después de varias instancias?

G.P.:
No ha cambiado de idea. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos decidió protegerme con medidas cautelares; es decir, yo debería ser alcalde hasta el final de mi período. El Tribunal Superior lo que hizo fue a partir de una acción de amparo que se llama tutela, decirle al presidente que las medidas cautelares son obligatorias y, por tanto, se le ordenó desde esa instancia judicial que él debía restituirme en el cargo.

A.F.: ¿Y usted cree que la lucha alrededor de la Alcaldía de Bogotá tenga algo que ver con las elecciones presidenciales en mayo?

GP:
Sí, claro. Está ya cruzada toda acción, en este momento está cruzada por los intereses electorales, se disputa la Presidencia de la República en el mes de mayo, estamos a escaso un mes. Nosotros estamos luchando, hemos llenado varias veces las plazas públicas de todo el país por profundizar la democracia en Colombia que hoy pasa por darles garantías reales a las maneras de pensar diferentes cuando estas son elegidas legítimamente por el voto popular.

A.F.: ¿Cómo considera la reacción del presidente Juan Manuel Santos, como una restitución controvertida?

GP:
Igualmente ambigua. El presidente está en un país que lleva décadas de violación sistemática de derechos humanos. El presidente está en un proceso de paz con una parte de la insurgencia colombiana tratando de acabar la guerra y el punto fundamental de la negociación son las garantías políticas. Entonces, un mensaje ambiguo genera dudas sobre la credibilidad que debe tener el presidente y que tiene que ser muy fuerte en un proceso de negociaciones en una guerra que tiene ya 60 años de antigüedad. La palabra es un elemento de confianza. El presidente había prometido a inicios del presente año respetar las medidas cautelares de la Comisión Interamericana. El día que eso ocurrió, no las cumplió y ahora un juez interno le obliga cumplirlas y la respuesta ha sido ambigua, "sí la cumplo, pero voy a intentar rechazarlas más adelante". Ese tipo de mensajes no da la certeza de la paz, que es imprescindible para la sociedad colombiana.

A.F.: Señor alcalde, para que la gente entienda en el mundo, ¿cómo se puede salir de este círculo infernal y transformar la ciudad en una ciudad, digamos, normal?

G.P.:
Hay dos elementos en la violencia. Bogotá tiene una de las tasas más bajas de América y eso es producto de una política muy fuerte de inclusión social, de igualdad, ante las oportunidades que 10 años de gobierno de izquierda han logrado en esta ciudad. La respuesta a la Paz tiene que ver con un cambio de modelo político, de inclusión fuerte de la población en todo el país, de democratización de Colombia, pero también de asumir con audacia salidas al problema del narcotráfico, que es parte de una discusión que, yo diría, es mundial. Ambas cosas, porque primero fue la desigualdad social y sólo después surgió el narcotráfico, que ha usado la violencia en su propio beneficio, usando la violencia para adueñarse del Estado en Colombia y del territorio lo que lo hace, entre otras cosas, casi indestructible.

A.F.: ¿Cómo considera el nivel de lucha del narcotráfico? Y, políticamente ¿opina también que la legalización podría ser una opción?

G.P.:
La legalización interna del consumo de drogas nos permite rescatar al consumidor, generalmente un joven de escasos recursos, de las manos de las mafias barriales a la ayuda del Estado. En cierta forma eso ya lo iniciamos en Bogotá y también nos lo castigan. La posibilidad de una legalización mundial depende de una enorme discusión mundial que en este momento se adelanta, pero que va a pasos lentos a pesar de que cada vez más gente se da cuenta de que la llamada guerra contra las drogas lo único que ha generado es el fortalecimiento de las mafias, la capacidad de las mafias de cooptar el Estado, niveles cada vez más agudos de enfermedad social, juventudes discriminadas en muchos de los países.

A.F.: Usted ahora tiene una segunda oportunidad, ¿cuáles son sus proyectos?

GP:
Seguimos bajo la inestabilidad. Por eso son tan importantes las medidas que nos otorgó la Comisión Interamericana. Por eso me parece importante la solidaridad internacional democrática, todas las fuerzas progresistas que crean en la democracia, en el libre pensar, en el voto ciudadano y su poder soberano, las necesitamos al lado de la ciudad de Bogotá para que nos ayuden a que este intento totalitario no fructifique y Colombia pueda decirle al mundo finalmente que es capaz de construir una democracia sólida y un camino muy certero hacia la paz.

A.F.: ¿Cuáles son los pasos para que usted salga del túnel, qué tiene que hacer la ley, qué tiene que hacer usted?

G.P.:
En realidad es simple, sólo se necesita que el presidente decida acatar las medidas cautelares como se lo ordenó un juez interno, pero de manera permanente, sin ponerles puntos suspensivos.

A.F.: A pesar de todo, ¿merece la pena invertir en Bogotá?

G.P.:
Sí, claro. Esta es una ciudad de las más pujantes del mundo y lo hecho aquí en términos de equidad, de crecimiento en la educación pública, etc., es la base sustancial para el desarrollo productivo en servicios de la ciudad, esta va a ser una de las grandes ciudades de América.

A.F.: El alcalde de Bogotá es también una figura de la política nacional. ¿Cómo considera usted la situación actual de Colombia a nivel económico?

G.P.:
Buenaventura sirve de ejemplo. Comparado con Bogotá, yo te pondría dos regiones: Buenaventura, el principal puerto hacia el Pacífico, con mayoría de población afro; y mayoría de población indígena, precolombina, mayoritaria en La Guajira, en el Océano Atlántico. En La Guajira, los niños mueren de hambre por centenares y en Buenaventura están descuartizando la población, ciudadanos afros, porque es una de las principales rutas del narcotráfico y hay grandes proyectos de inversión en el puerto. Están literalmente cometiendo un etnocidio, pero también un genocidio. En Bogotá, al contrario, no muere un niño de hambre desde hace tres años, incluye la diversidad de su población en una política democrática y la tasa de violencia se desploma. El modelo de Bogotá, que es lo que llamamos Bogotá Humana, es lo que podría rescatar a esa Buenaventura de su violencia y a La Guajira de la muerte de sus niños.

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